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Ritmos y pausas, un viaje por la obra de Valcárcel Medina

El artista conceptual juega con el tiempo, el espacio y los materiales para demostrar que nunca miramos una sola cosa

Reconocimiento. Valcárcel Medina recibió hace una semana el premio Velázquez, el más importante que se otorga en España, equivalente al Premio Cervantes en literatura. Foto: CCELP

Reconocimiento. Valcárcel Medina recibió hace una semana el premio Velázquez, el más importante que se otorga en España, equivalente al Premio Cervantes en literatura. Foto: CCELP

La Razón (Edición Impresa) / Leonor Valdivia D. - curadora

00:00 / 18 de octubre de 2015

Un recorrido por diferentes paisajes, producto de la experiencia de Isidoro Valcárcel Medina es el que se puede apreciar en la exposición Instantáneas de un viaje en tren, que se puede contemplar hasta el sábado en el Centro Cultural de España en La Paz. Dentro de las salas de exposición el espectador es trasladado a diferentes lugares que captaron la atención del artista, quien con trazos, líneas y abstracciones hace una interpretación íntima de formas y texturas que fueron marcando su retina durante más de siete horas de viaje.

La muestra se divide en cinco espacios. En el primero se cuenta con el texto curatorial y con un video que presenta una entrevista hecha al artista, en los restantes se encuentran las piezas que narran el viaje en tren. La disposición de las piezas es lineal, a medida que uno avanza va siguiendo una secuencia que está siempre a la misma altura, dando la sensación de estar mirando a través de la ventana de un vagón. En la sala hay un detalle que complementa las piezas, una línea de tiempo en la pared que va marcando el trayecto.

Cada una de las obras contiene tres elementos, el primero es un apunte rápido, un bosquejo de un panorama o un elemento visto desde el tren, el cual incluye, en algunos casos, la hora marcada por el reloj, en otros fragmentos de algún poema que se le vino a la mente al artista al ver la escena. El segundo es un dibujo mucho más elaborado a partir del borrador previo, y el último es una reinterpretación de ambos, una propuesta más abstracta. Esta lógica se repite en las más de 50 piezas que forman la exposición, donde ninguna se parece a la otra y en la cual el autor juega con diferentes materiales, técnicas, texturas y acabados para mostrar un proceso de interpretación y reinterpretación.

Desde el primer objeto el espectador se traslada a ese espacio-tiempo poco definido, pero muy personal y que permite captar el movimiento y el cambio de los paisajes que fue viviendo el artista desde su tren. Berger plantea que toda imagen encarna un modo de ver, y que nunca miramos una sola cosa. Es así que la experiencia de contemplación que podemos encontrar dentro de esta exposición nos permite generar una doble mirada, la nuestra y la que nos llega a través de la de Valcárcel Medina.

El conjunto de las piezas va relacionándose entre sí, dando continuidad o rompiéndola a partir de espacios blancos entre ellas o entre los grupos de obras, lo cual provoca un silencio en el recorrido. Por esta razón el ritmo va cambiando a medida que uno avanza. Al finalizar el viaje, al igual que en el comienzo, el espectador se vuelve a encontrar con el dibujo de un vagón, ese que fue partícipe de este ejercicio que el artista decidió compartir con nosotros y que seguirá su camino por otras ciudades de Latinoamérica.

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