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Utopía real

La exposición ‘Warisata en imágenes’ muestra las fotos con las que Carlos Salazar Mostajo retrató una experiencia pedagógica única y liberadora.

Participantes estudiando teoría y práctica. A la derecha, Elizardo Pérez con un representante de la comunidad. Foto: fotos: Carlos Salazar Mostajo

Participantes estudiando teoría y práctica. A la derecha, Elizardo Pérez con un representante de la comunidad. Foto: fotos: Carlos Salazar Mostajo

La Razón (Edición Impresa) / José Emperador / La Razón

00:00 / 20 de agosto de 2017

Avelino Siñani y Elizardo Pérez se han convertido con todo derecho en dos figuras icónicas de la educación transformadora en Bolivia y en el mundo. Pero en el éxito de la escuela ayllu que en 1931 fundaron en Warisata —y que funcionó hasta 1940— colaboró mucha más gente. Entre ellos, Carlos Salazar Mostajo, un artista y profesor muy joven que se convirtió en facilitador, ideólogo, propagandista y pieza fundamental de la institución a pesar de que en un principio llegó, directamente de la guerra del Chaco, solo para tomar fotografías. Una parte de ellas se pueden contemplar hasta el 27 de agosto en el Museo Nacional de Arte (MNA), en la exposición Warisata en imágenes, que muestra cómo una utopía puede llegar a convertirse en realidad.

Las paredes del museo se han convertido en el registro de una actividad frenética: se ven niños, adolescentes y adultos trabajando con las máquinas y en el campo, leyendo libros, charlando, construyendo, comiendo, escribiendo en cuadernos, desfilando… La gran mayoría de ellos son indígenas, porque Warisata era su escuela y un instrumento para su liberación. Allí el proyecto pedagógico se adaptaba al participante y no al revés, era una educación desde la vida y para la vida. Y para el mundo real: mientras que el sistema educativo formal ignoraba totalmente la cosmovisión de los pueblos originarios Warisata formaba parte del ayllu, escuchaba a la comunidad para satisfacer sus necesidades y sus anhelos implicando a todos y todas mediante los principios del ayni y del respeto por la Pachamama.

Ese espíritu revolucionario impregna las 57 fotografías de la parte principal de la exposición, provenientes de un álbum con 360 y que es propiedad de Cecilia Salazar, hija de Carlos Salazar. Ella se lo ha cedido a la Campaña Boliviana por el Derecho a la Educación (CBDE), que reúne a 60 instituciones que trabajan para que se cumpla con este derecho fundamental desde los ángulos y los enfoques más diversos. Lo primero que ha hecho la CBDE es preparar las ampliaciones que ahora se exhiben y lograr un acuerdo con la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA) para que ésta se haga cargo definitivamente del archivo, la conservación y la gestión de las fotografías. “Más adelante se va a trabajar con el Ministerio de Culturas y otras instancias para conseguir que la Unesco declare este archivo, estas fotos, estos documentos históricos Patrimonio Mundial”, asegura David Aruquipa, director ejecutivo de la CBDE.

La exposición se complementa con un video de cinco minutos y otras 20 fotos exhibidas en la planta superior de la sala. No se sabe quién las tomó —aunque Salazar podría ser el autor de algunas— y son posteriores a 1940, pues describen la construcción de pabellón México del complejo de Warisata, levantado cuando la escuela ayllu ya no funcionaba allí. Ese año marca el final de la experiencia que Siñani y Pérez habían comenzado a idear desde que se conocieron en 1917 y se dieron cuenta de que la pasión por la educación liberadora les unía, a pesar de provenir de dos ambientes casi opuestos. Siñani era un indígena del ámbito rural que ya llevaba años trabajando por la educación de su pueblo y que había sufrido persecución por ello. Pérez, un citadino blanco, trabajaba como técnico del Ministerio de Educación asignado a la zona de Warisata que vio muchísimo más allá de lo que sus jefes le pedían.

