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‘Kaikeo’ con ‘Un Buen Morir’

La nueva obra de Teatro de Los Andes abrió la semana de Nuna Fest con una puesta en escena sobre el amor y la muerte.

La nueva obra de Teatro de Los Andes

La nueva obra de Teatro de Los Andes

La Razón (Edición Impresa) / Erick Ortega

19:00 / 08 de octubre de 2018

Un Buen Morir, la más reciente puesta en escena de Teatro de Los Andes, narra la historia de una pareja de artistas que vive ante el dilema de la despedida. Despedida vista y sentida principalmente desde la proximidad de la muerte. Un Buen Morir… morir con dignidad, no es igual pero es lo mismo.

Los diálogos —una genialidad de Álex Ayllón— contienen frases de antología. “¡Maldición! Nunca digas adiós si no puedes hacerte cargo de esa palabra. Decir adiós es un arte que madura con los años. Es una palabra lluvia, una palabra tormento. Uno aprende a decir adiós cuando aprendes a vivir y a despedirte de la vida”.

La inminencia de lo trágico es pues recurrente en Un Buen Morir. Pero hay más, existe esa idea de que la despedida forma parte de lo inevitable. Pero inevitable es una palabra muy grande, incluso encima de las tablas.

Volviendo a la pareja, Eusebio (interpretado por Gonzalo Callejas) y Amparo (Alice Guimaraes) se cuestionan por la despedida “inevitable” o “inminente” (que para el caso resultan siendo palabras hermanas).

Ahí está la escena en la que ambos se acercan hasta tomarse las manos. Y sí, se acercan para despedirse. “Adiós”... “creo que es lo mejor para nosotros dos”... “pero quiero que sepas que te quiero mucho”... “yo te quiero mucho”... “si nos queremos mucho ¿Por qué nos estamos despidiendo?”.Lo mismo pasa cuando hablan de extrañarse. “¿Por qué nos separamos si nos queremos y nos vamos a extrañar?”. Y así se despiden, pero sin separarse.

Aquí viene el kaikeo (entiéndase esta palabra como el acto de “sincerarse”, mejor si es con un par de tragos servidos en una copa rota) de la puesta en escena. Una otra forma de ver la obra es a partir de todo lo que hay antes de la despedida, el encuentro, el enamoramiento. El aferrarse a (canta Queen) esa pequeña cosa llamada amor. Y acá la apuesta es valiosa, aunque ésta parece pasar a un segundo plano.

Él le dice a ella que va a llover y ella toda incrédula mira el cielo y niega que esto vaya a suceder. “No hay una sola nube”, cuestiona Amparo. Entonces Eusebio (quien es interpretado por Gonzalo Callejas, pero además le da vida al personaje con su existencia real) tira de una cuerda y una cortina de lluvia va cayendo lentamente. “Es que soy escenógrafo... bueno, también soy actor, pero me gusta más ser escenógrafo”.

Inmediatamente él saca un paraguas casi de la nada y ella exhibe una sonrisa que es un todo. Es pues una imagen que se parece tanto a las locuras que mueven a quienes creen ver la luna llena en medio de nubes. Magia pura nomás, a fin de cuentas.Eusebio lanza una frase que invita a creer en lo imposible, aunque tiene, sí, algo de la inocencia de Forrest Gump: “No sé contar buenos chistes. Tampoco tengo historias de viajes y aventuras. Mi vida ha sido de lo más simple... Yo solo me siento y te observo. Podrás decir que soy aburrido, pero hago algo que otros no pueden hacer. Mientras te miro puedo tocarte el alma...”

Acá es cuando Un Buen Morir muestra solo una parte de la magia de Teatro de los Andes. Ese suspirar del público desde dentro para sacar afuera una sensación que se camufla en un silencio casi respetuoso de la escena.

El kaikeo sigue... porque Un Buen Morir jamás llega a ser cursi, pero sí muestra que es posible amar sin decir te amo y sí es posible hacer feliz a alguien cuando se conoce a la otra persona al punto de saber con cuántas cucharadas de azúcar le gusta servirse una taza de café. O, como casi en el final de la obra, ella demuestra que ubica un grano en el pie de su amado.

Es que además de Un Buen Morir, en la obra hay mucho de Un Buen Vivir (también con mayúsculas) porque sí es posible que dos personas comulguen y compartan un sentimiento sin caer en frases baratas, pero sí adentrándose en sentimientos caros.

Hay además pactos, pactos que incluyen sacrificios y que se deben cumplir porque para eso son estos amarres entre las personas que se quieren.

La costumbre, quizás en este caso la palabra correcta sea acompañamiento... sí, el acompañamiento juega también un papel clave, ¿de qué otra manera se puede conocer a una persona si no es estando a su lado al caer y levantarse? Ser como esa pita que saca del foso a la pareja y al mismo tiempo convertirse en la soga que alza al cometa y lo lleva a volar por los aires.

Es que Un Buen Morir tiene todas las lecturas y cada espectador tendrá su interpretación propia. En este caso se trata de un kaikeo. El final es predecible porque después de todo, las despedidas están ahí para ponerle un punto final a cualquier narración.

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