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¿Sonido contra cine?

‘Adán y Eva Newton’ se basa en el sonido 3D gracias a una orquesta de parlantes en sala

Escena • Una imagen de la película boliviana ‘Adán y Eva Newton’.

Escena • Una imagen de la película boliviana ‘Adán y Eva Newton’. Foto: Nícolas Drweski

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas

00:00 / 01 de noviembre de 2015

Antes de empezar la sesión, Nicolas Drweski, el director del filme, se dirige al público que está en la sala y explica: “La película que van a ver es diferente, no es a lo que están acostumbrados; a quienes están atrás, traten de colocarse en medio para vivir mejor esta experiencia”. Parlantes de diferentes tamaños distribuidos a lo largo y ancho de la sala, además de la presencia del realizador en cada proyección frente a una computadora/consola lo corroboran.

Adán y Eva Newton es un trabajo singular, mucho más cercano a una instalación sonoro visual que a una película narrativa per se.

El director es francés, radicado en Bolivia, y músico de reconocida trayectoria. En su trabajo destaca la utilización del acousmonium, una orquesta de parlantes para música electroacústica, un sistema que permite llegar a un efecto realista del sonido 3D. La técnica se desarrolló en 1974 por Francois Bayle y es muy utilizada en espectáculos en todo el mundo, pues resulta muy vivencial. Es especialmente efectivo en una sala oscura, donde se agudizan los sentidos y se logra crear imágenes auditivas.

Es así que Drweski instala su equipo en la sala de Multicine —en horarios de 19.50 y 21.50— y va trabajando el sonido del filme en vivo. Cada función es, entonces, una ejecución del artista; cada proyección de la cinta es diferente a las demás. En ese sentido, estamos ante una instalación sonora.

El problema surge con la contraparte: el cine. ¿Es más importante el sonido que la historia que se va a contar?

La trama se sitúa en el altiplano. En un restaurante en medio de la “zona desconectada”, un grupo de rebeldes se reúne y arma un complot para que se rechace un referéndum que permitiría la implantación de chips en la población. El líder de esta facción es Macqui, quien busca a su esposa, que ha sido capturada y que trabaja tocando la guitarra en un bar; juntos tratarán de impedir que los habitantes pierdan su libertad personal.

La historia —que bebe tanto de la ciencia ficción como del policial y el western— más que beneficiarse por el sistema de sonido, hace competencia con él y pierde. Es así que una conversación dentro del restaurante en la que se revelan los móviles para este boicot contra el sistema pierde importancia ante la recreación sonora de una lluvia, luego unos truenos y después estalla una tormenta sin que tenga el menor impacto en la imagen o en la trama. Es divertido distraerse escuchando los cambios del clima, pero es contraproducente si mientras tanto se brinda tanta información en diálogos, ya que la película es prácticamente textual, donde es más importante lo que dicen los personajes que lo que hacen.

Las actuaciones tampoco ayudan mucho, el guion es confuso y los personajes se apoyan solo en el discurso. El trabajo visual revienta sus cartuchos en la escena inicial de los créditos, sin volver a ofrecer nada más para impactar en las retinas. Es así que ante el sonido, el cine sale perdiendo.

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