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Relatos salvajes

El humor negro retrata cómo las vidas más rutinarias pueden descontrolarse en un instante

Relatos salvajes

Relatos salvajes

La Razón (Edición Impresa) / Pedro Susz K. - crítico de cine

00:00 / 26 de abril de 2015

Un animal de cine”, el calificativo ha sido frecuentado de manera más o menos unánime por los cronistas coterráneos del director argentino Damián Szifrón, comparándolo en varios casos con figuras cómo Martin Scorsese o Steven Spielberg, gente para la cual hacer películas resulta tan indispensablemente vital, y natural, como respirar. Agrego, a modo de homenaje, al recientemente desaparecido Manoel de Oliveira, realizador portugués que seguía rodando compulsivamente a los 105 años. Tal parece haber sido la marca impresa en sus dos primeros largos, producidos diez años atrás: El fondo del mar (2003) y Tiempo de valientes (2005), pero asimismo en un par de seriales televisivas, sobre todo Hermanos y detectives (2007), hechas durante esa década de ausencia de Szifrón de la pantalla grande.

Elogiada en Cannes; favorita para el Goya a la mejor película latinoamericana; candidata segura al Oscar a la mejor película extranjera, decían los rumores luego desdichos en la premiación; estrenada en 228 salas al mismo tiempo —record absoluto para una película argentina—; beneficiaria de una campaña promocional inédita de la Warner Bros; dueña de los derechos de distribución internacional. Relatos salvajes es, por cierto, un fenómeno inédito en la producción de nuestro vecino, tanto por sus propios valores de realización como por la nutrida nómina de notabilidades que asumen los roles protagónicos en cada uno de los seis episodios de su estructura.

Se trata en realidad de media docena de cortometrajes cuyo único común denominador son las situaciones límite que afrontan los personajes a partir de pequeñas anécdotas de la vida cotidiana, las cuales gatillan en todos los casos reacciones descontroladas e impredecibles haciendo de la crispación social la gran protagonista transversal del conjunto.

A manera de breve prólogo “Pasternak”, el primer eslabón del relato, marca claramente el tono del resto de la narración reuniendo a bordo de un vuelo a un grupo de personajes que muy pronto se percatan de estar allí no por casualidad, pues todos conocen al piloto con el cual tuvieron en su momento algún conflicto. El desenlace, brutal e impregnado de humor muy oscuro, marca asimismo la pauta repetida luego en la forma de abordaje de los otros segmentos del relato.

“Las ratas”, el segundo momento, enfrenta a la cocinera y la camarera de un bar a la vera de cualquier ruta con un desagradable sujeto, típico politiquero pueblerino conocido por corrupto. Identificado por la camarera como el responsable de la tragedia que destruyó su familia, al enterarse de los hechos la impulsiva cocinera propone tomar cartas en el asunto haciendo justicia por mano propia.

Es la pista inicial del estrecho vínculo de la trama, no obstante las apariencias, con el muy preciso entorno de la Argentina actual, al que se irán haciendo alusiones oblicuas, sin necesidad de pontificar acerca de la realidad, pero no por ello evitando asumir criterios políticos cuando menos discutibles. Para el caso, un extendido sentimiento de inseguridad e indefensión jurídica atizado con indisimulable saña por buena parte de los medios de comunicación embarcados en una campaña antigubernamental respondiendo a intereses que no viene al caso pormenorizar.

“El más fuerte”, título del tercer segmento, nos traslada a una desierta y calurosa carretera salteña para describir el enfrentamiento entre el conductor de un lujoso automóvil que al ver entorpecido su camino por otro conductor de un camión destartalado, le grita “negro de mierda”, insulto de inocultable fondo racista —alusivo por lo demás a los cada vez más agudos antagonismos de clase visibles en la tensa situación política argentina— que precipita una persecución sin pausa hasta la destrucción de ambos motorizados y de los dos protagonistas.

