Tendencias

Vicente Huidobro: El paso del retorno

Huidobro. El  poeta chileno  Vicente Huidobro nació en 1893 y murió en 1948. Foto: Fundación Huidobro

Huidobro. El poeta chileno Vicente Huidobro nació en 1893 y murió en 1948. Foto: Fundación Huidobro

La Razón / Eduardo Mitre - poeta y crítico

00:00 / 08 de septiembre de 2013

Destaco de entrada la sencillez del título del poema, el cual confiere al regreso una contundencia geográfica como sitio por donde se pasa; y asimismo la hermosa  dedicatoria a la hermana, coautora de la misma; casi un haiku en el que ella y el tiempo —un tiempo vuelto persona — se unen en la congoja por la ausencia del poeta. Hay dedicatorias memorables, y ésta ciertamente lo es.

Publicado póstumamente en 1948 (Incluido en Últimos poemas, Santiago de Chile, 1948), El paso del retorno, otro de los grandes poemas de Vicente Huidobro, es una  suerte de autobiografía  existencial y literaria del poeta, de la misma manera en que Cantos de vida y esperanza lo es de Rubén Darío. Y en efecto, el comienzo del célebre poema: “Yo soy aquel que ayer nomás decía / el verso azul y la canción profana”,  resuena en la simetría de los  dos versos iniciales de Huidobro: “Yo soy ese que salió hace un año de su tierra / buscando lejanías de vida y muerte”. En ambos, la enunciación de la identidad y sus cambios desde sus sendas obras.  

En un tono  familiar  y a la vez patético, Huidobro se dirige a un grupo de amigos a quienes formula ansiosa y reiteradamente  preguntas  y, en un constante Ecce homo, manifiesta su dramática experiencia desde su partida a París en busca de nuevos horizontes. La voz de  la primera estrofa es Altazor, alter ego de Huidobro en su poema homónimo, una variación, como lo señalara Octavio Paz, de la figura mítica de Faetón. En efecto, el viajero que parte lo hace con un horizonte estelar: “Guiado por mi estrella / Con el pecho vacío  / Y los ojos clavados en la altura  / Salí hacia mi destino”, dice Altazor-Huidobro.

Tal destino se halla sustancialmente ligado a la poesía, a la realización de la propia obra  que encierra la identidad y el sentido de ser para el poeta transfigurado por ese viaje. Sin embargo, es una transfiguración ambigua o, mejor, ambivalente, ya que se trata de una experiencia límite —ganancia y pérdida— oscilante entre el sentido y el sinsentido:

Lo he perdido todo y todo lo he ganado

Y ni siquiera pido

La parte de la vida que me corresponde

Ni montañas de fuego ni mares cultivados

Es tanto más lo que he ganado que lo que he perdido

Así es el viaje al fin del mundo

Y ésta es la corona de sangre de la gran experiencia

La corona regalo de mi estrella

¿En dónde estuve en dónde estoy?

Como a lo largo de toda su obra, en este poema Huidobro alterna entre el vuelo y la caída, entre el entusiasmo y el pesimismo, la autoafirmación contundente y las dudas de una identidad  fragmentada e incierta. El hijo pródigo es un Sísifo en cuyos hombros aún pesa el  desastre de la Europa sacudida y trizada por las dos guerras: “Andaba por la Historia del brazo con la muerte”. Con todo, esa experiencia apocalíptica conlleva una purificación del alma del poeta y una reafirmación  de la poesía: “Oh Poesía nuestro reino empieza”, exclama poco antes del final del poema, el cual, no obstante, se resuelve en una  invitación y una  postulación al silencio:

Oh hermano, nada voy a decirteCuando hayas tocado lo que nadie puede tocar Más que el árbol te gustará callarExtrañamente, en El paso del retorno hay una gran ausente: la mujer, —madre, esposa  o amante— tan decisiva en el universo de su poesía; asimismo ausente la dimensión lúdica que en parte la rige: “Yo inventé juegos de agua / en la cima de los árboles”, decía en un poema de juventud. Al margen de ello, varios de sus símbolos convergen en  este poema que nos conmueve como un inolvidable  gesto de adiós.

el paso del retorno

        A Raquel que me dijo un día:         Cuando tú te alejas un solo instante         El tiempo y yo lloramos.

Yo soy ese que salió hace un año de su tierraBuscando lejanías de vida y muerteSu propio corazón y el corazón del mundoCuando el viento silbaba entrañasEn un crepúsculo gigante y sin recuerdos

Guiado por mi estrellaCon el pecho vacíoY los ojos clavados en la alturaSalí hacia mi destino

Oh mis buenos amigos¿Me habéis reconocido?He vivido una vida que no puede vivirsePero tu poesía no me has abandonado un solo instante

Oh mis amigos aquí estoyVosotros sabéis acaso lo que yo eraPero nadie sabe lo que soyEl viento me hizo vientoLa sombra me hizo sombraEl horizonte me hizo horizonte preparado a todo

La tarde me hizo tardeY el alba me hizo alba para cantar de nuevo

Oh poeta esos tremendos ojosEse andar de alma de acero y de bondad de mármolEste es aquel que llegó al final del último caminoY que vuelve quizás con otro pasoHago al andar el ruido de la muerteY si mis ojos os dicenCuánta vida he vivido y cuánta muerte he muerto Ellos podrían también decirosCuánta vida he muerto y cuánta muerte he vivido

¡Oh mis fantasmas! ¡Oh mis queridos espectros! La noche ha dejado noche en mis cabellos¿En dónde estuve? ¿Por dónde he andado? ¿Pero era ausencia aquélla o era mayor presencia?

Cuando las piedras oyen mi pasoSienten una ternura que les ensancha el almaSe hacen señas furtivas y hablan bajo:Allí se acerca el buen amigoEl hombre de las distanciasQue viene fatigado de tanta muerte al hombro De tanta vida en el pechoY busca donde pasar la noche

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
11 12 13 14 15 16 17
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia