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Versos del sol naciente

Casi desconocida en castellano, la poesía japonesa moderna es un diálogo fructífero con Occidente 

La Razón (Edición Impresa) / Rubén Vargas - periodista

00:00 / 22 de febrero de 2015

Narra el Kojiki —texto fantástico del siglo VI de nuestra era que narra en prosa y verso la fundación de la cultura del Japón— que el primer poema de la literatura japonesa fue escrito por una deidad. El dios Susanoo, en perfectos versos de cinco y siete sílabas, celebró de esa manera la construcción del palacio —“¡Oh maravillosos muros octogonales!”— donde habría de pasar su luna de miel con una mujer mortal.

Mil quinientos años después, ese molde poético de invención divina —de cuya combinatoria resultan las formas poéticas más tradicionales y conocidas del Japón: el tanka y el haikú— continuaba siendo la forma privilegiada y prácticamente inalterada de la poesía japonesa. La persistencia en el tiempo de esas formas poéticas resulta asombrosa si se la compara, por ejemplo, con las variaciones e innovaciones que ha sufrido el verso castellano, cuya historia es muchísimo más reciente, por otra parte.

La renovación radical de la poesía japonesa, tan consecuente con su tradición, habría de suceder al contacto de su milenaria historia con la poesía europea en sus momentos de mayor agitación crítica: del Romanticismo a las vanguardias, a finales del siglo XIX y principios del XX. La historia de la poesía japonesa moderna es la historia de ese contacto. Un rebaño bajo el sol, la antología compilada y traducida por Atsuo Tanabe y Sergio Mondragón, ofrece en sus páginas un recorrido por las obras y los autores que renovaron, atentos y abiertos a otras tradiciones, el ámbito poético del Japón del siglo XX.

El título del libro encierra, en una suerte de simetría lúdica, una referencia al influjo de la poesía europea en la poesía japonesa moderna. Hacia 1911, el poeta Daigaku Horiguchi abandonó sus estudios en el departamento de Lengua Francesa de la Universidad de Keio y comenzó un periplo que habría de llevarlo por México, primero, y por Europa, donde lo sorprendió la Primera Guerra Mundial en 1914, después. En 1918 arribó a Río de Janeiro. “Ebrio, ebrio, ebrio / está el paisaje nocturno de Río. / En medio del negro cielo / la Vía Láctea desnuda es una diosa recostada”, habría de escribir en esa cálida  y remota orilla atlántica. Allí también daría inicio a su vasta labor de traductor de poesía francesa. Un rebaño bajo la luna, su copiosa antología que reúne 340 poemas de 66 poetas franceses, vio la luz en 1925. Baudelaire, Verlaine, Mallarme, Rimbaud, Apollinarire, Max Jacob figuran en sus páginas. El libro de Horiguchi, en el Japón de esa época, estaba destinado a tener una gran acogida en los círculos literarios y a influenciar decisivamente en el curso de la poesía. En la lectura de ese “rebaño bajo la luna” se gestaba la poesía del “rebaño bajo el sol”.

La antología de Tanabe y Mondragón se inicia con los poetas representativos del Grupo de Poesía Nueva. Sus integrantes, a inicios del siglo XX, expresaron la asimilación y las primeras respuestas a la poesía europea, introducida años antes  por traducciones, como la de Biu Ueda, publicadas en 1906 bajo el título de Marejada. Al Grupo de Poesía Nueva pertenecieron Hakushu Kitahara, que escribió bajo la tutela de Baudelaire; Takaboku Ishikawa, cuya poesía en un vínculo entre lo tradicional y lo moderno, y la célebre Akiko Yossano, autora de Cabellera en desorden, poemas impregnados de un espíritu nuevo que son un desafío a la tradición y una reivindicación de la sensualidad femenina y del derecho de la mujer a vivirla plenamente. Escribió Yosano: “La primavera es breve. / ¿Qué me importa la inmortalidad? / Toco / con mis manos / mis abundantes senos”. La importancia del trabajo del Grupo de Poesía Nueva, apunta Mondragón, “consistió en llevar al tanka el lenguaje coloquial para que hablara de los asuntos de todos los días, de manera franca, apartándolo de la alusión velada y los temas tradicionales”.

Una extraña mezcla clásica y coloquial caracteriza el lenguaje de Sakutaro Hagiwara, “el mejor porta moderno” del Japón”, en opinión del crítico Donal Keene —autor del clásico Japanese Literature an Introduction for Western Readers, 1955—. Hagiwara practicó, además, el verso libre y sus poemas son portadores de imágenes lúcidas y precisas, como las de este poema titulado “El nadador”: “El cuerpo del nadador se estira / Los brazos extienden su largura / El corazón del nadador es diáfano y translúcido / Las pupilas del nadador escuchan la campana / El alma del nadador mira la luna sobre el agua”. Contra la estética que representa Hagiwara, reconocida e influyente en el periodo anterior a la Segunda Guerra Mundial, reaccionaron poetas más jóvenes, imbuidos por un espíritu decididamente vanguardista. Tal es el caso del grupo Poesía y Teoría Poética, fundado en 1928.

El rebaño bajo el sol recoge poemas de sus principales exponentes: Yukio Haruyama, reconocido estudioso de los movimientos poéticos occidentales y autor de una obra marcadamente experimental; Fuyuhiko Kitagawa, traductor del Manifiesto Surrealista de Breton y partícipe también del movimiento de literatura proletaria; Katsue Kitasono, cuyas teorías fueron muy bien acogidas por Ezra Pound y cuyo trabajo poético es una tentativa de “una ruptura con la semántica, en la que las palabras se tornan primitivas y se convierten en simples signos”. Fue un grupo polémico que propugnó postulados como “asumir la teoría y entrecortar la conexión semántica que liga cada verso del poema… anteponer la teoría al quehacer poético”. El impacto de la vanguardia influyó en el trabajo de un número importante de poetas, dentro y fuera de Poesía y Teoría Poética. Uno de sus exponentes notables es el dadaísta Sinkachi Takahashi, poeta experimental enriquecido con el estudio y la práctica del budismo Zen. Esa extraña alianza le dictó poemas como: “Una cosa”: “Hacer una cosa / Es no hacer otra cosa / Pensar en una cosa / Es no pensar en otra cosa”.

La Segunda Guerra Mundial  y el holocausto nuclear —“¡Vasto páramo de escombros, Hiroshima!: / Cadáveres sentados como budas de piedra / en los jardines, es las escuelas” (Sankichi Tooge)— alteraron de manera radical el curso de la historia del Japón, y con ella el rumbo de su poesía. Los poetas de ese país sintieron, de alguna manera, que estaba en sus manos descifrar el sentido de la devastación y, en su poesía, una posibilidad de reconstrucción espiritual. La agrupación poética Tierra Baldía fue una respuesta a ese momento histórico. En las páginas de Un rebaño bajo el sol figuran algunos de sus más prominentes miembros: Ryuichi Tamura, autor de Los cuatro mil días y noches; Nubuo Ayukawa, cuya obra se nutre de la T.S. Eliot (el nombre del grupo es un reconocimiento a la influencia del poeta anglosajón entre sus integrantes); Saburo Kuroda, que intentó captar en su poesía es estado de ánimo del Japón de la posguerra. “Nuestra actualidad nos presenta una tierra yerma. Salvarnos del caos y protestar contra la devastación explican nuestra voluntad rebelde ante este destino y nuestra militancia con la vida”, escribieron los poetas de Tierra Baldía en una declaración publicada en el primer número de su revista. Es espíritu de esta agrupación, más allá de las naturales diferencias de sus obras, puede mostrarse en estos versos de Tamura: “Para escribir un solo verso / debemos matar a los seres queridos. / Es el único camino para resucitar a los muertos / y habremos de seguir ese camino”.

Con la presentación de los poetas de posguerra concluye El rebaño bajo el sol y cierra así una amplia visión de la poesía japonesa moderna.

Un rebaño bajo el solLa antología compilada por Atsuo Tanabe y Sergio Mondragón recorre  gran parte del siglo XX. Ésta es una mínima muestra Sakutaro Hagiwara MuerteContemplo la tierraAllá dentroSurgen unas manos increíblesSurgen unas patasSe entromete un cuello Señores¿Qué demonio es ese ganso?Desde el fondo de la tierra que   contemploSurgen unas manosSurgen unas patasSe entromete un cuello. Una cara estúpida… Caza de luciérnagasUna en el escote de mi amada  hermanaUna en la ventana del leprosoUna en la trampa de la sangreUna en los pies descalzos de CristoUna en el envés de un pezUna en el corazón asesinoUna en mis manos tersasEn el remoto mundo de la nocheCazo una luciérnaga Akiko Yosano TankasSin conocerla sangre ardientede un cuerpo joven¿no te pesa la soledadtú que predicas el camino?En Kamajuraaunque sea BudaSakymunies hermoso.Una arboleda en verano.La joven de veinte años.Fluye entre su peineSu negra cabellera.La ostentosa juventud¡oh, maravilla! Shiro Murano GimnasiaNo tengo amorNo tengo poderSoy un bulto envuelto en la camisaMe rompo, me levantoEl horizonte llega y me traspasaMe niego a lo que me rodeaPero el mundoQueda dispuesto en filasMi garganta es un silbatoQue da órdenes.Muevo mis manos suavesRespiro hondoEntoncesUna rosa entra en mi cuerpo ClavadoSalgo caminando de entre las nubes blancashacia el extremo de la tablaMe inclino todo lo que puedo(allí el tiempo se encoge)¡A saltar! SaltoYa estoy en el cieloque me envuelveMis músculos vibran en el airemas caigoen el agua, perseguido,girando en una cristalina sensaciónarriba de mí, arriba de la espumaveo las risas y las caderas de las       mujeresTrato de retener una silueta enormede la sombrilla roja de la playa

Ryuichi Tamura

EmperadorHay ojos en una piedra, enclaustradosen la melancolía y el tedio.El hombre pasa frente a mi ventana, vestido de negro.emperador de invierno. Mi emperador solitario que caminahasta un camposanto europeo con la sombra de la civilización en su frente blanca como la cera. Bañada su espalda por el sol. Qué doloroso verlo flagelarse.¡Dadme una flor!Usted extiende las manos. El invierno del mundo está apunto de llegar, después de años de razones y progreso.La belleza occidental no es otra cosa que ilusión.¿Quién besaría sus manos?¿Habrá aún tierra fértil en esaspalmas devastadas por un destino del color del milano?¡Dadme una flor, una herida como una flor!

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