Esa historia recrea en buena parte la trama de Duelo a muerte (1971 ) de Steven Spielberg. Es conocido el gusto de Szifrón por incluir citas de sus autores favoritos en sus propias películas. En la oportunidad, además de la mencionada pueden encontrarse unas cuantas alusivas a Hitchcock en varios de los eslabones del relato, alguna atribuible sin mayor esfuerzo a Taxi Driver, al igual que otras a Tarde de Perros de Sidney Lumet.

“Bombita” el cuarto acápite describe la furiosa reacción de un ciudadano común, cuyo auto es remolcado y requisado sin motivo alguno por funcionarios municipales, lanzando al protagonista al laberinto de la burocracia sorda a razones y argumentos. Impedido de llegar a tiempo al cumpleaños de su hija, el personaje decide vengarse —otra vez la justicia por mano propia— apelando a un expeditivo procedimiento que no conviene revelar aquí.

El penúltimo relato, subtitulado “La propuesta”, describe las sórdidas maniobras de un acomodado matrimonio para salvar a su hijo de la cárcel, en la cual merecería ir a parar por haber atropellado y matado, borracho, a una mujer embarazada. La pareja y un abogado igual de inescrupuloso tientan convencer al jardinero de señalarse culpable prometiéndole una jugosa recompensa y la pronta excarcelación. Las cosas, empero, como en todas las historias de la película toman un camino no calculado.

El descontrol, el caos salido de madre sin atenuantes, envuelve a los personajes de “Hasta que la muerte nos separe”, el último episodio en el cual una boda, ritual burgués si los hay, acaba en aquelarre al enterarse por casualidad la novia que su inminente esposo la engaña con una compañera de trabajo presente en la ceremonia, decidiendo patear el tablero de las normas sociales y todo lo demás. De los seis segmentos, por sus excesos, en tiempo incluso, éste es el más opinable desde el punto de vista cinematográfico, contrastando con la relativa contención apreciable en el resto del metraje.

Mirada en conjunto Relatos salvajes hace las veces de un espejo de feria en el cual se reflejan distorsionados, pero no mucho, los comportamientos, las obsesiones, las manías, los rencores, la laxitud moral, la hipocresía de una sociedad en shock, propensa a convertir la irritación, eventualmente el desconcierto, en agresividad abierta hacia el entorno y hacia los demás, vistos como enemigos a eliminar como fuera.

Szifrón, haciendo honor al calificativo colacionado al comenzar este comentario narra con las vísceras, apoyado en la solidez de su elenco y en un impecable trabajo técnico en todos los rubros, con especial destaque de la música aportada por Gustavo Santaolalla. El tino narrativo del director se advierte por lo demás en el medido uso de los efectos especiales, un tanto precarios a despecho del montante de la producción, muy por encima del promedio usual en las hechuras latinoamericanas, incluyendo a las del país natal del director.

No obstante la impecable puesta en imagen, atenida a los modos clásicos del relato fílmico sin desdeñar elementos de la contemporaneidad, tal el caso del ya señalado humor negro utilizado para potenciar la causticidad de esa visión nada amable de sus congéneres, aparte de la igualmente apuntada pérdida de control sobre algunos momentos de la trama, en especial en el caso de la historia que cierra la película, queda flotando una observable lectura de la realidad argentina actual.

Salvaje connota en el lenguaje corriente lo contrario de civilizado. En tal sentido estos relatos parecieran adherir al criterio, hecho lugar común por los medios, de acuerdo al cual allí se habita el desmoronamiento de una sociedad cuyas bases habrían sido erosionadas de manera irreparable por un régimen que se atrevió a poner en cuestión justamente los fundamentos de un ordenamiento levantado sobre la inequidad y el mimetismo semicolonial.

Ficha técnica

Título: Relatos salvajes. Dirección y guión: Damián Szifrón. Fotografía: Javier Julia. Arte: Ruth Fischerman. Música: Gustavo Santaolalla. Producción: Agustín Almodóvar. Intérpretes: Darío Grandinetti, María Marull, Mónica Villa, Rita Cortese, Julieta Zylberberg, César Bordón, Leonardo Sbaraglia. ARGENTINA-ESPAÑA/2014.

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