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Salgado tras la luz del primer día

El fotógrafo brasileño Sebastião Salgado ha trabajado ocho años para revelar una      visión del planeta Tierra como en el primer día de la creación: ‘Génesis’

La Razón (Edición Impresa) / Rubén Vargas - periodista

00:00 / 16 de noviembre de 2014

En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz. Y vio Dios que la luz era buena… Y tras esa buena luz del primer día de la creación, el fotógrafo brasileño Sebastião Salgado (1944)  peregrinó durante ocho años a través de la redondez de la Tierra. Tendría sus razones, si hemos de creer —como se dice— que la fotografía es el arte de la luz.

El resultado de ese empeño —32 viajes a los cinco continentes— se llama Génesis: un conjunto de 250 fotografías en blanco y negro que revelan que, pese a su incesante destrucción y deterioro, el 46% del planeta —lo asegura el propio Salgado— “está todavía como el día del Génesis”. Ver para creer.

Las fotos han sido publicadas en un libro por la editorial Taschen. La exposición comenzó a recorrer el mundo. Desde finales de septiembre —coincidiendo con la Cumbre sobre el Clima en la sede la Organización de las Naciones Unidas, las grandes movilizaciones contestatarias que la acompañaron desde las calles y las primeras lluvias del otoño— la alberga el Instituto Internacional de Fotografía de Nueva York. Y estos días se estrenó en Europa el documental La sal de la tierra, sobre la vida y la obra de Salgado. El filme —que ganó la sección La otra mirada del último Festival de Cannes, Francia— fue dirigido a cuatro manos por Win Wenders —sus dotes de documentalista están ampliamente probadas en Buen Vista Social Club y Pina—y Juliano Ribeiro Salgado, hijo del fotógrafo.

Génesis es el tercero de los grandes trabajos —proyectos de largo término— que emprendió Salgado desde que un día de 1973 abandonó su carrera de prometedor economista para dedicarse por entero a la fotografía.

El primero de esos grandes proyectos data de 1993 y se llama Trabajadores. También podría haberse llamado, siguiendo la impronta bíblica, Ganarás el pan con el sudor de tu frente, porque se trata de una profunda, dolorosa y lúcida —otra vez el arte de la luz— mirada a cómo los hombres y mujeres de los más diversos rincones de la Tierra sobreviven produciendo la riqueza para otros, desde los infernales campos petroleros del Medio Oriente hasta las minas a rajo abierto del Brasil y los áridos y avaros altiplanos del mundo.   

El segundo, en 2000, se llamó Migraciones. También pudo llamase Éxodo. Salgado documentó a lo largo y ancho del mundo los desplazamientos de grandes poblaciones empujadas fuera de su lugar propio por los desastres naturales, por las guerras, por el hambre. En esta serie, como en la anterior, el arte de Salgado logró extraer de las dimensiones más extremas del sufrimiento humano también el rostro de su dignidad.

Génesis es, en cierto sentido, la otra cara de la medalla. Ni el sufrimiento ni la destrucción sino la grandiosidad del planeta. “Ahora que el proyecto está completo —dice Lélia Warnick Salgado, curadora de la exposición y del libro, y compañera del fotógrafo—, creo que todos podemos sentirnos orgullosos de esta inspirada e inspiradora mirada al esplendor de la Tierra pero también de este llamado a protegerla”.

Génesis está dividida en cinco secciones que al mismo tiempo son cinco regiones geográficas: Santuarios, El Sur del Planeta, África, La Amazonía y el Pantanal, y Los Espacios del Norte. Para lograr las imágenes de estos lugares, Salgado ha recorrido grandes distancias por los más diversos medios, incluyendo un globo aerostático para seguir a las manadas de animales. En Etiopía caminó 850 kilómetros en tres meses, “por sendas marcadas por la huella del hombre desde hace más de 5.000 años”. En el Círculo Polar Ártico se unió a los Nanets en sus ciclos nómadas que siguen el invisible camino de los renos en la nieve. En la selva amazónica convivió con los Zo’e, un grupo humano apenas contactado. El modo de vida de esos hombres y mujeres expresa, en la visión de Salgado, una relación adánica —del primer día— con la naturaleza.

Una vez más, Salgado ha logrado una intensa poética de la imagen. Esta vez revelando la condición genésica de la Tierra, su anonadante voluntad de ser y permanecer. 

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