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REC. Retos de una experiencia vivencial

El director Fernando Arze propone una obra que se nutre de la intimidad con el espectador.

Imagen de la obra REC. Foto: Pedro Laguna

Imagen de la obra REC. Foto: Pedro Laguna

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas / La Paz

00:00 / 07 de diciembre de 2015

Un buen director se nota más en lo que contiene que en lo que deja brillar naturalmente, en el apunte sutil más que en la grandilocuencia y en su capacidad de asumir un riesgo y saber manejarlo sin que prácticamente se note. Ya lo ha demostrado antes, y Fernando Arze vuelve a confirmar con Rec. que es un buen director, con la capacidad de reinventarse y de sorprender.

Basada en la obra Tape, del estadounidense Stephen Belber, la puesta de Arze aprovecha los elementos que hicieron que el texto dramático pase después al cine en la película del premiado director Richard Linklater, protagonizada por Ethan Hawke, Robert Sean Leonard y Uma Thurman. Una primera tentación hubiese sido tratar de emular la cinta, pero la propuesta boliviana se aleja deliberadamente y esculpe personajes muy diferentes, con una premisa de dirección también muy alejada. En otras palabras: si bien el texto es casi el mismo, no hay que tener miedo de ver la puesta de la Casa Hermanos Manchego habiendo visto antes la película: son concepciones totalmente diferentes en su esencia, en su lenguaje y su capacidad de crear una experiencia.

La historia de la obra: dos amigos, Dido (Mauricio Toledo) y Esteban (Leonel Fransezze) se reencuentran después de 10 años en una habitación de un hostal. El primero llegó para el estreno de la película del segundo, un exitoso director de cine, pero tienen otros asuntos a tratar: hay un punto oscuro en esta amistad en torno a Sara (Mariana Vargas), la amiga y novia que fue un lazo entre ambos al salir bachilleres.

Si bien para el cine fue un reto que toda la trama se filme en un solo ambiente en tiempo real —una característica innata del teatro— Arze ha optado por acercarse más al público a través del realismo y lo presencial: lleva la obra a un verdadero hostal, donde la utilería, la iluminación, el sonido (tienes al actor respirando a centímetros de ti), hacen que todo se sienta real. Y se ha decidido también por una actuación naturalista —más propia del cine—, donde los suspiros, los susurros y las texturas creen la intimidad necesaria con el espectador.

He ahí el gran riesgo, pues uno ingresa con la consciencia de que se trata de un montaje: el más mínimo detalle —alguna falla de ritmo, una risa falsa, un movimiento rebuscado, una impostación; incluso conocer personalmente a alguno de los actores— puede jugarle a la pieza una mala pasada en los niveles de credibilidad.

Con todo el peso en los actores, Arze consigue que esta especie de duelo no tenga ganador seguro. Fransezze brinda un Esteban oscuro, que desde su aparición inicial lleva kilos de culpa encima. Casi se puede sentir cuando está cerca. Quien lo haya visto actuar en un musical o conduciendo un programa en televisión sabe de su capacidad histriónica y de su natural impostura teatral. En Rec. construye un personaje negro que inspira entre rechazo y pena, que habla de su desazón con todo el cuerpo ante un Dido REC. Retos de una experiencia vivencial (Toledo) lleno de vida y energías; pero también rebosante de resentimiento, aunque canalizado de otra forma: el vicio, la violencia latente, una eterna negación a crecer. El contrapunto le corresponde a Vargas, cuyas pequeñas explosiones y certezas hacen que en este íntimo juego de poderes la única ganadora sea la desazón.

La obra además cuenta con productos multimedia —tres audios y un video— que se envían a los smartphones de los participantes y que sirven de prólogo y tres epílogos. Si bien es algo novedoso y brinda interactividad, quizá eso justamente rompe el aura que durante toda la obra se mantiene en la Casa Hermanos Manchego: el espectador está presente, pero invisible, es un voyeur en primera fila. Y los múltiples epílogos no hacen más que agregarles más finales a la obra, un error cuando se ha conseguido uno tan contundente e inquietante en el escenario real. De tener que quedarse con alguno de estos materiales, habría que apostarle al prólogo y al epílogo 3, que es más un flashback que deja intacto y redondea el fin de la pieza.

Como cuidado con el realismo, quizá se deba perfeccionar más el detalle de las reacciones ante la droga y su consumo, al igual que sucede con la cerveza. Nadie pide que los actores se intoxiquen en escena, pero se linda en la sobreactuación si se toma un pequeño sorbo de bebida y luego se limpia la boca casi con medio brazo. La puesta exige más realismo aún.

Lo genial de la temporada larga es que la obra se desarrollará con cada presentación, pues por la forma en que se ha dirigido permitirá que los tres actores evolucionen juntos en una pieza altamente recomendable.

Ficha técnica

Título: ‘Rec.’ Actúan:Mauricio Toledo, Mariana Vargas y Leonel Fransezze. Dirige: Fernando Arze Producción: Guillermo Sainz Arte: Paola Oña Asistente de dirección: Fernando Botello Locación: Casa Hermanos Manchego (Calle Hermanos Manchego 2551) Funciones: Del 9 al 12 de diciembre, a las 19.30 y 21.00. Entradas: En Burger King de la 19 de Calacoto de 15 a 21. Reservas: 752-86897 y 789-27472.

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