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Superhéroes con mensajes filosóficos

Dos de los cómics más populares ofrecen muchas lecturas sobre el monopolio de la violencia y la justicia, mediante unos personajes de mentes complejas.

Superhéroes con mensajes filosóficos.

Superhéroes con mensajes filosóficos.

La Razón (Edición Impresa) / Juan José Cabrera / La Paz

08:39 / 07 de noviembre de 2016

Desde los atentados del 11 de septiembre de 2001 el cine heroico volvió a las principales producciones de Hollywood. Los cómics de superhéroes encajan perfectamente en este género, y en 2016 se estrenó la esperada Batman vs. Superman, el Origen de la Justicia o Capitán América Civil War. Las películas de superhéroes han batido récords de taquilla y el superhéroe, como en la época dorada (1938– 1945), se ha vuelto a convertir en un ícono cultural que porta mensajes filosóficos que pueden iluminar nuestras vidas con unas historias que dan pie a muchas lecturas.

Realizando un viaje de 30 años al pasado nos encontramos con dos novelas gráficas: The Dark Knigth Returns (El regreso del Caballero Oscuro), de Frank Miller —que sirvió como inspiración para Batman Vs. Superman— y Watchmen (Vigilantes), de Alan Moore, dos historias que cambiaron la forma de cómo debemos ver y sentir a estos personajes. The Dark Knigth Returns reinventa dos de los superhéroes más antiguos del cómic y Watchmen presenta un mundo superheroico nuevo. El filósofo británico John Locke expuso en el siglo XVII que una condicionante de la sociedad civil es que todo miembro de ella debe renunciar al derecho a la venganza personal y lo debe delegar al Gobierno, el cual se ocupará de evaluar y dictar sentencia con objetividad: se convertirá en el vigilante.

Cuando apareció Batman en 1939 su función fue la del vigilante por excelencia, con una tara psicológica obvia nada más verle: hay un proceso mental que el personaje debe mantener un equilibrio entre la venganza y la justicia basado en su historia: su identidad secreta, el asesinato de sus padres, el murciélago que entra por la ventana y se convierte en el símbolo de su cruzada… A lo largo de su longeva carrera ha cumplido la función de un agente parapolicial que disfrutaba de una relación cercana con las autoridades pero que no se limita a obedecerlas.

En The Dark Knigth Returns, el cómic, el ya sexagenario y retirado hombre murciélago vuelve para una última limpieza de su amada Gotham City. Se enfrenta a una amenaza mutante armando un ejército anarquista que desestabiliza a todo el Gobierno. Termina batiéndose con el más poderoso agente del Gobierno norteamericano y guardia personal de Ronald Reagan: Superman. En esta historia Miller analiza explícitamente las cuestiones morales relativas a la actitud parapolicial de los superhéroes, por lo que supuso una revolución en el subgénero de los superhéroes. Watchmen se convirtió en símbolo de una era de superhéroes más violentos y moralmente complejos, pues no obedece a los patrones habituales del género. El mundo narrado por Moore es para las historias de superhéroes lo que Don Quijote es para las novelas de caballería: una obra que desmonta a todo el género, y que lo lleva a fronteras expresivas nunca imaginadas hasta ese momento.

Watchmen plantea qué habría ocurrido si la publicación del primer cómic de Superman, en 1938, hubiera movido a personas de carne y hueso a convertirse en justicieros autónomos y enmascarados que salen a las calles y cumplen la función de la Policía. Este relato ahonda en la psicología ética y política de la justicia paralegal. La obra se desarrolla en una realidad alternativa que refleja fielmente el mundo de la década de 1980. Los superhéroes son percibidos en un primer momento como auténticos dioses merecedores de adoración y aceptación por parte de la sociedad, en especial el Dr. Manhattan. Más adelante realiza una deconstrucción de dichos personajes, que revela defectos que los hacen ver peligrosos e inestables a ojos de la gente.

