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Tradición y modernidad del arte guaraní en Bolivia

La exposición que se inaugura el jueves 13 de marzo hace visible la riqueza oral del pueblo guaraní y pone en valor los componentes filosóficos y espirituales que sostienen su creación artística

La Razón (Edición Impresa) / Rubén Vargas - periodista

00:00 / 09 de marzo de 2014

En lengua guaraní la expresión equivalente a “vamos a dormir” es “vamos a escuchar el mundo, vamos a sentir el mundo”. El investigador guaraní Elio Ortiz pacientemente construye esa imagen para aproximar al interlocutor al sentido de la palabra “Yapysaka”. Ésta, literalmente, significa “ver con los oídos” y es el título de la exposición sobre arte guaraní en Bolivia que se inaugurará el jueves 13 de marzo a las 20.30 en el Centro Cultural de España en La Paz (avenida Camacho 1484).

La exposición ha sido producida y organizada por la Fundación Cine Nómada para las Artes dentro de un proyecto integral denominado La memoria.  El curador de la muestra, el artista visual Joaquín Sánchez, dice que Yapysaka (ver con los oídos)  “pretende visibilizar la riqueza oral del pueblo guaraní, poniendo en valor los conceptos filosóficos que sostienen su creación artística”.

En Bolivia, el pueblo guaraní habita una región al sur del país repartida en tres departamentos:  Tarija, Santa Cruz y Chuquisaca. Sin embargo, su hábitat histórico pero también actual es mucho más amplio y abarca cuatro países: Bolivia, Paraguay, Brasil y Argentina.

El visitante  de la exposición —que permanecerá abierta hasta el 10 de abril— ingresará al mundo de la creación artística de la cultura guaraní en Bolivia a través de un montaje contemporáneo. La fotografía y el video ocupan un lugar destacado en la muestra; pero también la lengua, la palabra  y el sonido a través de dispositivos sonoros; y las instalaciones de objetos artísticos y de la vida cotidiana —en la cultura guaraní esa diferenciación no es del todo pertinente como lo es para el mundo occidental.ESPACIOS. Sánchez explica que para organizar el recorrido de la exposición se han dispuesto varios espacios en las salas del Centro Cultural de España. “Tenemos un primer espacio dedicado al pueblo guaraní, a la gente —detalla el curador—; un video muestra a las comunidades que viven en el Chaco, para establecer de inicio el espacio territorial. En un segundo espacio se propone un acercamiento a la fiesta, entendida como un ritual; luego está un espacio para mostrar los objetos de la cultura guaraní. Algo muy importante de la exposición es que tiene un componente diseñado para los niños entre ocho y doce años. En una pared se ha traducido el mundo guaraní en imágenes, relatos y sonidos para ellos, quienes tendrán además una sala especial para escuchar relatos de cuentacuentos”.

Un libro, que también lleva por título Yapysaka (ver con los oídos), ha sido elaborado por el investigador Elio Ortiz especialmente para la exposición. La publicación, en cuyo diseño ha intervenido la editora paraguaya Adriana Alamada, tiene dos versiones: una para adultos y otra para niños. “Es el primer libro —dice Sánchez— que habla de la creación artística a partir de la cosmogonía, de los mitos y del orden de las cosas del pueblo guaraní”.

“Yapysaka —apunta por su parte Ortiz— más que una palabra es un  concepto, una visión guaraní de la comprensión del universo. En el sentir del mundo uno ve las cosas y ese sentir del mundo es una dimensión de la contemplación humana en la que uno se encuentra consigo mismo y, al mismo tiempo, se ve y se siente como parte del universo.  Así uno comprende mejor cuál es su lugar y hacia dónde puede ir. En el libro intentamos explicar esta figura de la filosofía guaraní”.

La espiritualidad del arte es, para Sánchez, un elemento determinante en la concepción de la muestra. “El gran artista guaraní —afirma— es quien ha llegado a un nivel espiritual más que a un nivel de dominio técnico. El componente espiritual en la producción artística, tan presente en la cultura guaraní es al mismo tiempo un debate muy contemporáneo. Y precisamente lo que nos interesa es ese cruce entre lo que se considera tradicional y lo contemporáneo”.

