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Viaje al interior del cuerpo

Límites. Performance ‘Dibujo de formas en un cuerpo negado’. Foto: Carlos Martinez Gamarra

Límites. Performance ‘Dibujo de formas en un cuerpo negado’. Foto: Carlos Martinez Gamarra

La Razón (Edición Impresa) / Joaquín Sánchez - artista curador

00:00 / 09 de agosto de 2015

El arte de crear una obra de arte es la vida, o una versión abreviada de ella. Es también un símbolo de nuestras experiencias internas y externas. Apenas podemos comprendernos a nosotros mismos y, en ocasiones, no lo hacemos en absoluto. Creamos una obra o ella nos crea a nosotros, pero lo esencial es provocar a la sociedad en ese intento de ejercer nuestra libertad y conectar con el cosmos. Por este camino transita Serena Vargas, reflexionando sobre dos problemas complejos. El primero tiene que ver con el cuerpo, su temporalidad, eventualidad e inestabilidad, con toda su carga de implicaciones estéticas, políticas y sociales. El segundo está relacionado con el tiempo y la memoria y cómo se producen de manera casual e involuntaria cuando se potencia una situación en la que los elementos de un contexto se ven alterados al introducir una variable.

Su trabajo está mediado por la subjetividad de sus experiencias personales. Imágenes, acciones y proyectos, registrados la mayoría de las veces en fotografías y videos, dan cuenta de acontecimientos privados que se convierten en hechos sociales: es la vida como marca y como rastro.

La obra de Vargas nos recuerda un lugar en el mundo y un tiempo móvil. Sus realidades corren siempre simultáneas y en ese sentido hay que buscar los puntos de cruces de las cosas y de las personas. Al derribar las barreras que separan el arte de la vida, Vargas exorciza magistralmente sentimientos de angustia y de vacío tan generalizados en este nuevo siglo.

En Dibujo de formas en un cuerpo negado (performance, 2014), un corset, en cuyo interior está bordado el dibujo de un esqueleto femenino idealizado, enfunda el cuerpo de la artista. Un cómplice empieza a ajustar el corsé, asfixiando el cuerpo hasta llevarlo al límite, pero a la vez imprimiendo el trazo del esqueleto sobre el cuerpo libre. Con esta acción la artista explora los límites del cuerpo individual con el entorno social. La acción Cortar por lo sano (performance 2014) se realizó en la Plaza de la Mujer en Cochabamba. La artista invitó a una expareja a que le cortara el pelo como para borrar los recuerdos de violencia que vivió cuando él era su pareja. En Bañate con leche (performance 2015), la artista se baña en leche, tratando de exorcizar recuerdos de infancia en la que fue sometida a maltratos por su color de piel.

Vargas nos presenta un cuerpo que el arte extrae de su molde cotidiano, de su prisión de horas y de su condición efímera para volverlo inquietante y eterno. Es el cuerpo de un animal metafísico, sin principio ni olvido. El cuerpo como un reflejo de la irresistible atracción que la cámara siente por la figura humana, es un espejo con memoria donde la artista voltea la cámara hacia su propio cuerpo. En la fotografía, Vargas encuentra un método para penetrar en los recovecos del yo y bucear en una trama de conciencias y pensamientos.

Cuando experimentamos las acciones, performances y fotografías de Serena Vargas, existe voluntad recurrente de producir y desplazar deseos. La artista inventa sujetos siempre a la deriva, con otra piel, otro cuerpo y nuevas fantasías que nos ponen frente a un universo que se rompe en olas a nuestros pies y que nos dice: Recuérdame que me acuerde de olvidar.

PROYECTO. Museo de papel es una plataforma de difusión que visibiliza a creadores que están fuera del circuito artístico establecido y que, más allá del dominio técnico, ofrecen una reflexión poética sobre la creación artística. Este museo no exhibe en un espacio físico, ni atesora, consagra o jerarquiza obras; es un dispositivo que amplía la mirada hacia un horizonte mestizo donde conviven lenguas, temporalidades y culturas.

Se trata de un proyecto de la Fundación Cinenómada para las Artes, con el apoyo del periódico La Razón, el Centro Cultural de España en La Paz y la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo.

Serena Vargas

Báñate con leche

La experiencia… es el hecho de haber presenciado, sentido o conocido algo. La perdurabilidad de la experiencia nace a partir del recuerdo como conexión interpersonal, que se genera en el momento lúcido que te brindan el silencio de las fotografías; de las sensaciones que te permiten trasladarte de un espacio a otro a través de una instalación/intervención de lugares cotidianos; del sanamiento de un cuerpo malherido por ciclos enfermos que piden a gritos liberar las historias, hechos presenciados para renacer y transformarse a través de la acción que traspasa al cuerpo, convirtiéndolo en un puente canalizador de vivencias, saberes y sentidos. La presencia del performance se encuentra en lo cotidiano, en la vida misma.

Cada obra es como un fluido vital que corre en mi cuerpo, el cual se convierte en un puente generador de experiencias y sensaciones efímeras y perdurables en mi memoria las cuales —a través de la idea del reflejo sincrónico entre el otro y yo— proponen la reflexión colectiva sobre la mirada hacia adentro y un sentir hacia afuera. Esto, enfocado desde la simpleza de un ser humano. Yo.

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