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Último vuelo de Charlie Parker

Hace 60 años, en Nueva York, murió el genio creador del beebop

Parker • Falleció a los 34 años.

Parker • Falleció a los 34 años. Foto: blue note

La Razón (Edición Impresa) / EFE / NUEVA YORK

00:00 / 15 de marzo de 2015

Tan solo 34 años de vida bastaron para que Charlie Parker, apodado Bird, volara alto y se convirtiera en uno de los mayores maestros del jazz, una trayectoria truncada por el alcohol y la heroína que terminó, el 11 de marzo, hace 60 años en Nueva York.

Parker vivió rápida y peligrosamente. No fue el caso de estrella consumida por su propia fama, sino estrella cuyo talento se impuso pese a su tendencia prematura, casi desde la pubertad, a la autodestrucción. Un genio que decidió posarse sobre una persona llena de debilidades.

Su obra todavía resuena con vibrante vigencia y su vida inspiró a Clint Eastwood para su aclamada cinta Bird, en la que fue interpretado por Forest Whitacker, a Julio Cortázar para su cuento El perseguidor y a Thomas Pynchon para un pasaje de su novela El arco iris de gravedad.

¿Qué hizo de él un personaje tan fascinante? Parker había nacido en Kansas City el 29 de agosto de 1920. Era, como suele decirse, el lugar adecuado en el momento adecuado, justo para asistir a la explosión musical de la ciudad, donde, entre el gospel, el blues y el jazz.

A los 11 años, su madre le regaló un saxofón alto para animarle después de que su padre abandonara el hogar y, aunque él siempre había querido tocar la tuba, acabó convirtiéndose en el maestro de este nuevo instrumento. Eso sí, a esa misma edad ya estaba fumando marihuana y a los 15 se casó y por primera vez empezó a consumir heroína. El matrimonio le duró poco, pero la adicción, toda la vida.

Ya destacó en Kansas y cuando llegó a Nueva York en 1939, aunque empezó fregando platos en un restaurante, estaba llamado a iluminar Harlem.

Junto con Dizzy Gillespie, Parker alumbró ese género mucho más sincopado e improvisado que dio el relevo al encorsetado swing. Había llegado el momento de romper las reglas. Había llegado el momento del “bebop”.

Ese género resumía su vida: un caos que era reconducido hacia la belleza. Comenzaron sus grandes conciertos, y sus grandes composiciones: Yardbird Suite, Ornithology o Bird of Paradise, que acabaron ganándole su apodo.

Pero Parker era un ave de paso. El reverso oscuro de su éxito pasaba por las clínicas de desintoxicación, por habitaciones de hotel quemadas en plena borrachera y por una ruina económica que le asestó el golpe final cuando su hija Pree murió por una fibrosis quística cuyo tratamiento no pudo sufragar.

Dos anécdotas resumen su grandeza y su miseria. Una es cómo de su ingreso de seis meses en la clínica de desintoxicación Camarillo State Hospital, en California, después de estar diez días en la cárcel, nació uno de sus grandes temas: Relaxing at Camarillo.

La otra, que el mismo club neoyorquino que lo homenajeó llamándose Birdland, en la calle 52 con Broadway, y que él mismo inauguró, tuvo que expulsarle del local por haber orinado en el palco completamente ebrio.

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