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Provocación transgresora en Santiago, el tótem de polleras

María Sanz-Guerrero salió a la calle de la capital chilena con cientos de ‘capas de la identidad’ en forma de polleras

La Razón (Edición Impresa) / Mauricio Quiroz

00:00 / 11 de abril de 2016

La imagen de la chola paceña, fuerte y transgresora, ha sido, para la artista boliviana María Sanz-Guerrero, la motivación para crear una obra de arte contemporáneo sobre la construcción de identidades y la forma en la que éstas suelen evitar al otro, a la persona que es diferente.

“Al final, todos estamos construidos por capas, por distintas identidades”, asegura la joven creadora, quien acaba de titularse de la Facultad de Artes de la Universidad Católica de Chile. Sanz-Guerrero, en una conversación con La Razón en Santiago, se refirió a la instalación Tótem, que se exhibió hasta el 6 de abril en el salón Vilches de esa universidad.

La autora asegura que la imagen de la mujer de pollera, “de la cholita paceña”, es muy fuerte, porque es capaz de ser transgresora y a la vez un ejemplo de resistencia a los conceptos y las prácticas masivas de la modernidad, que suelen ser parte del paisaje urbano de ciudades capitales como Santiago.

“Chile, en los últimos cinco años, ha sufrido una migración bastante intensa de distintos países latinoamericanos. Hace 10 años no se veía gente afrodescendiente, pero ahora llegan colombianos, dominicanos y haitianos. Esto, para Chile, fue un golpe muy fuerte, porque tampoco ellos (los chilenos) están acostumbrados a que haya una otredad, algo desconocido; tratan de encerrarse, en vez de abrirse al diálogo, de conocerse”, puntualiza la artista, quien luego aclara que esta resistencia a aceptar al otro, de abrir espacios de acercamiento a las personas distintas, se presenta en varias sociedades del mundo moderno. Pone como ejemplo la crisis de refugiados que enfrenta Europa y cómo allí la resistencia al diálogo intercultural es más palpable, a pesar de los avances de la humanidad en cuanto a la concepción de los derechos y el ejercicio de las libertades ciudadanas.

Tótem está compuesta por varias polleras y sus enaguas de distintas medidas, que se extienden en una degradación de color, peso y materialidad. Las faldas se ajustan desde su centro, en donde se encuentra una estructura totémica que se eleva hasta el techo de la sala de exposiciones.

“Las polleras van siguiendo, desde arriba, el patrón del contorno de la sala; por eso al final son rectangulares. Es una forma de decir que lo exterior nos va transformando”, afirma.

TRADUCCIONES. Las polleras de la instalación se hicieron en Chile y esta peculiaridad se constituye en la “traducción” de una realidad para construir otra, para buscar un diálogo. “Éstas no son faldas que yo compré en Bolivia; por lo tanto, es una traducción de materiales. Y traducir algo también implica perder información. Si bien acá, en Chile y Bolivia, hablamos castellano, igual hay cosas que son distintas, cosas que no hemos traducido bien”, reflexiona la artista. Pero Sanz-Guerrero va más allá. Asegura que todo acuerdo o consenso entre dos personas o dos sociedades implica también “perder información”, o al menos ser consciente de eso.

Esta manifestación de arte contemporáneo se complementa con un registro fotográfico de 16 imágenes de una performance. Las tomas, que están dispuestas en el salón Vilches, forman los vértices de la cruz andina, que es otra de las provocaciones en favor del diálogo intercultural que se planteó la joven artista boliviana.

Para desarrollar la performance, ella vistió polleras hasta perderse y anduvo así por las calles del centro de Santiago de Chile. “Con esto interpeló esta construcción de capas sociales y de identidad con la que todos estamos construidos”. “En suma, esta expresión tiene que ver con esa idea de cambiar el mundo”, remarca la artista.

REACCIONES. Las fotos grafican el paseo de Sanz-Guerrero en medio de gente que camina con prisa. “Lo que yo hago es vestirme una y otra vez con estas faldas hasta perderme. No queda un rastro de ser humano, sino que quedan puras faldas y cuando uno ve esto es fuerte, porque cuando se tapa el rostro es transgresor y uno dice que aquí ya no hay persona”, relata, poco antes de referirse a las reacciones que provocó en las personas esta performance.

Algunos transeúntes pasaron de largo ante la obra sin mostrar interés por los otros y menos por el Tótem de polleras. “Miraban, pero no se atrevieron a romper sus capas para preguntar, para preocuparse”.

“Una señora me preguntó qué es lo que estaba vendiendo (...) y los niños, con más honestidad, te preguntaban sin mayores problemas: ¿Por qué?”

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