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Poemas de Humberto Quino

Un breve muestrario de ‘Parodias, invenciones y otras blasfemias’, el más reciente libro del poeta paceño que se presenta el martes

Niño

Niño Ilustración: Carmen Calvo, Babelia

La Razón

02:00 / 04 de diciembre de 2011

Don Humberto Quino Márquez (La Paz, 1950) ha vuelto a las andadas. En agosto de este año dio a conocer su antología personal Opera parca (Plural Editores) y ahora, antes de que el año termine, regresa con el colorido volumen titulado Parodias, invenciones y otras blasfemias.  

Dejemos al propio poeta explicar el contenido de su flamante producción: “El libro está constituido  por tres partes: 1) Parodias, que es un intento descabellado (el autor sufre de alopecia) de reescribir cinco poemas de cinco poetas. 2) Invenciones, donde el sujeto, ya con la soga al cuello, nos dice sus cuitas, sus fobias y sus temores. 3 Otras blasfemias, que son epitafios contra-natura, de un pobre mortal acosado por esa “vieja cucufa” (N. Parra) que nos visita en el momento más feliz de nuestra pobre vida, arrancando de raíz un mal ejemplo para las posteriores generaciones”.

Parodias, invenciones y otras blasfemias se presentará el martes 6 de diciembre a las 19.00 en el auditorio de la Alianza Francesa de La Paz (c. 20 de Octubre y Fernando Guachalla, Sopocachi). Los comentarios estarán a cargo de Adolfo Cárdenas. Página blanca

Madre cocaínaRescátame de esta vida cantinela:Nacer / Vivir a medias / Morir cualquier día.

Esconde mis negras alasY estas visiones que pulverizan mis ojos.

Esos hilos que me unen al silencioResuenan en mi cráneo.

Una serpiente silba en mis oídosY muerde mi cabeza rapada.

Insectos seductores encienden una luz lilaSus plegarias desmienten mis certezas.

Camino del terror a la belleza de la nieblaDonde me dejo morirEntre todas las cosas que odio.

Un cansancio sin nombre me corroePájaro tatuado en lo oscuroCorazón asido a su vacío.

Y cada instante es una prenda de la muerte Y tejo con él la miseria perdurable.

Es mi cuerpo mutiladoTodo de nadas acumuladoResbalando hacia su abismo. Silla para una despedida

Morir es aspirar la tierraLas raíces de la vida que fue.

Ser esa hierba quemadaEn el invierno.

Esa piedra calcinadaPor la luz del mediodía.

Deseando descenderAl febril AvernoPara azotar a los muertos. ¿A qué hora se ama?

El alba anunciaEl hálito vulnerableDe este hueco que hay en tu corazón.La flora terrenalAnuncia la espesura de tu piel,Y la cavidad de tu deseo.Mientras yo agonizoMar adentroEn tus bellos muslos.

En la piel del siervo

Para Vilma Tapia AnayaAlguien piensa en míCada vez que despiertoComo un mamífero huraño.

Y junto las manosSobre las letrasDe estos breves días.

Todo me hiereY de mi cuerpoBrotan llamas y blasfemias: Condenado a comerSólo los frutos de la carne

Allí donde anida la mano que escribe

La escritura es tacto y errataHimno de espumaInscripciones y tatuajesDel gusano insomne.

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