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Stay Stay, la curaduría de Valeria Paz sobre Roberto Valcárcel

Tres salas reúnen la obra del artista conceptual Roberto Valcárcel en La Paz: Artespacio CAF (‘The hottest artist of the year’) Espacio Simón I. Patiño (‘Do be do be do’) y Museo Nacional de Arte (‘El arte no ha muerto’). Las muestras abrirán hasta noviembre.

El artista conceptual Roberto Valcárcel.

El artista conceptual Roberto Valcárcel.

La Razón (Edición Impresa) / Marisabel Villagómez / Historiadora

01:05 / 18 de octubre de 2017

Valeria Paz, curadora, recientemente graduada con un doctorado en la Universidad de Essex, ha demostrado recientemente la importancia de la curaduría en nuestro medio. Voy a esbozar cómo se construyó esta curaduría, a través de qué metodologías y cuáles fueron las estrategias para recomendarla como modelo a seguir en el entorno boliviano, para luego pasar a mencionar algunos de los temas que este ejercicio ha puesto en la mesa de discusiones.

¿Cómo se construye una curaduría profesional? Lejos de ser la improvisación semiguiada, a oscuras y en el tanteo etílico de una obra “under-construction”, Paz plantea un ejercicio exhaustivo de investigación de obra a la que organiza a través de las épocas temáticas de un artista que le sirve para hacer un comentario político, cuyo objetivo central es poder discutir los conceptos de “represión” y “libertad” en la obra de Valcárcel.

Por otro lado, Paz hace uso de aplicaciones metodológicas y teóricas que complementan y explican la obra del artista. No se imponen aquí el regimiento de palabrería vacua y el chismorreo infantil de “talcito dijo tal cosa” en la sala de una inauguración; más bien se busca la comunicación y cuestionamiento de una de las obras fundamentales de la Escuela de Frankfurt, la de Herbert Marcuse, para que sirva de guía al público. El chisme de pueblo chico deja de ser nuestra ventana de análisis de la realidad.

Además hay que añadir que el trabajo curatorial de Paz busca ambiciosamente la ocupación de tres espacios institucionales al mismo tiempo: la CAF, el Espacio Simón I. Patiño, y el Museo Nacional de Arte. En este sentido, cada uno de los curadores o regentes de los tres espacios hicieron una presentación agradecida que daba cabida al entendimiento estratégico de estos tres espacios que pocas veces han colaborado de esta manera, en una apuesta franca dirigida al arte contemporáneo. Esta última estrategia, Paz la ha logrado a través de la garantía de que cada espacio tendría un montaje temático único que correspondería a capítulos distintos de la investigación de Paz.

En Arte Espacio CAF se ve lo que corresponde al capítulo tercero en el que Paz apunta a Valcárcel buscando desentrañar y resistir el autoritarismo de la sociedad patriarcal a través del humor. En el Espacio Simón I. Patiño se plantea el erotismo, entendido en un sentido amplio por Marcuse como el axioma liberador de la opresión, como el eje conductor de la obra de Valcárcel después de la Bienal de Sao Paolo de 1983. Esta inauguración tuvo además la gran ventaja de tener juntos a Gastón Ugalde y a Valcárcel dialogando nostálgicamente de manera única. Por último, el espacio del Museo Nacional de Arte está organizado a través de la investigación del capítulo 2 de la tesis de Paz, en el que el objetivo es desenmascarar el autoritarismo del sistema del arte.

Con estas estrategias curatoriales, Valeria Paz ha logrado establecer a Roberto Valcárcel, un artista de trayectoria y considerado ampliamente por el público en general y el especializado como el mayor artista contemporáneo boliviano, en el más vigente de los artistas contemporáneos. ¿Cómo se construye un artista contemporáneo boliviano? A riesgo de equivocarme, esbozaré algunos elementos de la magna ópera presentada en las tres instituciones que hacen de Valcárcel el más importante artista contemporáneo.

Más que una presentación formal de los contenidos de las obras quiero subrayar algunas de las actitudes que permitieron a Valeria Paz entender la obra de Valcárcel a través de la teoría Marcuse. La primera que resulta evidente es que el artista contemporáneo es un crítico social: crítica que Valcárcel ejerció ampliamente desde sus primeros gritos (que hacen alusión a una situación históricamente específica) hasta los más hilarantes personajes (que hacen alusión a situaciones más universales y perennes). Es notable que Valcárcel logra reacciones que parecen humorísticas en superficie, pero que en el fondo, parafraseando a Freud, demuestran que ningún chiste es un chiste solamente.

La segunda actitud que hace de Valcárcel un artista contemporáneo vigente es que es “sexy”, entendiendo el erotismo en el sentido de que Valeria Paz recoge: el erotismo “liberador” de Marcuse. En esto, Marcuse toma el antagonismo que ya había establecido Sigmund Freud a principios de siglo XX, el de Eros y Tánatos: todo Eros es instinto positivo de vida; todo Tánatos busca destrucción y muerte. Para Marcuse, ya en el contexto de la modernidad pos Segunda Guerra Mundial, este antagonismo se lee a través del lente de la derrota de los nazis por los EEUU.

Y es quizás éste el mismo antagonismo que construirían los conceptos occidentales de la Guerra Fría. ¿Cómo se hace esta dicotomía vigente hoy? La relación entre Eros y Tánatos produce reacciones agresivas al esfuerzo civilizador, pareciera que Freud ha explicado la estructura misma de la civilización y su autoritarismo intrínseco. ¿Cómo evade a este autoritarismo Valcárcel? Más allá de Marcuse, quizás el concepto de floating signifier de Judith Butler explica mejor las estrategias que una discusión sobre erotismo puede provocar. Los “significantes flotantes” son emisores de forma que dejan al espectador que complemente los significados de la obra a la que se enfrenta. Valcárcel construye éstos de manera ejemplar haciendo que cada interpelado cree sus propios contenidos. Quizás el ejemplo más saliente en este sentido en la tesis de Valeria Paz sean las interpretaciones de Teresa Gisbert y Pedro Querejazu de Historia con Campo de Alcachofas, que sin estar erradas, no son las únicas interpretaciones posibles. Una obra como ésta podría tratar acerca del estado narcomilitar como también podría ser una crítica al ultranacionalismo de nuestro proyecto nacional-popular. Dice Zavaleta Mercado que los bolivianos tenemos una frontera mental tan afincada en el conservadurismo liberal que no podemos deshacernos de ésta ni en nuestros mejores intentos revolucionarios. La inercia de la paradoja señorial hace imposible que querramos algo más allá del proyecto nacional-popular (reciclado hoy en propuestas tan supuestamente espectaculares como los cholets de Mamani Silveti), pero hacen posible también el brío de Valcárcel, su rebeldía e intención provocadora.

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