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Raúl Lara: Vivir para dibujar

El miércoles 8 se abre una exposición póstuma del artista orureño

La Razón / Rubén Vargas - periodista

00:00 / 05 de mayo de 2013

Dibujar para vivir y vivir para dibujar dijo alguna vez el artista orureño Raúl Lara (1940-2011). Así de vital y permanente era para él el dibujo, desde los estudios preparatorios para sus grandes pinturas hasta los apuntes libres y cotidianos —incluso íntimos— que salían de sus manos.

El miércoles 8 de mayo, a las 19.00, en la sala de exposiciones del Espacio Simón I. Patiño se abrirá una muestra que permitirá acceder a esa faceta de la obra del artista. La exposición se llama simplemente Raúl Lara, dibujos y reúne casi un centenar de piezas, realizadas desde los años 70 hasta poco antes de su muerte, el 22 de agosto de 2011.

“El dibujo formaba parte esencial de su vida y estaba absolutamente articulado e integrado a su obra”, dice Michela Pentimalli, directora del Espacio Patiño y curadora de la exposición con la colaboración de María Isabel Álvarez Plata.

Los trabajos que serán expuestos pertenecieron al propio artista y han sido conservados por su esposa,  Lidia Caiguara de Lara, y sus hijos Ernesto y Fidel. La familia ha seleccionado, además, algunas piezas que estarán a la venta durante la muestra, que se prolongará hasta el viernes 7 de junio.

“Es la primera vez que se hace una exposición exclusivamente de dibujos y algunas técnicas mixtas de Raúl Lara —continúa Pentimalli. En esta muestra no sólo tenemos dibujos expresamente realizados con una intención de obra en sí misma, sino también muchísimo material de lo que Lara iba haciendo en su vida cotidiana”.

A través de los dibujos realizados en distintos momentos —en su estudio, o en un viaje en micro por la ciudad, o en la intimidad de su hogar— y sobre muy distintos soportes —hay pequeños papeles en los que después el artista anotaba algún número telefónico o una idea sobre su trabajo— se puede apreciar el desarrollo de esta difícil disciplina en el contexto de su trayectoria artística, pero también la génesis del singular mundo que identifica su obra plástica. MAGIA. El propio Lara ubicaba su trabajo dentro de la corriente del llamado realismo mágico. El artista apuntaba con ello a la mezcla de elementos realistas y fantásticos presentes en su pintura. Sin embargo, en un artículo escrito en 2011 como homenaje póstumo al pintor, la historiadora del arte Margarita Vila anotaba lo siguiente:

“Tan rico y diverso arte mal puede encerrarse bajo una etiqueta estilística, a pesar de que el mismo Lara se identificó varias veces con el realismo mágico, alentadas como están las obras de las últimas décadas por una libertad creativa absoluta; pero no tendríamos una visión completa de este artista si ignorásemos las tendencias realistas y sociales que animaron desde un inicio su trayectoria, inspirada siempre por su generoso deseo de llegar con lo mejor de sí a todos los seres humanos”.

Sobre los alcances de la obra de Lara, Pentimalli sostiene que ésta es un hito en el arte boliviano, “fundamentalmente por la apertura y el interés hacia lo urbano”.

Evidentemente, el escenario de la pintura de Lara —y ahora se puede decir que también de sus dibujos— son las ciudades andinas de Bolivia —aunque casi nunca es directamente referencial, salvo, por supuesto cuando se trata del Carnaval de Oruro—, con su abigarramiento y su colorido, con sus personajes mestizos y con un aura de viva sensualidad. En los dibujos que se expondrán en el Espacio Simón I. Patiño es posible seguir el rastro al nacimiento y desarrollo de ese singular escenario plástico.

“En esta exposición —dice Pentimalli— vemos a Lara en su  trayectoria histórica de trabajo. Podemos ver, por ejemplo, obras académicas en las que se muestra su maestría en la factura misma del dibujo. Pero también podemos ver las transformaciones que se refieren al contenido de su obra. Vemos cómo comienza a introducir elementos de la cultura urbana local, como la fiesta, podemos ver a los personajes que son tradicionales, los cholos, los micros, los wakatokoris...”.

En su reciente libro La sirena y el charango. Ensayo sobre el mestizaje, Carlos D. Mesa apunta lo siguiente sobre la significación del pintor y dibujante orureño:

“Lara fue, qué duda cabe, uno de los grandes artistas andinos de América, precisamente porque fue capaz de encontrar el envés de los Andes, no la obvia majestuosidad de su altiplano o las masas gigantescas de sus montañas, o más aún, los lugares comunes de los rostros dolientes de los indígenas. No, lo que Raúl Lara encontró es el corazón barroco de la vida en esta región cósmica del planeta. Esa fusión en la que la pintura vibra como vibran las trompetas en el Carnaval de Oruro, desentrañó la fibra apasionada de la música y los colores para entender la complejidad y la paradoja que carga la aparente frialdad y la honda sensualidad de lo mestizo”.

Raúl Lara, dibujos. En el título de la muestra se unen un nombre central del arte boliviano y una difícil disciplina artística. Pero después de recorrer las obras se puede constatar que no sólo se trataba del ejercicio de una disciplina, sino de una pasión y quizás de una forma de vida.

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