Clara Cabrera, directora del Centro Cultural de España en La Paz, institución que albergará la exposición, dice que su orientación se relaciona perfectamente por lo menos con dos líneas estratégicas de su institución. “Una línea muy clara de la cooperación española —dice— es el fomento a la interculturalidad. Otra es el apoyo al arte contemporáneo. Esta muestra aúna estas dos líneas de una forma completa. Además, en el Centro ponemos en valor el arte contemporáneo no solo como una muestra artística sino como un vehículo para la interculturalidad y para provocar en el espectador la reflexión”.

La “contemporaneidad” del mundo y el arte guaraní es un dato central de la curaduría de Sánchez. Lejos de una mirada que pone el acento en la “recuperación” o la “conservación” de la cultura guaraní, la muestra propone más bien una mirada a su actualidad, a su capacidad de invención y reinvención en un diálogo permanente e intenso con la modernidad.

“Los guaraníes nos han enseñado —agrega Sánchez— que la mejor manera de preservar el mito es intervenirlo, fabular con él, incorporarlo en nuestras propias acciones. A partir de eso podemos preguntarnos cómo cambia, cómo va mutando, cómo se ‘contamina’ con otros elementos, cómo adquiere una nueva piel. Es decir, cómo lo oral se transforma permanentemente”.

Esa modernidad es también destacada por Cabrera. “Se suele mirar a estas culturas de una forma tradicional; sin embargo, aunque sean sociedades y pueblos tradicionales se pueden adaptar mediante sus propios mecanismos culturales a la modernidad. Y eso  es lo que muestra esta exposición, que no solo se puede  mirar a estas culturas desde el punto de vista tradicional sino desde el punto de vista de hoy, de la modernidad, del arte contemporáneo”.

Ortiz también, para cerrar, apunta en la misma dirección: “La comprensión guaraní del mundo no es solo una filosofía sino también una ciencia. Es la otra ciencia, la ciencia olvidada, marginada. Pero esta ciencia guaraní no se opone a la ciencia objetiva. Ninguna ciencia es absoluta en sí misma.  Ninguna es capaz por sí sola de otorgar la verdad. Hay que buscar la complementariedad. Eso los guaranís lo han sabido siempre; el problema es que no han sabido hacer comprender esta filosofía y esta ciencia hacia afuera. Eso es lo que estamos intentando ahora. La cultura que se queda ensimismada, que se queda en su encierro, muere”.

El arte y la palabra

El “don de la palabra” ya es un tema suficientemente estudiado y conceptualizado por Melià en su obra Elogio de la lengua guaraní. La palabra es el instrumento mediante el cual el guaraní se permite manifestar en espíritu lo que realmente es en sus sagrados orígenes, lo que convierte al especialista “poseedor de la palabra” (Ñee Iya) en un gran virtuoso. Cuando un Ñee Iya “habla” no existe problema al que no encuentre solución ni cosa alguna que no sea posible realizar.

Sus palabras están llenas de sustancias espirituales que conectan al grupo con su verdadero ser; cada palabra que emerge de su boca toca el corazón y, en consecuencia, el grupo se reencuentra consigo mismo para lograr lo que antes hubiera parecido imposible. El resultado será la armonía social: “Lo más importante de la filosofía guaraní de la palabra sea tal vez la convicción en los mismos guaraníes de que el alma no se da enteramente hecha, sino que se hace con la vida de la persona y el modo de su hacerse es su decirse. Así, la historia del guaraní es la historia de su palabra, la serie de palabras que forman el himno de su vida” (Melià).

Para que la palabra creadora surta el efecto deseado debe convertirse en objeto ritual mediante la asamblea comunal, momento en que los virtuosos Ñee Iya multiplicarán las palabras, Ñeemboeta, en guaraní. La palabra Ñeemboeta significa exactamente eso, la “palabra hecha mucha”; es decir, cuando los ancianos se dedican a hablar y hablar por largas horas. Las palabras se alargan y se multiplican porque hacen referencia a aspectos integrales de la existencia social y cultural, pues si algo funciona mal es porque el conjunto sufre desajustes.

Esto significa que la desviación de un individuo no se corrige con el castigo, ni siquiera con la exigencia al infractor de resarcir los daños; el mal seguirá mientras el grupo no se reencuentre con sus sagrados orígenes y se haga palabra. Pero para ello es necesario ritualizar el mito; sin el factor rito las palabras del anciano serían vagas, poco creíbles y nada creadoras. En síntesis, el arte de vivir es el arte de hacerse palabra a través del rito.(Fragmento del libro ‘Yapisaka / Ver con los oídos escrito por Elio Ortiz que acompaña la exposición del mismo nombre.)

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