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Testimonios de gente corriente

En ‘Voces de Chernóbil’ Svetlana Alexiévich cede la palabra a las almas desgarradas para siempre

Desastre • El accidente nuclear terminó con una forma de ver el mundo.

Desastre • El accidente nuclear terminó con una forma de ver el mundo. Foto: elcorteingles.es

La Razón (Edición Impresa) / José Emperador

00:00 / 01 de noviembre de 2015

Una Nobel de Literatura silente. Porque en Voces de Chernóbil, la autora, Svetlana Alexiévich, calla. Su voz hace poca falta, ya que los testimonios que la bielorrusa recientemente premiada reproduce en su libro bastan para retratar con exactitud el terror, la indignación y la desesperanza: “Escribo y recojo la cotidianidad de los sentimientos, los pensamientos y las palabras. Intento captar la vida cotidiana del alma”, escribe. Y lo logra.

En el libro las palabras suenan comunes pero su contenido, no. Porque lo que se lee son monólogos de gente corriente enfrentada a lo terriblemente extraordinario: los recuerdos y las consecuencias —éstas sí cotidianas y casi eternas— del mayor accidente nuclear de la historia. Ocurrió en la central de Chernóbil, Ucrania, en 1986, como adelantando la quiebra y desaparición de la Unión Soviética: “Para algunos Chernóbil es una metáfora. Un símbolo. En cambio, para nosotros es nuestra vida. Simplemente la vida”.

Voces de Chernóbil y La guerra no tiene rostro de mujer —las dos obras de no ficción de Alexiévich traducidas al español— ya se pueden comprar esta semana en La Paz. Quien lo haga y decida leer la primera de ellas hará bien en prepararse antes de enfrentarse a tanta realidad directa y descarnada, sin atenuantes ni adornos, llena de penas y casi vacía de esperanzas. Quizás solo así se pueda retratar el desastre de Chernóbil a través de quienes lo sufrieron, lo sufren y por generaciones lo sufrirán. Un cataclismo que terminó con miles de vidas de las que queda poco rastro oficial, con una forma de ver el mundo y con lo que Alexiévich llama “el hombre soviético”: una peculiar mezcla de valor, inconsciencia, ingenuidad, perversidad, molicie, perseverancia, cobardía, amor y crueldad.

Recuerda a los también héroes cotidianos de Vasili Grossman que, como ellos, enfrentan lo sobrehumano, en su caso la guerra y el estalinismo.

Así eran los ciudadanos que hablan en Voces de Chernóbil cuando se encontraron atrapados entre unos gobernantes mentirosos y canallas y una radiación asesina que ataca a traición porque ni se ve, ni se toca, ni se huele. Y todo en medio de un paraíso natural que quedó irremisiblemente contaminado y se convirtió en enemigo mortal para quienes lo habitaban: “El miedo dejó de aparecer separado de la belleza, y la belleza, del miedo. El mundo al revés. Chernóbil”, dice Alexiévich.

Por eso no es fácil encontrar algo bello en un libro que no hace concesiones al estilo literario según se suele entender. Ni tampoco al periodístico, a pesar de estar compuesto exclusivamente de entrevistas. La autora renuncia a cualquier mediación y —desde el magnífico y desgarrador primer capítulo— convence al lector de que se deje tomar de la mano y se sumerja con ella en aquella fea realidad, con sus protagonistas como únicos guías, saltándose la propaganda, las estadísticas y los datos científicos. Éstos no tienen ni la vida ni el alma que le interesa a Alexiévich. La gente corriente, sí.

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