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Salvajes

salvajes. Benicio del Toro, John Travolta, Demián Bichir y Salma Hayek forman parte del elenco de la última película de Oliver Stone.

salvajes. Benicio del Toro, John Travolta, Demián Bichir y Salma Hayek forman parte del elenco de la última película de Oliver Stone.

La Razón / Pedro Susz K. - crítico de cine

00:00 / 07 de octubre de 2012

Después de algunas discutibles aproximaciones a la realidad latinoamericana (Comandante, 2003; Al sur de la frontera, 2009; Castro en invierno, 2012), y apartándose por esta vez de la línea de cuestionamiento a las actuaciones políticas de sus connacionales, Oliver Stone regresa al costado oscuro de su filmografía. En Salvajes narra una sangrienta pugna entre cárteles mexicanos de la droga con base en Laguna Beach, paradisiaco lugar de veraneo en Baja California, muchas de cuyas suntuosas mansiones son el aguantadero, opina Stone, de algunos de los grandes capos del negocio.

Antes de los créditos de arranque, sin mayores circunloquios, la pantalla se llena de horrorosas imágenes de un ajuste de cuentas, incluida media docena de decapitaciones, que bien pudieran endilgarse a la imaginación febril de los guionistas si no fuera porque la prensa recoge semanalmente noticias acerca de similares episodios que han pasado a ser parte “normal” de la vida  mexicana. Allí, en lo que va del año, las disputas territoriales entre las mafias ya arrojaron más de un millar de víctimas ajusticiadas con una crueldad difícil de comprender.

El resto del metraje exhibe parecida dureza, poco después del testimonio en off de O (apócope de Ofelia): “que les cuente esto no quiere decir que permanezca viva al final de las cosas”. O la pasa bomba practicando el amor libre en compañía de Chon —psicópata exmarine en Irak— y Ben —talentoso botánico—, devenidos en los principales productores de cannabis de altísima calidad gracias a las semillas de marihuana que Chon contrabandea desde Afganistán y Ben mejora en prestaciones poniendo en práctica sus conocimientos profesionales.

Se trata de un triángulo que lo comparte todo en medio del buen pasar conseguido gracias a su próspero negocio, protegido por policías y agentes secretos igualmente asociados a las bonificaciones. En particular Dennis, cínico agente de la DEA cuya cobertura es la mejor garantía de impunidad para los muchachos, que destinan parte de sus réditos a obras de caridad para los niños africanos y asiáticos por medio de la fundación creada por Ben.

O, mejor dicho, era la mejor garantía puesto que las cosas tienden a complicarse cuando Elena “la reina”, cabeza de uno de los mayores cárteles, enfrascada en una dura pugna con “el Azul”, jefazo de otro, resuelve que es el momento de beneficiarse de los saberes de Chon y Ben. Las reticencias de estos últimos quedan en agua de borrajas apenas los sicarios de Elena, encabezados por el sádico Lado, secuestran a O y amenazan cortarla en trocitos.

Es el principio de una espiral de violencia y brutalidad que Stone aborda sin ahorrar truculencia, alternando con una laberíntica negociación por medio de la red informática, varias de cuyas instancias redondean algunos de los momentos más atendibles de Salvajes.QUERELLA. Se trata de la vieja querella entre el bien y el mal. Sólo que aquí todos los personajes son malos, algunos menos malos que otros es cierto, y al mismo tiempo todos ellos tienen su lado bueno, o su flaqueza humana, digamos mejor. De tal suerte la tentación moralizante que pudo haber convertido al argumento en insumo para un pedestre sermón acerca de las consecuencias de actuar al margen de la ley, deja paso a una trama llena de ambigüedades cuya única fascinación estriba en saber hasta dónde será capaz de llegar cada quien en procura de sus propósitos.

Los de Stone se despliegan en una sangrienta película de acción que no aburre, si bien la vieja fórmula del corte apremiante —aquí en el doble sentido, el del montaje y el de los ensayados por los Elena boys— no alcanza a tapar las grietas de una puesta con mucho ritmo, balazos, de todo calibre y machetazos a granel, pero más bien flaca credibilidad.

Entre las discutibles licencias de Stone se encuentra la debilidad de varios personajes. Tal el caso de la Elena a cargo de Salma Hayek, maqueteada en formato de vamp de las películas de gánsters de los años 30, sin encontrar en esos afeites apoyo para una faena que le granjeó conceptos como el de un colega un tanto exagerado, un tanto nomás: “Hayek vuelve a mostrar ser la peor actriz latina en actividad”.

Algo parecido sucede con el rol de Dennis a cargo de un mofletudo y semicalvo John Travolta cuya desfachatez imita sólo una máscara.La verosimilitud no es, en general, uno de los lados fuertes de este emprendimiento de Stone, en muchos rasgos parecido a Asesinos por naturaleza (1994), también en sus demasías. Resulta poco creíble, por ejemplo, que dos muchachos bronceados y vividores, más aptos para el surf que para involucrarse en un combate cuerpo a cuerpo con los desalmados mercenarios de Elena, no comprendan de inicio las dificultades por venir en semejante entrevero, en el cual llevan todas las de perder. MALOS. Al lado de los chicos malos de Elena, los de O semejan la versión posmo y al cuadrado de Robin Hood, un tanto fumados, es verdad, pero no por ello menos enternecedores. Por eso el doble sentido moral de la historia termina proponiendo una celebración de la libre empresa y del american way of life amenazado por desaprensivos latinos sin entrañas. Semejante premisa, usual en el cine de su país, no deja de ser llamativa en un director que anduvo merodeando de manera insistente por los entresijos de la actualidad política latinoamericana, movido por el presunto afán de mostrarla a contrarruta de las premisas que alimentan la paranoia patriotera de la industria del entretenimiento, en particular luego de los sucesos del 11 de septiembre de 2001.

En términos de puesta en imagen, el mayor riesgo asumido por el director está en el doble final. El primero responde a la evolución de la trama hasta un desenlace en el que no queda nadie en pie. El segundo, luego de rebobinar la narración hasta el punto de partida, responde, por el contrario, a una casualidad, que las hay en la vida claro, merced a la cual las cosas toman un curso imprevisto.

Sin embargo ese malabar poco o nada tiene que ver con el tono imperante a lo largo de los 85 minutos previos. Es una travesura lícita por supuesto, salvo que no contribuye un ápice a ordenar las confusiones del relato, ni mucho menos a liberarlo de los clisés a los cuales responde mecánicamente a lo largo de su exposición.

Ficha técnica

Título original: Savages. Dirección: Oliver Stone. Guión: Shane Salerno, Don Winslow, Oliver Stone. Novela: Don Winslow. Fotografía: Daniel Mindel. Montaje: Joe Hutshing, Stuart Levy, Álex Marquez. Diseño: Tomas Voth. Arte: Lisa Vasconcellos. Efectos: Mark R. Byers,  Harry Eisenstein. Música: Adam Peters. Producción: Todd Arnow, Evan Bates, Moritz Borman, Eric Kopeloff, Shane Salerno Fernando Sulichin. Intérpretes: Blake Lively, Taylor Kitsch, Aaron Taylor-Johnson, Jana Banker, Benicio del Toro, John Travolta, Demián Bichir, Salma Hayek, Candra Docherty, Patrick Fourmy, Gary Stretch, Diego Cataño, Shea Whigham. ESTADOS UNIDOS / 2012.

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