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Una biblioteca singular

Josep Barnadas, historiador y bibliófilo, es dueño de una de las bibliotecas particulares más grandes de Bolivia; en un libro cuenta su historia

Josep Barnadas, historiador y bibliófilo, es dueño de una de las bibliotecas particulares más grandes de Bolivia; en un libro cuenta su historia

Josep Barnadas, historiador y bibliófilo, es dueño de una de las bibliotecas particulares más grandes de Bolivia; en un libro cuenta su historia

La Razón / Luis Urquieta M. - Presidente de la fundación cultural Zofro

00:00 / 18 de marzo de 2012

He leído con deleite y admiración Una biblioteca singular… y otros escritos sobre libros de Josep Barnadas, historiador boliviano nacido en Cataluña. El libro viene a ser una muestra material de una vida que desde hace cincuenta años no ha cesado de perseguir y reunir textos de factura especializada. Lo conocí en 1998, en la ciudad de Sucre, cuando el pedagogo y costumbrista Luis Ríos Quiroga hizo una cena en su domicilio para presentarme al historiador y hablar del suplemento El Duende. Aún tengo presente que aquella relación nacida del casual encuentro sirvió para la consagración del suplemento literario en su monumental Diccionario Histórico de Bolivia, y quedar yo con el privilegio de su amistad. Con anotaciones abreviadas he de dedicar la presente introducción a obra tan singular como es su mismo título.

El núcleo simbólico-iniciático de la Biblioteca Barnadas fue Quito; Europa de su parte le permitió adentrarse en el mundo del libro; ganó experiencia en el oficio mendicante, desafió exigencias financieras, forjó amistades con incontables autores; merced a su paciencia, nunca hubo pausa para su labor de recolección más terca que febril, lo que le llevó a rastrear con denuedo títulos durante décadas.

La lluvia de impresos sigue incrementando su estantería con obras obsequiadas, mendigadas, en fin adquiridas con todas las artes imaginables. A veces, el olfato de pescador junto al arte del regateo y su habilidad retórica, le han facilitado la compra no sólo en los puestos callejeros sino conmoviendo a instituciones y autores alrededor del mundo, lo que le ha deparado pingües adquisiciones.

La biblioteca singular por estar a la medida de su dueño tiene su impronta; sería inexplicable su existencia desconectada de quien le ha dado vida. En cuanto al acervo bibliográfico, ahí están prominentes las fuentes de la historiografía. Otras secciones comprenden: teología, filosofía, metodología de las ciencias sociales. También se hallan monografías latinoamericanas, historia de la iglesia, temática española y catalana; de esta última el estudioso se precia de tener la mayor del país. No está ausente la bibliografía de la realidad comunista; sus convicciones sobre el socialismo están trasuntas en sus Au/c/tos de fe y Quadern de Praga. La sección variopinta de revistas es también importante.

Cuatro décadas de viajes alrededor del mundo en procura de libros al precio de una mendicidad apenas encubierta, a veces a cambio de la difusión de los hallazgos en un país exótico como Bolivia, marcaron evidencias de abnegación. Si faltan bibliotecas públicas o existen mal dotadas, nadie sufre por lo que ignora; pero un estudioso no se basta con lo publicado en la época, necesita referentes anteriores, entonces rastrea originales en un solitario via crucis. Barnadas no se detiene en remembranzas, comparte con el lector las técnicas del pescador en su obstinación libresca; tiene recursos de información sobre el libro buscado. Incide en la persistencia del mendigo para lograr su objetivo. Con paciencia y pericia echa la red, y el resto corre a cargo de los peces.  

Muestra el autor diferencias entre libros para saber y libros para vivir. Si un libro enseña, comunica, descubre y el lector cuestiona y profundiza, esta experiencia le conduce a confrontar nuevas etapas de la vida, éstos son los libros para saber. En cambio, si los libros atraen irresistiblemente y transmiten fuerza y el gusto por vivir de determinada manera, se puede dar fe de ellos volviendo una y otra vez para recrear atmósferas, actitudes, convicciones, derrotas, valores; éstos son los libros para vivir.

Barnadas realizó su trabajo de investigación en diferentes bibliotecas y archivos de América y Europa, habiendo visitado una quincena de ellas, de las que anoto tres.

Biblioteca Ecuatoriana. Perteneciente a la Universidad Católica Ecuatoriana donde se graduó en Humanidades Clásicas. Cuenta que allí inició su primera campaña de trabajo alimentada por la volátil imaginación de adolescente. Sus escarceos le decidieron por un tema boliviano: Acción de los jesuitas en Charcas durante el siglo XVI. Tan grande fue el peso emblemático de esta biblioteca, que lo motivó para llevar a cabo en Bolivia algo parecido, aunque fueron otras las circunstancias que le tocó vivir.  

El British Museum. En 1966 estuvo en Londres preparando su tesis doctoral en la misma biblioteca donde Karl Marx investigó los misterios de la economía capitalista; allí tuvo que compartir espacio con los papiros egipcios y khipu andinos.

Archivo y Biblioteca Nacionales de Bolivia. Desde 1971 comenzó a trabajar en la Sala Moreno del principal repositorio nacional. Tuvo el privilegio de tratar con su Director Gunnar Mendoza y comprobar que el notable archivero y bibliógrafo con devoción hacía frente a gastos ineludibles para aquella Biblioteca que alcanzó prestigio continental. Otro investigador, Charles Arnade, bebió de la misma fuente, teniendo por guía al mismo director.

Una vida con libros es la docta evocación del doctor Barnadas sobre la cuestión entre el saber de la vida y el saber libresco. Cuando la inteligencia y la reflexión gozan de preferencia frente a sentimientos, experiencias y percepciones, el pensador catalán propone resolver la dualidad desde el rol del libro que confiere calidad a la vida, si bien los libros aparecen como opción subalterna frente a las modas culturales.

Otra dualidad: acción y contemplación; no se contraponen, es cuestión de prioridades, superioridades o prevalencias, que definen el desarrollo de cada vida. En consecuencia, la no-decisión está condicionada por la tradición, moldes, ausencia de conciencia en el derecho a decidir. Encuentra el autor que su vida misma es un ejemplo de dualidad: habiendo crecido programado familiarmente para el ejercicio de la agricultura, su paso por la Compañía de Jesús le decidió por la profesión historiográfica. Esta tipología: agricultura (acción) e historiografía (contemplación), definió su lucha vocacional entre la satisfacción de sus realizaciones frente a necesidades menos sublimes (economía, reputación, poder). El acierto/error de la opción decidida no tiene marcha atrás, sólo queda pagar el precio.

En los renglones postreros del subyugante libro, el autor proclama que la naturaleza de su biblioteca singular reside en la singularidad de su vida y de sus intereses intelectuales, que por ello creyó que valía la pena contar su historia, ésta tan merecida en homenaje a los libros, compañeros de su vida.

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