Tendencias

Serrat, el poeta de las pequeñas cosas

A sus 70 años y a punto de celebrar medio siglo en el arte, Serrat echa una mirada al camino recorrido

Cerrat. Foto: El País

Cerrat. Foto: El País

La Razón (Edición Impresa) / Juan Cruz - El País

00:00 / 07 de septiembre de 2014

Sigue siendo el poeta de las pequeñas cosas. A sus 70 años y a punto de celebrar medio siglo sobre el escenario, con más discos vendidos y más auditorios repletos a su espalda que ningún otro, se sigue emocionando con el sol, el mar, el recuerdo de sus padres, la ternura de sus hijas o el abrazo de los amigos.

— ¿Cómo era el muchacho, el niño?

— Era un chico muy movido, muy activo, torpe, se me caían los vasos, estaba pensando en hacer la tercera cosa cuando aún no había hecho la primera, tenía que hacer las otras dos y no me acordaba de la anterior. Fui un excelente estudiante, muy brillante en la escuela de agricultura y en la universidad.

— En su primer paisaje humano su madre fue fundamental

— Era la que ponía el orden cotidiano, el trabajo, que era mucho, y el ejemplo, que también era mucho. Mi padre era lampista y trabajaba en Catalana de Gas. Muy mañoso, podía hacer cualquier cosa, desde una nevera hasta toda la instalación eléctrica de la casa, pintaba las paredes, alicataba el baño, lo hacía todo. Con todo lo habilidoso que ha sido mi padre, yo he sido muy torpe. El ejemplo no me lo daba con esto, me lo daba con su comportamiento, con su respeto a la gente, a su mujer, estas cosas tan importantes, el espejo con el que aprendes cómo son o cómo deberían ser las cosas. Mi madre también era un poco hiperactiva, con un genio más levantisco, me recuerda a la madre de Juan José Millás, cuando él cuenta que ella era desconcertante porque abría la nevera y decía: “¡Ay, cuánto pan, qué haremos con tanto pan!”. Y al día siguiente decía: “¡No hay pan, no hay pan!”. Tanto por exceso como por defecto mi madre pensaba que la hecatombe estaba a la vuelta de la esquina, aunque era muy instintiva y repentina, en realidad era capaz de conducir un ejército. Tenía un carácter muy sólido, menos duro de lo que ella quería aparentar, pero muy consistente. Y a pesar de todo lo que he dicho, muy cariñosa.

— Ese episodio de la infancia y la adolescencia que es central no solo en su vida sino en sus canciones, ¿le devuelve imágenes, postales de casa, con otros, de cosas que hayan ocurrido y que le vengan de vez en cuando a la memoria?

— Sí, pero vienen más si las reclamas. Y ahora las he reclamado para conmemorar mis 50 años en el escenario. Y previamente estoy preparando la presentación de “un objeto” para Navidad que contiene 50 canciones y 50 relatos, no sabemos muy bien aún cómo será ese objeto. Las 50 canciones no son lo que podría ser un relato histórico, en principio traté de hacer una lista cronológica y que la cronología llevara de una canción a otra, pero era bastante aburrido al oído y seguramente como documento.

— ¿Qué le ha sorprendido entre lo que se ha encontrado?

— La claridad con la que aparecen, los ves con una nitidez extraordinaria y se pierde más lo accesorio pero lo que es central viene caminando solo. A veces, no sé cómo explicarlo bien, ves que el recuerdo tenía una falda plisada y ojos azules, pero no sabes cómo se llamaba .

— ¿Cómo vivieron sus padres la evidencia de que era un artista apreciado?

— Antes de ser un artista conocido y apreciado, a mi madre le produjo un patatús saber que yo iba ser un músico y mi padre respondió con una extraordinaria serenidad dándome toda la confianza cuando les anuncié que iba a dejar la universidad y que me iba a dedicar plenamente al oficio de cantar y viajar. Hasta entonces yo había sido la gran esperanza blanca de mi familia, el que iba a convertirse en profesor de instituto, y a mi madre le rebrincó bastante aquello. Cuando ocurrían estas cosas mi madre no decía nada, optaba por sentarse en un sillón, mirar hacia otro lado y llorar, pero no decía nada. Mi padre le dijo: “Mujer, estate tranquila que el chico sabrá lo que hace”.

