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TEATRO NUNA - el epicentro escénico de la zona Sur

Danza, música y teatro son  los pilares que  sostienen este espacio que celebra sus dos años con un festival

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas

00:00 / 04 de octubre de 2015

En algún momento estuvo ahí la discoteca Osiris. Luego hubo oficinas. Después recibió a una de las primeras versiones del Mercadito Pop. Y cuando estuvo a punto de transformarse en una sala de ensayos para danza contemporánea, entró en escena Luis Daniel Iturralde —recién llegado tras una década en Canadá— para soñar un teatro que albergase las artes escénicas y ofreciese a los artistas facilidades técnicas. Han pasado dos años y el espacio de arte Nuna celebra haberse convertido en el epicentro cultural del sur de La Paz.

La casa donde está el Nuna —“alma”, traducido del quechua— pertenece a la familia Montes de Oca. Ubicada en la calle 21 de Calacoto 8509, entre la entrada a Los Pinos y la avenida Costanera, casi en la parada del PumaKatari, experimentó varias transformaciones, necesarias para convertir una residencia familiar en un escenario.

“Mi hermana Adriana es bailarina contemporánea en la Compañía Gaviota, y con ayuda de mi papá, que es arquitecto, estaba acondicionando el lugar para una sala de ensayos. Pero yo vi la oportunidad de hacer algo más grande: un café-teatro”, cuenta Iturralde.

Todo el crédito del diseño del espacio y las graderías replegables es de su padre, quien logró un espacio funcional y que se puede acomodar como sala teatral convencional o como un café, con sus mesas y sus sillas. Incluso propuestas como la de danza contemporánea Like,  la obra de teatro El crimen o el musical Despertando en primavera presentaron puestas más contemporáneas, con escenarios circulares o en pasarela.

Es de mañana en el espacio Nuna, y los primeros alumnos llegan a una de las salas para pasar clases de yoga con Adriana. Ése es un secreto de la sostenibilidad: no solo se presentan espectáculos, sino que por las mañanas y por las tardes se ofrecen clases de zumba, de danza contemporánea con la compañía Gaviota y Truddy Murillo, de actuación con Pato Hoffman y de artes marciales como aikido o la espada japonesa.

Memorias. Llega a la sala Daniel Iturralde. Si no ejerce de gestor cultural en Nuna, está dirigiendo su grupo de percusión urbana Bloco Runatiña o ensayando como baterista con las bandas Illapa o La Burkina. Esta mañana se toma un respiro para un café y para hacer un recuento de estos dos años.

Si bien la inauguración del centro cultural ocurrió en junio —el día 7— de 2013, el festejo se celebra este mes de octubre, con un festival que resume los géneros que se han podido disfrutar en Nuna en este tiempo.

“Presentamos un espectáculo del estudio de danza contemporánea Gaviota, al conjunto vocal Voz Abierta, a Bloco Runatiña y a la Big Band Bolivia”, cuenta Iturralde. El humo del café sobrevuela la mesa instalada en medio de la sala de ensayos vacía, que de noche se transforma en platea de teatro.

El músico vio en Canadá cómo los cafés-teatro albergaban espectáculos de calidad, con mesas donde se puede servir un vino o piqueos. “Hay dos teatros en la zona Sur, y ambos pertenecen a colegios: el Calvert y el Francoboliviano. Al final no tienen la disposición de atraer artistas simplemente porque no es su objetivo, no viven de eso. Nosotros sí, y esto nos obliga a tener  una cartelera mensual constante”, reconoce.

Nuna cuenta con un escenario de 11 metros de largo por ocho de profundidad y 22 luces: 10 son LED y el resto halógenas, que se usan más en las obras de teatro. Para el sonido se cuenta con un equipo completo que se refuerza según los requerimientos.

