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Virginia Woolf, la vida por escrito

Una nueva biografía de la escritora, ‘tan inteligente como enigmática’, autora de novelas clásicas del siglo XX, como ‘Al faro’ y ‘La señora Dalloway’

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Mínguez - Escritor

00:00 / 01 de marzo de 2015

Virginia Woolf nunca pudo quitarse de la cabeza “el sonido” de su propia escritura, una prosa poética que impregnó la prolífica y cautivadora obra de una mujer tan inteligente como enigmática, objeto ahora de una documentadísima biografía escrita por la argentina Irene Chikiar Bauer.

Siete años invirtió la escritora y periodista antes de poner punto y final a Virginia Woolf. La vida por escrito, una monumental obra —más de 900 páginas— que se publica en España bajo el sello de Taurus, dos años después de su publicación en Argentina.

Irene Chikiar Bauer reconoce, en una entrevista, una labor casi detectivesca previa a la escritura de esta biografía con la que ha pretendido atrapar la “peculiar” individualidad de una mujer y una escritora compleja a la que tantas veces se ha intentado etiquetar o, incluso, encasillar.

De ella se ha dicho y escrito de todo. Que fue rebelde, inquieta, insatisfecha, que fue excéntrica, feminista, mentalmente enferma, aguda e inteligentísima, delicada, sexualmente indefinida, pintoresca, extraña, snob, obsesiva con el trabajo... “Fue todo eso y mucho más, pero sobre todo, como ella dijo de sí misma, fue una outsider, alguien que vivió a contracorriente, a su manera”.

Y ello a pesar de que le tocó vivir un tiempo, finales del siglo XIX y comienzos del XX, en el que incluso las mujeres de su nivel social, la aristocracia intelectual de la clase media-alta británica, estaban condenadas al matrimonio y a una educación basada en unos modales exquisitos y unos conocimientos que no iban más allá de la música y el ballet.

“Virginia —escribe su biógrafa— lamentó siempre la falta de educación formal (que no se discutía en los hombres) y vivió esta carencia con resentimiento, pero también como una debilidad que se esmeró en superar. A pesar de esa falta, o tal vez gracias a ella, pudo desarrollar su obra creativa de una manera rica y personal”.

Una obra prolífica en la que Irene Chikiar Bauer se ha sumergido, y que incluye cartas, diarios personales, artículos periodísticos, críticas literarias, ensayos, novelas... “El biógrafo corría el peligro de ahogarse entre tanto material”, lo que explicaría que haya invertido tanto tiempo en su obra.

Una biografía que acometió tras comprobar que “ninguna” de las publicadas hasta ahora, y menos en español, era la que a ella le hubiera gustado leer de su ya admirada, como lectora, Virginia Woolf. “Eran biografías más académicas”, apunta.

A esta profesora de la bonaerense Universidad de San Martín, trabajo que compagina con el periodismo, si algo llamó la atención de los escritos de su biografiada fue “cómo emprende de forma decidida y desde muy joven su camino como escritora. Tenía claro de que iba a ser una escritora genial”.

Una genialidad de la que salieron obras que mantienen hoy fresca su “fascinación irresistible”, como Al faro, su novela más autobiográfica, Orlando, Un cuarto propio, Noche y día, La señora Dalloway, Las olas o Fin de viaje.

“La vigencia y la cercanía de Woolf —sostiene su biógrafa— tienen que ver con la imposibilidad de permanecer indiferentes ante una escritora que ha difuminado los límites entre lo público, lo político y lo privado; entre ficción, historia y biografía; pero también con el interés por dilucidar al ser humano que se expresa a través de sus diarios y cartas”.

Irene Chikiar Bauer habla de Virginia Woolf como de una “mejoradora de vidas”, definición que toma del escritor y editor británico Nigel Nicolson, y de una imagen estereotipada como mujer y escritora.

“No vivió desconectada de la realidad, en una torre de marfil o bajo una campana de cristal. No, son estereotipos. Ella —asegura— fue una mujer mucho más interesante de lo que los estereotipos han mostrado”.

“Fue mucho más sutil. Tomando una frase de uno de sus personajes más icónicos, la señora Dalloway, no se puede decir que alguien sea exclusivamente esto o aquello. No se puede decir que conocemos a alguien profundamente, porque siempre habrá algo en esa persona que se nos escape. Nunca se puede llegar al conocimiento absoluto de una persona”.

En su libro, Chikiar Bauer recorre con detalle, año tras año, la vida de quien nació Adeline Virginia Stephen el 25 de enero de 1882 —“la cabra” fue su mote familiar— y se quitó la vida un 28 de marzo de 1941, sumergiéndose en las aguas del río que discurría próximo a su casa del condado de Sussex.

“Ya no aguanto más”, confesaba, desesperada, en la carta de despedida que dejó a su esposo, el escritor y editor Leonard Woolf, con quien le había unido una relación no exenta de amor, pero sin apenas contacto sexual y en “la que tenía preeminencia lo intelectual”.

 “He perdido el arte”, escribió en la última entrada en su diario quien fue uno de los miembros más destacados del grupo de Bloomsbury.

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