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Rushdie: ‘Hay que encarar la religión política’

El nuevo libro del escritor recurre a Averroes, Goya y Buñuel para defender a la razón y al arte de los ataques del fanatismo

Rushdie. Foto: latimes.com

Rushdie. Foto: latimes.com

La Razón (Edición Impresa) / Carmen Sigüeza - EFE

00:00 / 11 de octubre de 2015

Salman Rushdie ya se mueve con libertad por el mundo y, tras escribir su biografía –en la que cuenta los años de clandestinidad por la condena a muerte del expresidente de Irán, el ayatolá Jomeini– vuelve con Dos años, ocho meses y veintiocho noches, su novela más “loca y divertida”, en la que habla de la lucha entre fe y razón. En este libro barroco, surrealista, lleno de simbolismo y fantasía, el escritor angloindio retoma al tema de las religiones y su lucha con la razón y la filosofía, del fanatismo y de la superstición. Rushdie dice que de lo que habla es “de la religión política, porque la religión privada no es asunto de nadie, no es criticable”.

“La religión política ha tomado una dimensión tan gigante que hay que hacerle frente”, subraya Rushdie. Para hacerlo, en su nuevo libro construye una fábula a través de un cuento moderno que son muchos cuentos entretejidos, rindiendo homenaje al arte de relatar y al clásico Las mil y una noches. Así, Rushdie insiste en el tema que le valió la condena a muerte por blasfemias al publicar Los versos satánicos.

El relato, como dice el título, se desarrolla durante dos años, ocho meses y veintiocho noches, que es el equivalente a mil y una noches, y tiene mucho que ver con la etapa de los reinos árabes de la península ibérica. La historia arranca en la España de 1195, en Lucena, cerca de Córdoba, donde se exilia el pensador Ibn Rushd, conocido como Averroes, tras su lucha contra el persa Al-Ghazali, que clama contra la “incoherencia de los filósofos”.

“Tengo una admiración grande por el filósofo Averroes, le estudié en la universidad. Me atraía su pensamiento, que tuvo gran influencia en Europa, pues representó una voz progresista en el siglo XII. Mi padre incluso cambió nuestro apellido por él. Mi abuelo no se apellidaba Rushdie. Averroes (Rushd) siguió a Aristóteles para alejarse de la fe ciega. Resultó ser también perseguido y sus libros, quemados. Eso me hizo sentir más cercano a él. Y esa discusión entre la tolerancia de Averroes y el fanatismo de Al-Ghazali, permanece”, sostiene el escritor.

La novela también es un homenaje a varios artistas españoles. Se abre con una cita del pintor Francisco de Goya –“El sueño de la razón produce monstruos”– y por sus páginas hay guiños al surrealismo de Luis Buñuel en películas como El ángel exterminador o Un perro andaluz. “Goya es muy importante porque, cuando razón y fantasía se separan, producen monstruos, pero cuando se combinan producen maravillas y se convierten en las madres de las artes. No digo que lo irracional sea malo y lo racional bueno, sino que juntos son algo maravilloso. Y, en realidad, ése es el espíritu del libro”, afirma Rushdie.

El escritor, eterno candidato al Nobel, no quiere hablar de su pasado y de su persecución, pero sí reconoce que ahora es feliz y cree que por eso le ha salido un libro alegre: “No entiendo la vida sin humor, ni como lector ni como escritor. Es muy sano, una buena manera de ver el mundo”. En Dos años, ocho meses y veintiocho noches también hay mucho sexo y amor, además de mitología, viajes al futuro y al pasado y temas de actualidad, como la corrupción.

“La materia prima de las de 300 páginas de este libro son los miles de cuentos con los que crecí. Los recuperé en los dos libros que escribí para mis hijos y ahora los pongo en el mundo de los adultos”, sostiene el escritor.

La obra reivindica la libertad y la imaginación, y uno de sus personajes dice: “Ya veréis que con el paso del tiempo... al final será la religión la que haga apartarse a los hombres de Dios”. A Rushdie le parece que esta afirmación sigue vigente hoy, por ejemplo cuando los extremistas destruyen el templo de Palmira. “A los fanáticos no les ha gustado nunca la cultura. Ahora mismo es el Estado Islámico, pero en la Inglaterra del siglo XVII se quemaban libros y se cerraban los teatros. Hay un escritor que dice que el puritanismo es el miedo a que alguien pueda ser feliz. Así, frente al puritanismo el placer por la lectura, el teatro o la danza se convierten en un acto revolucionario y tenemos que ejercerlos sin miedo”.

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