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Sombras en el socavón

Víctor Montoya recrea las luchas sociales, sus líderes y sus artistas en ‘Crónicas mineras’.

Sombras en el socavón. Foto: Alejandra Rocabado

Sombras en el socavón. Foto: Alejandra Rocabado

La Razón (Edición Impresa) / Lourdes Peñaranda

00:00 / 20 de agosto de 2017

El Grupo Editorial Kipus publicó recientemente el nuevo libro de Víctor Montoya, con 26 crónicas que giran en torno a la temática minera. Los textos y contextos contemplados en estas Crónicas mineras, escritas desde una perspectiva humanista y revolucionaria, además de ser un desafío contra la historia oficial impuesta por los vencedores desde la época de la colonia, reflejan las etapas más sombrías de un país asolado por los gobiernos oligárquicos y las dictaduras militares.

Escritor, periodista cultural y pedagogo, Montoya fue acusado por la dictadura militar de organizar actividades subversivas y por ello se le persiguió, se le torturó y se le encarceló. Partió exiliado a Suecia en 1977, tras haber sido liberado gracias a una campaña de Amnistía Internacional. El autor, fiel a sus principios ideológicos y su compromiso con la realidad social, forja una literatura de conciencia crítica, intentando recuperar los eslabones perdidos de la memoria histórica de los mineros, quienes, entre intermitentes pantallazos de triunfos y derrotas, marcaron el largo itinerario de las luchas sindicales del proletariado. Durante más de un siglo constituyeron la columna vertebral de la economía nacional y la fuerza revolucionaria que, desde su posición de vanguardia de la nación oprimida, señaló el camino a seguir para derrotar a los cipayos del imperialismo y construir una sociedad más digna y equitativa, enarbolando siempre las banderas de la libertad y la justicia.

Montoya, reconocido por su vasta producción como escritor, no deja de sorprendernos con estas crónicas que, a diferencia de su obra narrativa en el género del cuento o la novela, lo muestran de cuerpo entero, con sus preocupaciones más íntimas y sus experiencias adquiridas en el seno de los mineros, a quienes los considera los mentores de sus fundamentos ideológicos. Él mismo, refiriéndose a la gran influencia que el mundo de los socavones tuvo en su vida, afirma: “Los mineros han marcado a fuego mi vida y mi obra literaria. A ellos les debo mi conciencia revolucionaria y les estoy eternamente agradecido. Ellos fueron los maestros que forjaron mis ideales de justicia y ellos me enseñaron que la palabra libertad no es un concepto abstracto, sino un derecho fundamental que debe conquistarse para vivir en una sociedad más armónica y equitativa, donde todos seamos iguales y nadie sea más que nadie”.

Estas crónicas, cuyos temas fueron recreados sobre la base de un dato histórico, una fotografía, una anécdota o un fragmento de vida, son una suerte de testimonios personales y colectivos, un retrato de lo vivido y sufrido por una clase social que, desde la incorporación del sistema capitalista en la explotación de los yacimientos estañíferos, se organizó en partidos políticos y sindicatos para defender sus derechos más elementales de vida y de trabajo. Una actitud combativa que la oligarquía minera y los gobiernos proimperialistas respondieron con el fuego de las armas. No en vano las páginas de la historia del movimiento obrero boliviano, salpicadas con sangre minera y lágrimas de “copajira”, registran los acontecimientos más trágicos de la era del estaño, como fueron las estremecedoras masacres perpetradas con absoluta impunidad contra hombres, mujeres y niños.

Los distritos mineros fueron cuna de revolucionarios y semillero de guerrilleros, pero también los camposantos de innumerables héroes anónimos y los escenarios donde descollaron, con desbordante lucidez en la palabra y las ideas, los mejores líderes del sindicalismo nacional, quienes, asumiendo con dignidad el mandato de sus bases, no vacilaron en ofrendar su vida a la causa de los explotados dispuestos a vencer o morir en aras de la liberación nacional y la democracia participativa.

La estructura del libro es una suerte de galería, con hechos y personajes engranados en la historia del movimiento obrero boliviano del siglo XX. Las semblanzas de los líderes del sindicalismo nacional como César Lora, Isaac Camacho o Domitila Barrios de Chungara han sido trazadas a partir de los recuerdos que el autor conservaba en su memoria desde la infancia. Asimismo, las trágicas escenas de las masacres mineras, como la del 21 de diciembre de 1942 en los campos de María Barzola o la masacre minera de San Juan en la madrugada del 24 de junio de 1967 en Llallagua y Siglo XX, están escritas desde una perspectiva personal, pero sin eludir la rigurosa base documental, que es el principal soporte de cada uno de los textos.

Esperemos que estas Crónicas mineras, que nos entregan un puñado de finas estampas arrancadas de la veta más rica de la producción literaria del autor, sean un estímulo para rememorar las luchas sociales que permitieron conquistar mejores condiciones de vida y, al mismo tiempo, contribuyan a perpetuar la memoria histórica de los mineros, “palliris” y “amas de casa”, quienes, con legítimo derecho y autoridad moral, son los principales protagonistas en estas páginas escritas con la pasión del alma y el pensamiento anclado en el corazón.

  • Lourdes Peñaranda es bibliotecóloga

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