“Hasta ahora hemos tenido artistas de gran calidad. Creo que es porque hemos puesto precios módicos que atraen a elencos serios; ni muy barato como para que vengan todos ni muy caro para que no venga nadie. Si bien en días de semana hemos tenido a escuelas, tratamos de no bajar el nivel. De hecho, muchas de estas escuelas ofrecen muy lindos espectáculos. Un elenco serio también es consciente del riesgo de que no se llene el teatro”, agrega Iturralde.

La capacidad de la sala es también dúctil. Con graderías y sillas pueden entrar 200 personas cómodamente sentadas. Con graderías y mesas se recibe a 150 y solo con mesas ingresan algo más de 100. “Lo bueno es que si vemos que no hay mucha gente podemos adelantar las graderías y optimizar el espacio. Si van 50 espectadores no se ve vacío, siempre hay formas para que el artista no sienta que hay poco público”. No siempre es posible. Como nota curiosa, un elenco tuvo una función con un solo espectador. Y el artista, demostrando su profesionalismo, interpretó la obra para esta persona.

ESCENA. Los conciertos de música son los que más público suelen atraer. En el caso de bandas de rock, Iturralde trata de que sean propuestas más acústicas, para brindar otro tipo de espectáculo. Si bien se vende vino, tragos y comida, no se puede fumar en sala; algo que los músicos agradecen.

El teatro es lo más complicado porque a veces las propuestas son experimentales y no atraen a mucha gente y porque los montajes son más costosos. Un reto para el equipo técnico de este espacio.

“Llegué al Nuna un mes después de que se inauguró. Estamos trabajando la iluminación en todas las obras y logrando lo que se busca, intentando dar lo mejor”, recuerda Diego Ayala, responsable técnico de la sala. “Lo más bonito es ver la satisfacción de los artistas después de haber hecho un buen trabajo. Cada obra es un desafío”.

Las temporadas largas son posibles, algo impensable en otros escenarios. Obras de Mondacca Teatro han sido muy exitosas, y también El Pacto de Camila Urioste. El teatro popular también ha estado presente con ocho funciones de la compañía de Iván Cornejo.

Entre los públicos fieles destaca el de la danza, aunque se ofrezcan propuestas más abstractas. Tanto así que Danzénica tiene en el Nuna a una sede asegurada cada año. Este festival, como el Fitaz (de teatro) y el Festijazz, han afianzado los lazos con los gestores culturales y han servido para que Nuna sea auspiciador y se proyecte a mayor cantidad de gente.

Ahora el Nuna presenta su primer festival propio, donde el nombre del espacio brilla solo. A Iturralde le acompañan Ayala, Mariela Jordán (producción), Ramiro Núñez (coordinación) y Ariel Enríquez (secretaria) en esta nueva etapa. “El teatro nunca va a morir: en medio de tanta tecnología presentamos arte en tiempo real”, explica el gestor que espera ver que el Nuna, muy pronto, se convierta en un completo centro cultural.

Un espacio donde entienden tu trabajo

La dramaturga Camila Urioste fue la primera en presentar sus obras

Camila Urioste - teatrista

El Nuna es un sitio muy especial para mí porque es allí donde presenté mis primeras obras. Lo hemos estrenado en agosto de 2013 con la obra El crimen, estaban recién terminando de remodelar el teatro. Fue un trabajo muy importante, tanto para mí como para toda la gente del teatro.

Con El pacto fue lo mismo: diseñamos la obra específicamente para ese espacio. De hecho, el director del Nuna, Luis Daniel, me pidió recién presentar una obra y no tenía ninguna en cartelera. Me preguntó si podía presentar El crimen, así que armamos un equipo a la rápida para hacer una nueva versión para el festejo del Nuna.

Cuando comenzamos pudimos hacer temporadas de dos semanas. Ahora el espacio está más requerido, pero aun así se puede. Luis Daniel está comprometido con que su espacio funcione bien y se pueda crear un espacio lunes y miércoles. Lo han ampliado y tiene una nueva sala de danza. Es un espacio donde se puede negociar porque sí entienden tu trabajo.

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