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Llegar a la mayoría

El Siart busca que aumenten el público y los creadores de arte contemporáneo en Bolivia.

Interés. Un grupo de jóvenes voluntarios de la organización contempla una exposición del Siart. Foto: La Razón

Interés. Un grupo de jóvenes voluntarios de la organización contempla una exposición del Siart. Foto: La Razón

La Razón (Edición Impresa) / José Emperador / La Paz

18:00 / 24 de octubre de 2016

La Paz se ha inundado de arte contemporáneo. La Bienal de Arte Siart está ofreciendo casi innumerables exposiciones, performances, charlas, cine, acciones… todo dirigido a un público al que se trata de atraer a los museos y los auditorios de las universidades pero al que también se va a buscar en la misma calle y en las estaciones del teleférico. El objetivo consiste en darles a los ciudadanos un motivo para romper con la rutina aunque sea por unos minutos en los que, solo tal vez y sin darse mucha cuenta, comiencen a “disfrutar de la cultura, que es lo que hace a una persona realmente plena, porque así desarrolla sus posibilidades cognitivas con mayor amplitud y tiene una visión de mundo más rica”, según defiende con fervor el artista y antropólogo Édgar Arandia.

Pero el arte contemporáneo sigue enfrentando muchas barreras que saltar para llegar a la gente en general pues, en palabras del académico y crítico de arte Pedro Querejazu, “es muy críptico, muy personalista, y resulta inevitable que se dirija primordialmente a una minoría”. El resto queda un poco fuera de un arte que “aunque no sea fácil leerlo, entenderlo y aceptarlo, hay que abrirlo a todo el público”. El Siart lo está intentando y no queda muy claro si lo logra o no. El artista Galo Coca dice haber visitado la mayoría de los ambientes, y que ha podido comprobar “que la gente está respondiendo bastante bien, está asistiendo a las exposiciones y a las conferencias”. Una impresión que ratifica José Bedoya, quien asegura que durante la primera semana de la bienal, en el Museo Nacional de Arte, que él dirige, “la asistencia ha estado muy fluida, hemos llegado a los niveles planificados e incluso un poco más, aunque hay que reconocer que durante la segunda ha bajado”.

Otra idea se ha hecho Querejazu en sus paseos por los diferentes espacios: “En general he visto muy poco público. En el Tambo Quirquincho, el sábado al mediodía, que es buen momento, éramos dos personas, y en el Museo San Francisco y en el Espacio Simón I. Patiño, lo mismo. En el teleférico la gente pasa por delante de las obras, pero no se para”. “El Siart de este año tiene poco público, como en los anteriores, pero esto pasa con toda la cultura: la gente tampoco va a las exposiciones ni a las obras de teatro, ni al buen cine… prefieren pasar seis horas al día viendo televisión, están trasladando su mundo a su pantalla”, opina Arandia.

Coca, Arandia y Querejazu aseguran que la promoción, la señalética y la información al público han podido ser mejores, y Bedoya habla de “algunas complicaciones en la gestión”. “El público sí se interesa, está abierto, pero hay que guiarlo, estimularlo. En otras ediciones participaba mucho, y para eso la señalética es fundamental”, señala Querejazu. Coca cree que la gente hoy en día es más curiosa y ávida de novedades, y que un espacio como Siart es el lugar ideal para responder a sus demandas. Totalmente en desacuerdo se muestra Arandia, para quien “este tipo de bienales no son adecuadas para aumentar el público porque en ellas, en el fondo, todo es postizo; la única forma de que aumente el público es mejorar su educación”.

La amplísima oferta de la bienal puede ser un arma de doble filo, porque si bien da más posibilidades de elegir a los potenciales visitantes, por otro lado puede crear confusión por exceso de estímulos. La bienal es prácticamente el único evento especializado en arte contemporáneo en Bolivia, lo cual justificaría la abundancia, pero “quizás debiera concentrarse en menos obras y apoyarlas mejor”, dice Querejazu, quien resalta la pertinencia de lo que se ofrece: “Solo he visto una obra sin calidad como para sostenerse a sí misma, el resto sí son lo suficientemente buenas, están bien instaladas y bien presentadas, no como en la última edición de Siart, que fue más bien caótica”. Coca opina que “hay piezas muy buenas y otras que no tanto, pero en conjunto se equilibran”. “Hay nombres muy importantes en el ámbito de las artes visuales y nombres muy nuevos, y me gusta eso, que me den la oportunidad de conocer a gente que está comenzando su carrera, siempre es alentador saber que hay nuevas generaciones”. Claro que, también en esto, Arandia tiene una opinión diferente: “Los artistas contemporáneos de aquí tienen la intención de interpelar, pero son como juegos pirotécnicos muy efímeros”.

Estos jóvenes artistas contemporáneos y aficionados al arte local, aunque sigan utilizando “un lenguaje medio elitista y de jóvenes urbanitas”, en opinión de Querejazu, están abriendo su mente a otros idearios, están creando obras interesantes y justifican que “si el Siart sigue para adelante, tenga futuro”. Coca ve importante “que las nuevas generaciones se animen a incursionar en arte, porque de eso disfrutará la población en general y se consolidará una escena”. El problema radica en generar una estructura que mantenga el impulso entre cada bienal. Por ejemplo, coinciden ambos expertos, sería importante darle una continuidad a la organización de Siart, para que geste un proyecto más estable y a largo plazo, que no haya que comenzar de cero cada dos años, como ocurre ahora.

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