Además de la comunidad en la que se basaba, a la escuela ayllu le llegaron apoyos de muchos otros lugares, y consiguió que en La Paz un grupo de los más importantes artistas e intelectuales se identificaran y colaboraran con el proyecto. Por eso en las fotos de Salazar se ve a Marina Núñez del Prado y su hermana Nilda y a otros artistas como Manuel Fuentes Lira o Yolanda Bedregal. A todos ellos, igual que al resto de los que vivían, trabajaban y aprendían en Warisata, Salazar les aplicó “una mirada humanística impecable”, en opinión de la curadora del MNA Fátima Olivares. “Reconocemos a foto estudio Gismondi, a Cordero y otros autores de la época… pero jamás hubiésemos pensado en Salazar como parte fundamental de la fotografía en Bolivia, y en esta exposición vemos cómo tiene un ojo reflexivo y preciso que hay que considerar”. Salazar tuvo una importante carrera artística tras la experiencia de Warisata que le llevó, por ejemplo, a dirigir la escuela de bellas artes Hernando Siles y a enseñar en la UMSA.

Inspiración para hoy

Jordi Borlán / EducadorWarisata fue aula, taller, chacra y ulaka”. Así definió acertadamente Carlos Salazar la experiencia educativa de la escuela ayllu: estudio, trabajo y comunidad. No es difícil imaginar el enorme esfuerzo y riesgo que en la Bolivia de 1931 suponía poner en marcha una escuela indígena, productiva, bilingüe, mixta y con amplia participación comunitaria. Una escuela para niños, niñas y jóvenes campesinos donde se contaba con carpintería, telares, herrería y 10 hectáreas de terreno donde se cultivaban todo tipo de productos destinados al autoconsumo y a la comercialización, consiguiendo que un centro con más de 200 internos e internas fuese autosostenible.

La Ley de Educación boliviana (2010) se ha inspirado, entre otras, en la propuesta pedagógica de Warisata, incluso tomando el nombre de los creadores de la experiencia: Ley 070 Avelino Siñani – Elizardo Pérez. Define la educación boliviana como “comunitaria, democrática, participativa, (…) productiva, (…) intercultural y plurilingüe”, recogiendo los ideales pedagógicos y filosóficos de la escuela-ayllu; concentrados en el nuevo modelo educativo sociocomunitario productivo (MESCP).

Como Warisata, el modelo educativo actual introduce la educación productiva o técnica en casi todos los niveles educativos, incluso en sus propias denominaciones: “educación primaria comunitaria vocacional” o “educación secundaria comunitaria productiva”. De esta forma, ha aparecido el Bachillerato Técnico Humanístico (BTH), la profusión de especialidades técnicas en la educación alternativa, el sistema de certificación de competencias o el fortalecimiento de la educación técnica-tecnológica en los institutos de formación profesional.

En Warisata, la formación se realizaba, con toda normalidad, en castellano y aymara. Recogiendo ese testigo, el MESCP propone la promoción de las lenguas originarias en la educación, mediante la inserción de la denominada Lengua 1 y Lengua 2 en los centros educativos y la aprobación de currículos regionalizados, primer paso para la adaptación del diseño curricular con base en la realidad de las 33 culturas/lenguas de Bolivia.

La ley contempla la creación de los consejos educativos sociocomunitarios en cada centro educativo, núcleo, municipio, departamento y Estado Plurinacional, que pretenden sustituir a las antiguas juntas escolares. La participación comunitaria en la gestión educativa es una de las “obsesiones” de la nueva ley, al igual que el “parlamento amauta” o la ulaka de Warisata, integrado por campesinos, maestros y alumnado que gestionaban la administración de la escuela ayllu.

La escuela de Warisata fue destruida en 1940, sus maestros detenidos y sus alumnos y alumnas perseguidos. La clase criolla dominante no podía soportar ver jóvenes indígenas y campesinos formados, cultos y conscientes. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos por silenciar Warisata, Avelino Siñani y Elizardo Pérez han pasado indiscutiblemente a la historia como grandes pedagogos, al mismo nivel que Makarenko, Ferrer y Guardia o Paulo Freire.

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