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Títeres aprender y convivir

El teatro boliviano para niños articula la imaginación, lo lúdico, la técnica actoral, las fábulas y los relatos para que el público participe y aprenda a convivir jugando

La Razón (Edición Impresa) / Karmen Saavedra Garfias - autora y directora de teatro

00:00 / 10 de mayo de 2015

El teatro infantil y los títeres suelen pasar desapercibidos frente al teatro para adultos en la ciudad de La Paz. Los pocos comentarios sobre teatro que se escriben están centrados en la producción y las funciones del teatro para adultos. Hace algunas décadas, el desinterés por el teatro infantil y por los títeres se justificaba ante la ausencia y la baja calidad de los trabajos escénicos en este ámbito. Por la demanda educativa de las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) en los años 90 proliferaron las propuestas de títeres con historias moralizantes, falta de técnica y mala elaboración de las figuras. Sin embargo, hoy en día, tanto el teatro infantil como las propuestas escénicas de títeres van cambiando esa percepción para alegría de los niños y de los adultos.

Si actualmente el teatro para adultos en la ciudad de La Paz se presenta sin muchas sorpresas y —a decir de algunos comentarios— se encuentra en un estado de anonadamiento y esquematizado, en búsquedas que no se materializan en las realizaciones escénicas, no se puede decir lo mismo del teatro para niños y de los títeres. Una prueba de ello fueron las funciones para niños del 3º Festival Internacional de Teatro de Grupo Knots/Nudos organizado por Teatro Grito, del 25 de enero al 8 de febrero. Las propuestas teatrales que presentaron los grupos de teatro de La Paz generaron experiencias que articularon la imaginación con lo lúdico, y la técnica actoral con las fábulas y los relatos.

JUEGO. Una segunda prueba fue Titedanzante 2015: Festival Nacional de Títeres, organizado por Títeres Elwaki de Cochabamba, que se llevó a cabo del 11 al 15 de marzo en la Cinemateca Boliviana. Para sorpresa de los asistentes, las cinco propuestas no solo presentaron ante los ojos de los niños y de los adultos figuras bien elaboradas, buenas escenografías de teatrino y adecuada luminotecnia, sino que las historias estaban propuestas a partir de una dramaturgia que no veía al niño como un recipiente de moralejas, sino como alguien que valora el juego y valora su rol en el juego. En muchas de las funciones era explícita la reacción agresiva de los niños ante una primera percepción de los personajes divididos entre buenos y malos. La percepción iba cambiando en el transcurso de la historia, y hacía que el niño tuviera ante sí personajes y situaciones que le hacían interrogarse antes que afirmar. Como la niña de El regreso del lobo, que se debatía entre la obediencia y la desobediencia a la madre. Las historias presentadas en Titedanzante invitaron a los espectadores a abrirse al juego, a valorar la convivencia y el encuentro en un espacio físico donde se generó energía y ternura entre los títeres, los niños, niñas y adultos.

EMOCIONES. La tercera prueba fue Kusisiña 2015: Festival de Teatro para la Infancia organizado por el Gobierno Autónomo de la Ciudad de La Paz, Ciudad Amiga de la Infancia, Museo Pipiripi, Artepresa, Fitaz y el Espacio Simón I. Patiño, y que se realizó del 8 de abril al 12 de abril en el museo Pipiripi. Las funciones del Kusisiña estuvieron destinadas a escuelas y colegios. Las funciones del sábado y domingo fueron las excepciones y pese a eso estuvieron tan llenas como las otras. Los grupos que presentaron sus propuestas en dos funciones al día fueron: Purgatorio con El zorro y la muerte, Phaxsi Teatro con El cóndor y el zorro, Choque de Naranjas con Paloma de vuelo popular, Grupo actoral Uma Jalsu con Momotaro y Uma Jalsu con El Coloradito de Aplomo.

En las funciones del Kusisiña y ante la presencia de tantos niños y niñas era fácil de comprender que en el teatro infantil, más que en el teatro de adultos, la coproducción del hecho teatral es fundamental. Los niños y niñas con uniformes encima estaban dispuestos a abrirse emocionalmente si los actores y actrices entregaban sus historias con toda su energía. Ante el primer descuido o ante la pausa injustificada reaccionaban con comentarios directos alusivos a la situación que los personajes experimentaban.

En El cóndor y el zorro los más pequeños, mediante sus gestos, se aliaron con el cóndor y abucheaban al zorro en tanto que los más grandes disfrutaban de alentar al zorro y de la ambigüedad de sus actos y de su carácter.

Tanto los pequeños espectadores como los grandes celebraron la dinámica puesta en escena y los elementos con los que las dos actrices instalaron el juego de la ficción. En Paloma de vuelo popular los más chiquitos disfrutaron de la atmósfera rapera que crearon los personajes y del ritmo con el cual se compartió la historia de la pelea de dos lagartijas, pelea que no es asunto de nadie y termina siendo asunto de todos. Aunque se notó que los dos actores todavía lidiaban con la expresión corporal, era claro que la propuesta —con algunos ajustes— puede tomar vuelo en ese acierto de mezclar el rap, la narración oral y la teatralización.

Momotaro fue quizá la propuesta más completa y lamentablemente la más corta. La historia de un niño de Japón que, con ayuda de unos animales, vence a los demonios se materializa en una puesta en escena en la cual la manipulación de pequeños objetos entra en relación con el cuerpo de la narradora y la expresión mímica, gestual y corporal de la actriz.

El Día del Niño, El coloradito de Aplomo fue presentado en tres funciones, las tres con lleno total. Aunque la historia del coloradito que pierde una pierna en la guerra del Litoral —lo que es trágico porque está enamorado de una enfermera amante del baile— puede no estar dirigida para los más pequeños y pequeñas, la propuesta se sostiene ante un mundo de ficción lleno de detalles y creado por marionetas perfectamente manipuladas.

DETALLES. Si bien este teatro infantil presente en el Kusisiña todavía requiere de afinar pequeños detalles de dramaturgia y técnicas de actuación, por lo ya mostrado y experimentado se podría decir que han encontrado una senda y unas coordenadas para seguir. Sobre la función en el Kusisiña de El zorro y la muerte solo pude ser testigo de la sonrisa de los niños  que —al final de la función y motivados por el espectáculo— se dirigían a la carpa teatro del Espacio Patiño, para disfrutar encontrando en su cuerpo expresiones, emociones y sentimientos y experimentar transformaciones gracias al maquillaje teatral.

Después de los tres eventos y a un año del Fitaz vale preguntar, ¿para qué debe servir el teatro infantil? pedagogos y educadores seguramente encontrarán muchas respuestas a esta pregunta y los actores, directores, dramaturgos de teatro infantil también. Una espectadora —de lo que sucede en el escenario y del maravilloso hecho teatral que se da entre actores y espectadores— probablemente diría que para jugar, es decir, para no renunciar a la dimensión lúdica, con la cual el aprendizaje y el teatro cobran sentido al hacer que lo cotidiano se convierta en un saber jugar en convivencia.

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