Todos los personajes en Watchmen parecen ser psicológicamente insanos. El Comediante es un bruto y un sádico, el Doctor Manhattan se halla tan distante del mundo humano que es incapaz de comprender nuestras emociones y hasta Nite Owl (búho Nocturno) tiene sus secretos y fetiches personales. Rorschach adolece del trauma de una infancia de abusos y, en muchos aspectos, ha desarrollado una inadaptación emocional y psicológica. Usa la violencia contra el crimen de forma implacable, aunque su compromiso con la justicia parece genuino y nada vacilante. Pero este es el personaje más coherente, es un perturbado fascista pero también el único que mantiene una moral humana, donde lo decente es no matar a inocentes y, en todo caso, ser responsable de los propios actos.

Un rasgo inquietante de la nueva narración de Moore se basa en el asesinato de Klitty Genovese, apuñalada en Nueva York en 1964. La prensa reveló que 38 personas fueron testigos del crimen y no hicieron nada, ni siquiera llamar a la Policía. Todo lo contrario ocurre en Watchmen: las noticias del asesinato hicieron que el hombre que luego se convertiría en Rorschach sintiera “vergüenza de la humanidad”. Así, a la única persona que emprendió la acción e inició una campaña contra el crimen cualquiera la consideraría profundamente perturbada.

Uno de los epígrafes dentro de Watchmen es el aforismo del filósofo Friederich Nietzsche: “Quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo. Cuando miras largo tiempo a un abismo, también éste mira dentro de ti”. Rorschach o el mismo Batman siguen este consejo, pues todos los días encaran y asumen un riesgo doble al enfrentarse a monstruos. La megalomanía se aborda en la novela, pero no por medio de los villanos convencionales sino de forma muy irónica: el supermalo de la historia de Moore resulta ser uno de los héroes públicos de vestimentas brillantes y que ostenta una mayor popularidad entre la opinión pública en general y el Gobierno.

Ozymandias, el hombre que se alza como el más inteligente de los vigilantes, es una persona megalomaniaca que adopta como modelo a Alejandro Magno, predice la destrucción del mundo por un holocausto nuclear y concibe el plan de una falsa invasión alienígena de la ciudad de Nueva York en la que mueren 3 millones de personas. Cuando es descubierto por los otros vigilantes, él los convence para mantener la mentira, pues la verdad eliminaría el único beneficio que podría haber justificado todas las muertes y la situación resultante sería mucho peor.

Rorschach rechaza el razonamiento utilitarista aplicado de que puede ser bueno y correcto causar daño y padecimientos generalizados de inocentes en busca de un bien mayor. ¿Este superhéroe inteligente y popular se ha convertido en un monstruo o tan solo en un salvador incomprendido? ¿Rorschach tiene razón al rechazar la ética utilitaria que se emplea para racionalizar el asesinato de millones? Moore plantea si estamos preparados para transformar nuestro mundo y lograr que no necesite la salvación extraordinaria a manos de un superhéroe.

Tanto The Dark Knight Returns como Watchmen plantean un argumento donde la opinión pública se ha vuelto en contra de los superhéroes y sus acciones se criminalizan de forma expresa, salvo cuando trabajan para el gobierno, como es el caso de Superman, El Dr. Manhattan y el Comediante. También se muestra la desconfianza de la gente en estas figuras ya sea por miedo o envidia por el poder que ellos representan.

Han pasado 30 años de la publicación de estas obras de cómic y sus historias han cambiado la forma de pensar y evaluar a los superhéroes, que deben ser vistos desde un punto de vista psicológico, filosófico, sociológico y comunicacional. Desde Batman hasta Rorschach, Moore y Miller nos obligan a reconsiderar el papel y función que cumplimos en la sociedad: no es necesario que actuemos como Superman o el Búho Nocturno, basta con que hagamos lo correcto a su debido tiempo.

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