— ¿De dónde le venían las canciones?

— La inspiración me llegaba de un imaginario en el que había una gran parte de recuerdos, pero también una parte de pesebre, de jugar con las figuritas y adornarlas, por ejemplo, yo no tenía una tía como La tieta pero las veía, las adornaba, las llenaba de tópicos. De alguna manera es lo que sigo haciendo.

— Creó un universo que coincidió con el mundo de otros, como ‘Mediterráneo’

— Otras ya venían de otros caminos y de otros lugares, algunas con pretensiones más amplias, pero en ningún momento me planteé si unas eran muy locales y otras muy globales, a fin de cuentas no lo sabía. Luego entendí que la única forma de que algo pueda ser realmente internacional y que le interese a gente de todo el mundo es que sea bien provinciano porque lo entiende cualquiera en cualquier parte.

— Usted ha alegrado la vida de mucha gente en tiempos difíciles. Y también ha tenido sus momentos duros: el exilio, la enfermedad… ¿Qué estímulos ha tenido en esas situaciones?

— En 1975, cuando me tuve que quedar fuera a raíz de los últimos fusilamientos de Franco, eso me afectó bastante en la parte creativa; era muy difícil escribir, todo lo que tengo escrito de aquella época es francamente malo, como si con todo lo que ocurría me hubiera quedado vacío. Tuve que inventar una gira por México de varios meses para alargar el proceso de la muerte de Franco, que parecía que no acababa nunca, hasta la transición que llevaba a la desaparición de los mecanismos represivos. Tuve dos cosas muy buenas, la primera haber conocido en aquella época a un grupo maravilloso de gente en el exilio en México, de Max Aub a Mantecón; y la suerte de conocer un país y de intimar con él. Llegó un momento en que ya no pude aguantar más y me vine. Recuerdo con la misma amargura también los años que no podía ir a Argentina o a Chile cuando estuve vetado por aquellos gobiernos. La prohibición me parece un castigo injusto para el que nunca estás preparado. ¿La enfermedad? Ya ves, ni me acuerdo .

— Por ir a una de sus canciones más bellas, ¿cuáles serían hoy para usted las pequeñas cosas?

— No son pequeñas ya, las pequeñas cosas son las que nos acaban haciendo feliz el día, que estés trabajando, que tu hija entre en silencio y despacito, se ponga a tu lado y te pegue un susto de cojones. Cuando se te pasa el susto te das cuenta de lo hermoso que es tener una hija así de cariñosa y que juegue contigo de esa manera, con esta confianza. Esta es una de las pequeñas cosas que me han ocurrido antes de que tú llegaras. Este sol, tener la posibilidad de disfrutar lo que la vida puede llegar a ofrecerte. Aquí la gran cuestión es ser agradecido cuando para otros todo esto es imposible.

Joan Manuel Serrat lleva medio siglo cantando y hoy afronta la tarea de reconstruir ese pasado en el que ha sido feliz y nos ha hecho felices. Nació el 27 de diciembre de 1943, en Barcelona, y ha cantado al amor, al Mediterráneo, a las pequeñas cosas. Su vida y su voz están unidas a las vidas y a las aspiraciones de varias generaciones de españoles y de latinoamericanos que ven como propios el barrio de Serrat, su mar, sus creencias, las imágenes y las palabras a las que ha puesto música. Ahora prepara un disco en el que comparte sus canciones con amigos y colegas como Ana Belén, Víctor Manuel o Miguel Ríos. El álbum se llamará Trencadís y lo estrenará en febrero de 2015 en una gira que comenzará en Uruguay, continuará por América y concluirá en España.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1
2 3 4 5 6 7 8
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia