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La Sinfónica, una grata sorpresa

Mauricio Otazo dirigió al elenco nacional con obras de Prokofiev, Humperdinck y Dukas   

Dukas. ‘El Aprendiz de mago’, según Disney.

Dukas. ‘El Aprendiz de mago’, según Disney. Foto: Internet

La Razón / Carlos Rosso Orozco - Músico

00:00 / 22 de abril de 2012

Escuchar a la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) después de mucho tiempo ha resultado una experiencia gratamente sorprendente. La sorpresa empieza al constatar que la OSN suena mejor que antes. La presencia del nuevo concertino, Eduardo Rodríguez, ha logrado cambiar el sonido de la orquesta que ahora se escucha más diáfana, más clara, mejor afinada y con un sonido realmente agradable, mérito que, obviamente, comparten todos los músicos.

El programa dedicado a los niños incluyó el conocido y tan tierno cuento musical Pedro y el Lobo op. 67 de Sergei Prokofiev (1891-1953), obra de gran valor pedagógico que ha servido siempre para iniciar a los niños —y a no pocos mayores— en el conocimiento de los instrumentos musicales de la orquesta. El pequeño cuento musical que incluye un narrador fue presentado con decoro y solvencia para la alegría de tantos niños que llenaban la sala.

El relato de Cristian Mercado fue correcto y simpático como es menester en este caso y el discurso musical acompañó con solvencia la tierna historia.

Sin duda la obra más importante, musicalmente hablando, fue la obertura a la ópera Hansel y Gretel del compositor alemán Engelbert Humperdinck (1854-1921) que con esa profunda influencia wagneriana, tan característica en su obra, no se priva de acercarse a lo popular de la música infantil de su patria, logrando una densidad sonora de envidiable factura.

Completó el programa el no menos simpático scherzo sinfónico El aprendiz de mago del francés Paul Dukas (1865-1935) basado en la  balada homónima de Goethe. Un bello ejemplo de música programática que en su momento fuera tan bien presentado por Walt Disney en su película Fantasía. El concierto fue dirigido por Mauricio Otazo con tal solvencia y seguridad que mereció el más entusiasta y generoso aplauso de la sala colmada de público. La precisión, elegancia y comprensión certera de las partituras ha sido, sin duda, el mayor mérito de Otazo. Una verdadera lección de cómo se dirige una orquesta. Ojalá que así lo entiendan los que debieran entender, que no son pocos.

Y es que acostumbrados, como estamos, a oír decir a “tantos” que son  —dizque de profesión— músicos, uno se siente apabullado de tener “tantos” colegas. Lo cierto es que ser un músico profesional es otra cosa, y eso es precisamente lo que se ha podido ver, escuchar y aprender de alguien que como Mauricio Otazo es, justamente eso: un músico profesional.

No le quepa duda a nadie: estamos frente a un verdadero director de orquesta que se las sabe todas y tiene todavía mucho que decir y aportar a nuestra intrincada vida musical. El tiempo lo dirá, sin duda, pero es preciso que quienes están a cargo de la administración artística de la OSN se den cuenta de que no hace falta ir  a buscar muy lejos para encontrar un director de orquesta boliviano,  profesional, con sobrado talento musical y con una formación académica impecable. ¿Se podrá pedir algo más?

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