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Tirate un Laik!

Una reseña de la obra de danza y performance de Nothing but Mammals

laik • Maque Pereira y Sofía Calizaya. La obra se presentó el fin de semana.  Foto: Iaik Valentiva Valdivia

laik • Maque Pereira y Sofía Calizaya. La obra se presentó el fin de semana. Foto: Iaik Valentiva Valdivia

La Razón (Edición Impresa) / May Carmen Ergueta - espectadora

00:00 / 14 de diciembre de 2014

Una bandeja de entrada es angustiante. Una página de inicio, prolongada por el adormecido movimiento de un scroll siempre bien dispuesto. Actualizaciones, notificaciones, tweet, tweet, tweet. La angustia tiene que ver no tanto con que las cosas ocurran, sino con el hecho de que pasen, es decir, hagan su aparición y su desaparición. La dinámica de la virtualidad es tirana: aburre lo que permanece. Por eso, la angustia es un estado siempre anticipado, una especie de paranoia: angustia por lo que no pasaría, cuando todo parece pasar, o una búsqueda dramática de cualquier cosa, es decir, nada importante pero lo más importante, que nunca se encuentra.

Las redes sociales se han convertido en el oficio de la angustia: compartir, vincularse con otros usuarios, estar actualizado, saber todo lo que hay. Con una obra que conjuga la danza contemporánea, el performance, la música y las nuevas tecnologías, los procesos de este oficio se reducen a un gesto: la exposición.

Reducción en su sentido culinario, o sea un proceso de concentración o espesamiento de una sustancia líquida mediante evaporación y ebullición; la finalidad de una reducción es conseguir que una salsa o un caldo tengan un sabor más concentrado y logren “cuerpo”. Laik!, creada e interpretada por Maque Pereyra (dirección), Sofía Calizaya y Paolo Vargas (todos ellos, Nothing But Mammals), pone en ebullición los usos y costumbres de los sujetos de esta era, es decir, de los sujetos y su accionar, dentro y fuera de la pantalla, como si todo ocurriera en una red social. Usuarios no ciudadanos. Que no se apasionan por las cosas, sino que le ponen un like, favean o retuitean. Seguidores, solicitantes, vinculados por la necesidad recíproca de información.

La reducción que hace Laik! pone en escena una serie de gestos, en atmósferas que parecen ventanas o páginas de internet. Hay una vocación por mostrar todo a través de la hipérbole y la repetición: la concentración de un caldo tiene que ver con la elección de un exceso, consumible solo en pequeñas cantidades y mezclado con otros insumos, pero exceso finalmente, demasía que pudiera ser ingerida hasta el hartazgo.

Este hartazgo es una sugerencia en Laik!, a través de los personajes que construye y que se expresan dramáticamente, en el sentido performativo, pero sobre todo en el emocional. Exponerse es abrir la vulnerabilidad al mundo, el cuerpo como escenario: para la moda, para la música, para la sexualidad, para la política, para hablar de “lo que una mujercita o un hombrecito debe ser”. El proceso de Laik! es el de la interpelación, a imagen y semejanza del mundo virtual, lo que se espera del espectador no es solo la mirada, sino el aliento para inflar globos, cantar con karaoke o tirarse un paso. (La obra Laik! se presentó el sábado 6 y el domingo 7 en el Teatro Nuna de la Calle 21 de Calacoto.)

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