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Poemas de Paul Auster

El frontis de una casona

El frontis de una casona

La Razón

00:00 / 05 de mayo de 2013

Fragmento del frío

Porque nos volvemos ciegosen el día que expira con nosotros,y porque hemos visto a nuestro alientonublarel espejo del aire,el ojo del aire no ha de abrirsea nada salvo a la palabraa lo que renunciamos: el inviernohabrá sido un lugarde madurez.Nosotros, convertidos en los muertosde otra vida que la nuestra.    De sombra a sombra

Contra la fachada del atardecer:sombras, fuego y silencio.Ni siquiera silencio, sino su fuego,la sombraque arroja un respirar.Para entrar en el silencio de este murodebo dejarme atrás a mí mismo. Luces del norte

Éstas son las palabrasque no sobreviven al mundo. Y hablarlases desapareceren el mundo. Inalcanzableluzque preside la tierra, alimentandoel breve milagrodel ojo abierto...y el día que habrá de extendersecomo un fuego de hojaspor entre el primer viento fríode octubreconsumiendo al mundoen la sencilla habladel deseo. Noches blancas

Nadie aquí,y el cuerpo dice: cuanto se digano debe ser dicho. Pero nadiees un cuerpo igualmente,y lo que el cuerpo dicenadie lo oyesino tú.Nevada y noche. La repeticiónde un asesinatoentre los árboles. La plumase mueve por la tierra: ya no sabequé va a ocurrir, y la mano que la sostieneha desaparecido.Escribe, sin embargo.Escribe: en el principio,entre los árboles, un cuerpovino caminandodesde la noche. Escribe:la blancura del cuerpoes del color de la tierra. Es tierra,y la tierra escribe: todoes del color del silencio.Ya no estoy aquí. Nunca he dicholo que tú dicesque he dicho. Y, sin embargo,el cuerpo es un lugardonde nada muere. Y cada noche,desde el silencio de los árboles,sabes que mi vozviene caminando hacia ti. Pulso

Esto que retrocedese acercará a nosotrosal otro lado del día.Otoño: una sola hojacomida por la luz: y el verdemirar del verde sobre nosotros.Allí donde la tierra no se para,allí también nosotros seremos esa luz,incluso mientras la luz muereen la silueta de una hoja.Mirada boquiabiertaen el hambre del día.Donde no hemos estadoestaremos. Un árbolarraigará en nosotroshasta erguirse en la luzde nuestras bocas.El día se pondrá en pie ante nosotros.El día nos seguiráhasta el día. Cuatro

Labios proféticos,desprovistos de imagen. Mudoel que espera, asombrado,sabio entre urnas. La blasfemia desbordala predicción: la rosa heladaconcede sus espinas a un alientoque marcha con esfuerzohacia ojo y olvido.Sólo nos queda prepararnos.Desde nuestro primer paso, la vozestá confabuladacon las piedras del campo.  Jeroglífico

El lenguaje de los muros.O una última palabra:cortadade lo visible.Uno de Mayo. La metamorfosisdel juicio salomónicoen piedra. La justasentencia del sendero pronunciado,desliada en el remolinode semillasy recuerdos del polen. Noemerjas, Edén. Quédateen las bocas de los perdidosque te sueñan.Sobre trueno y abrojos: el aire clandestinoarmaa la aliaga del rayo y al silenciode cada cieloen barbecho. Hebreo de sangre. O lo quetraduceel cambio de mi cuerpoa imagen de la tierra.Este cuchilloque tiendo contra tu garganta.

Habla de fuego

Te desvías. Te derrumbas.Te yergues.Mecidopor el gong de las horasque golpeó el acebodoce vecesmás callado que tú, algo, puestoen libertad por alguien,salva tu nombre del carbón.Allí te yerguesde nuevo, respirandoen el sol fantasmalentre hielo y ensueño.He llegado tan lejospor ti: la vozcuyo eco resuena en míya no es la mía.

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