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Ray Manzarek, hombre discreto

El organista que definió el sonido de The Doors murió el lunes 20 en Alemania

Doors •  Manzarek, a la izquierda, al centro. Derecha: Jim Morrison. Foto: Maindru

Doors • Manzarek, a la izquierda, al centro. Derecha: Jim Morrison. Foto: Maindru

La Razón / Diego A. Manrique - El País

00:00 / 26 de mayo de 2013

Todos los grupos tienen su mito fundacional y el de los Doors parte de Venice Beach, entonces un apéndice bohemio de Los Ángeles. Allí, en 1965, se encontraron Jim Morrison y Ray Manzarek, que se conocían por haber coincidido durante tres años en la UCLA, estudiando cinematografía. Pero Hollywood era un castillo inexpugnable y ellos no tenían paciencia para el meritoriaje. Morrison le canturreó algo que había compuesto, “Moonlight drive”. Y tenía más, aseguró. La idea saltó inmediatamente: “hagamos un grupo”.

Desde el principio, The Doors sonaban diferentes. El trío instrumental tenía algo de banda de club nocturno, de animadores del hall de hotel: estilemas de jazz y bossa nova. Y el órgano: en vez de un aparatoso Hammond, Manzarek prefería un Vox, fácilmente transportable. Fue Ray quién, tras una experiencia frustrante con una bajista, sugirió que podía suplir la ausencia del bajo, como lo hacían los entonces populares tríos de órgano jazzístico.

Manzarek, nacido en Chicago en 1939, pertenecía a una familia de origen polaco que insistió en que tomara clases de piano. Ese bagaje le iba a servir en la aventura de los Doors, igual que su curiosidad intelectual: había estudiado meditación trascendental en un centro de Los Ángeles, donde conoció a John Densmore, su futuro baterista.

La dramática historia de The Doors es bien conocida. Esencialmente, fue una serie de malabarismos entre los compromisos de una banda de éxito y la beoda voluntad subversiva de Morrison. Tras la misteriosa muerte del cantante en 1971, los instrumentistas intentaron lo imposible: mantener el grupo sin su llama sagrada. Sólo duraron dos penosos discos, donde Ray cantó y tocó incluso guitarra.

Todavía un treintañero y con muchas inquietudes, Manzarek fue el más activo de los supervivientes. Dirigió el grupo Nite City en los 70 y editó discos bajo su nombre. Le distinguía su entusiasmo: consiguió que Carl Off le permitiera modernizar Carmina burana, en complicidad con Philip Glass.

La mitificación de los Doors se inició con el uso de “The end” en Apocalypse now (1979), aceleró al año siguiente con la publicación de No one here gets out alive, biografía de Danny Sugerman, un asociado del cuarteto, y culminó con The Doors (1991), el biopic de Oliver Stone.

También Manzarek llevó al papel sus recuerdos, con Light my fire: my life with The Doors (1998). Posteriormente, publicaría una novela, The poet in exile, a partir de la leyenda que asegura que Morrison fingió su muerte para vivir una existencia anónima. Ray asumió su papel de portavoz del grupo y colaboró con artistas iluminados, como Patti Smith o Iggy Pop.

Con su mujer, Dorothy Fujikawa, se instaló en el Valle de Napa, al norte de California. Cuando le detectaron un cáncer en la vesícula biliar, probó diferentes tratamientos. Estaba internado en un hospital en Rosenheim, en Alemania, cuando el lunes 21 de mayo le alcanzó la muerte.

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