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Silvia Arze Ormachea (1953-2020), La integración del arte y la historia

La historiadora paceña falleció el 21 de enero de 2020. Destacó en la docencia y en sus propuestas museográficas.

Silvia Arze Ormachea

Silvia Arze Ormachea

La Razón (Edición Impresa) / Luis Oporto Ordoñez - historiador y archivista

00:00 / 29 de enero de 2020

La noticia de su deceso temprano fue abrumadora. Silvia Arze Ormachea, nació en La Paz, el 6 de septiembre de 1953. Falleció en la misma urbe, el 21 de enero de 2020. Una trayectoria dedicada a integrar el arte con la historia. Una realidad compleja. Con ella compartimos el pregrado en nuestra alma máter: la Carrera de Historia de la UMSA.

En su juventud dedicó su interés a los Archivos, publicó Una iglesia en el tiempo: San Agustín, con  María Isabel Calderón, María E. Muñoz, Ana Carola Echalar y Martha Paredes (Boletín del Archivo de La Paz, N° 8, 1984) y la Guía de Archivos para la Historia de los Pueblos Indígenas de Bolivia, éste en coautoría con Rossana Barragán, Ximena Medinaceli y Seemin Qayum (La Paz, MDH, 1994). En el recuento de su trayectoria, Javier Saravia rememora su trabajo pionero con los lustras de nuestra ciudad, en el que registró por primera vez sorprendentes historias de vida de ese colectivo social invisibilizado por la historiografía. Devino luego en especialista en historia del arte de Bolivia, asesoró y apoyó varias investigaciones. Sus estudios historiográficos están referenciados en WorldCat.

Una síntesis muy lograda se aprecia en Bolivia en la primera mitad del siglo XX (Fotografías para la Historia. Simón I. Patiño: estaño en la vida cotidiana, 1900-1930. Oruro, FSIP, 2015), propuesta de una línea del tiempo sobre la obra del Rey del Estaño: Simón I. Patiño. Enfrentó el desafío de ubicar al magnate en un contexto mayor en torno a dos ejes: el mundo y Bolivia, éste con seis parámetros (Gobierno; Acontecimientos o procesos principales; Sociedad, economía e infraestructura; Educación y Cultura; Minería, minas y empresas de Simón I. Patiño; con lo que vuelve a insertar a Simón I. Patiño con Bolivia y el mundo).

Algunas imprecisiones (sitúa la “fundación del Banco de la Nación” en 1952) y omisiones (vg. Nacionalización de la SOC y fundación de YPFB) no afectan al magnífico ejercicio historiográfico que se inicia con la guerra “federal”, que determinó el fin del ciclo de los Patriarcas de la Plata y por ende de la política conservadora de las regiones del sur (Sucre y Potosí) superadas por la fuerza imparable del liberalismo: “El siglo XX en Bolivia—dice— comenzó con importantes cambios políticos y un desplazamiento del eje de decisiones de Sucre a La Paz, resultado que tuvo lugar en el siglo XIX y que culminó con una guerra civil”, momento estelar que le sirve para caracterizar la primera mitad del siglo XX, signada por el poder hegemónico de Simón I. Patiño, “el mayor empresario minero del siglo”, que construyó un imperio con la explotación del estaño, con un tributo de vidas humanas tragadas por las minas y segadas por la metralla en las numerosas masacres mineras. La insurgencia de una generación de militares socialistas, en el periodo de dos guerras (del Chaco y la II Mundial), cambiaron el curso de la historia, eclosionado con la revolución social de 1952 que impuso el Capitalismo de Estado. La línea del tiempo concluye en 1975, con la decisión de la Fundación Universitaria Simón I. Patiño de donar la Casa de Simón I. Patiño a la Universidad Técnica de Oruro.

Destacó en sus propuestas museográficas, siendo notable la que realizó para el Museo Nacional de Etnografía y Folklore. Su última contribución versa sobre los espacios de exposición artística en La Paz, un proceso cultural en el que “se entretejieron la ideología de las élites, las corrientes vanguardistas, los espacios de poder, los lazos políticos, las conexiones interinstitucionales, el pensamiento, el imaginario, la forma en que quería verse a sí misma esta sociedad, el discurso político y la búsqueda de una identidad nacional”, un primer inventario publicado como Arte y público. Espacios para el contacto en La Paz (1930-1950) en Ciencia y Cultura, revista de la Universidad Católica de Bolivia (No. 43, diciembre 2019).

Sorprende su faceta de maestra de yoga. Integró la Coordinadora de Historia y fue miembro del Club Alemán (Deutcher Verein) para el que escribió Nuestra segunda casa. Historia del Club en el 125 aniversario. Dejó su Biblioteca a la Carrera de Historia, gesto de nobleza póstuma, que permitirá fortalecer la formación de historiadores profesionales, sensibles al arte y la cultura.

Fue docente muy apreciada en la Carrera de Historia. Sobre todas las cosas, para nosotros sobresale por su personalidad, caracterizada por su trato amable y respetuoso con todos.

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