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‘Vivimos en un mundo que está modelado por el poder mediático’

Pedro Susz K. Intelectual, escritor y crítico de cine, Pedro Susz K. acaba de publicar Para una filosofía de la insubordinación; pensar la libertad frente al laberinto mediático (Plural), una extensa reflexión sobre el poder —que tiene en los medios de comunicación el instrumento para su reproducción— y el pensamiento crítico frente a ese poder. En su oficina de la Dirección de Gobernabilidad de la Alcaldía de La Paz conversó sobre estos temas.

autor. Su nuevo libro da continuidad a sus reflexiones ya plasmadas en ‘La diversidad asediada: escritos sobre cultura y mundialización’ (2005).

autor. Su nuevo libro da continuidad a sus reflexiones ya plasmadas en ‘La diversidad asediada: escritos sobre cultura y mundialización’ (2005).

La Razón / Rubén Vargas - periodista

00:00 / 13 de enero de 2013

—En su libro los medios de comunicación aparecen como una realidad omnipresente y multiforme a la que parece imposible escapar. ¿Estamos frente a un monstruo de esas características? 

—Estamos frente a un poder, pero que además es el instrumento de reproducción del poder como tal. Es una presencia bicéfala. Es un poder por la capacidad que tiene de modelar el pensamiento y los imaginarios, de delimitar el horizonte de posibilidades en las cuales se mueve nuestra reflexión sobre lo que debe ser y lo que  no debe ser, sobre lo que puede ser y lo que no puede ser, sobre aquello que existe y sobre aquello que no puede existir. Pero, al mismo tiempo, es el campo en el cual se da la pugna por el poder. Justamente en esa capacidad de influir sobre el pensamiento y sobre el imaginario es donde se dan las grandes batallas para saber quién, finalmente, nos lleva y hacia dónde nos lleva. Es un poder, además, porque está centrado en una concepción de la realidad y, para decirlo en términos más abstractos, de lo que es la felicidad o el progreso, o la realización individual, o los grandes objetivos colectivos. Vivimos en un mundo que está modelado por la presencia del poder mediático, que por los mecanismos que utiliza —como la imagen— circunscribe también el campo en el cual estamos situados. Dentro de ese campo y frente a ese campo yo intento reflexionar si es posible y cómo es posible insubordinarse, vale  decir desacatar las órdenes implícitas que vienen generadas por ese poder.

— En su reflexión, a ese poder se contrapone la libertad. ¿Cómo debemos entender ese concepto?

—Es la capacidad autónoma, en el sentido original de la palabra autonomía: auto y nomos, que es darse uno mismo la propia norma desde el punto de vista individual o, desde el punto de vista colectivo, la capacidad de definir una institucionalidad y un horizonte de posibilidades. La libertad es esencialmente

—como yo la entiendo— el ejercicio crítico reflexivo frente a lo que existe y la posibilidad de pensar lo que podría o debería existir. Es la recuperación de la imaginación, de la imaginación instituyente, término que he tomado de Cornelius Castoriadis, que es un poco el pensamiento vertebral en torno al cual está articulada la reflexión en el libro. Un pensamiento poco conocido y complejo que intenta recuperar la imaginación, que siempre ha sido una dimensión sospechosa del ser humano, especialmente a partir de la colocación de la razón como centro ordenador del estar del individuo en el mundo.

—El poder, a través de los medios, está en todos los espacios de la sociedad. No hay un ‘afuera’ respecto al poder. ¿Cómo y desde dónde pensar, entonces, la libertad?

—El gran desafío es pensar desde afuera estando todos adentro; pensar el laberinto desde el laberinto mismo. Pensar el poder frente al poder, pero sabiendo que ninguno de nosotros es ajeno a su influjo y presencia. Ése es hoy el gran desafío de la libertad, que pasa por un primer desafío: no hay libertad si no se piensa la libertad. La libertad no es un don, no es un elemento de la naturaleza, no es algo que podemos tomar o dejar de tomar. Es algo por lo que hay que pelear todos los días, y no es posible hacerlo sino es pensando. Pensar es entreabrir una primera rendija para estar fuera y desde ese afuera reflexionar y ejercer la libertad, la autonomía de darse uno mismo las normas de vida y comportamiento.

—Para abrir esas rendijas parece necesario también volcar el pensamiento críticamente sobre uno mismo...

—Mirarse críticamente y mirar críticamente dónde estamos, quiénes somos, qué y cómo hacemos. Y también cómo recobramos las grandes preguntas banalizadas por el poder mediático. La pregunta de la muerte, por ejemplo, sin la cual no es posible reflexionar en torno a la libertad ni sobre las alternativas para lo existente ni ejercer efectivamente la imaginación. Porque nuestra imaginación está limitada, mediada, y nuestras posibilidades de ser otro y otros colectivamente están en el horizonte de la muerte. La muerte banalizada por los medios, convertida en una cantidad, ha hecho, además, que perdamos la capacidad de interrogar el sentido de la vida. Porque sólo desde la muerte puedes interrogar el sentido de la vida. Ése es el mejor ejemplo del papel de los medios: han convertido la muerte en un dato, en un espectáculo, en un momento que ya no concita la necesidad de respuesta religiosa, filosófica o lo que fuera.

— Por su propio contenido crítico, formalmente su libro no pretende ser un sistema cerrado...

—He organizado este libro en varios actos. Los llamo actos porque cada uno es una provocación para mirar esta problemática desde otro ángulo. El libro, además, está lleno de reiteraciones, pero en cada caso esa reiteración está situada desde otra perspectiva. Es así, justamente, porque creo que tenemos que recuperar la capacidad de totalizar. Pero eso es posible sólo sabiendo que primero tenemos que ‘destotalizar’ la realidad para luego reconstruirla a través del pensamiento crítico. Eso se ha traducido en la forma del libro, que es provocar desde distintos ángulos para intentar desmantelar la realidad y a partir de ese desmantelamiento reconstituirla reflexivamente.

—Esta reflexión de largo aliento ha requerido, seguramente, mucha preparación. ¿Cómo ha encontrado ese tiempo?

—La pregunta tiene un subtexto clarísimo: cómo un funcionario público que se pasa el día despachando cuestiones burocráticas encuentra tiempo para un ejercicio como éste. Es un ejercicio que ha llevado mucho tiempo. La escritura como tal, un año y algo más, pero hay mucha reflexión, mucho apunte y lectura acumulada desde hace diez años. Necesito ese ejercicio para no quedar reducido a un burócrata. Por eso, todos los días me levanto a las dos de la mañana y estoy en esta oficina a las cinco y media. Y esta oficina es entre las cinco y media y las ocho y media el lugar donde leo, investigo, tomo apuntes y reflexiono. Eso me da la fuerza y consistencia para la otra tarea.

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