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Woody Guthrie no está muerto

 ‘New Multitudes’ revive la memoria del más célebre de los cantantes sociales de EEUU

Bardo. El legendario cantante y compositor.

Bardo. El legendario cantante y compositor. Foto: Archivo

La Razón / Fernando Navarro

00:00 / 11 de marzo de 2012

Poco después de ingresar en un hospital psiquiátrico de Nueva Jersey en 1956, Woody Guthrie escribió una canción llamada I ain't dead yet (Aún no estoy muerto). El aguerrido bardo estadounidense, que resistió postrado  13 años mientras se consumía por la corea de Huntington, una enfermedad neurodegenerativa incurable que iba minando el cuerpo y los sentidos hasta apagarlos, lo tenía claro: seguiría vivo mientras su música inspirase a las personas.

A casi medio siglo de su muerte, Guthrie, tal vez el más célebre de los padres del folk norteamericano, sigue siendo una fuente inagotable de inspiración. Lo paradójico es que su música es mejor negocio hoy que en vida, acostumbrado como estuvo a malvivir al tiempo que saltaba de ciudad en ciudad. Buena prueba de todo ello es New Multitudes, donde cuatro puntales del folk-rock contemporáneo como Jay Farrar, Will Johnson, Anders Parker y Yim Yames se reúnen para rendirle tributo en el centenario de su nacimiento.

New Multitudes forma parte de esa práctica hoy corriente de sacar discos basados en textos inéditos del ilustre homenajeado. Recientemente, Bob Dylan se metió a coordinar The lost notebooks of Hank Williams. Pero en el caso de Guthrie, autor de un número incalculable de composiciones, que tomaba nota de todo lo que le decían las personas con las que se cruzaba en sus legendarios viajes por los pueblos, es un maravilloso derroche.

Los cuatro músicos dejan su sello en  New Multitudes para dar forma a un álbum vivo, repleto de sugerentes trazos en 12 cortes, donde laten con fuerza distintas visiones actuales del folk norteamericano. En V. D. City, Johnson aporta con su punzante armónica el lado más salvaje. Parker rememora las enigmáticas atmósferas de los primeros R.E.M. en Old L. A. o Angel’s blue. James recrea la excelente evocación sentimental de My Morning Jacket en My revolutionary mind mientras Farrar se acerca con maestría a la parte más íntima de Guthrie en Hoping Machine o Careless Reckless Love.

Además, el álbum pone en valor la figura incorruptible de Guthrie. El hombre con alma campesina que no dejaba a banquero con cabeza en sus letras durante la Gran Depresión, el antifascista que se enfrentaba al Gobierno por sus abusos hacia los desprotegidos o el agitador de conciencias tachado de comunista peligroso por pedir a la gente que defendiera la tierra que les pertenecía parece que no se tenía que haber ido nunca. “Cambia tu bolígrafo, cambia tu tinta / cambia tu forma de hablar o pensar / cambia los tubos de escape o los neumáticos / para cambiar aquello que tu corazón desea”, reza uno de los versos que se recogen en New Multitudes. Ya lo dijo Pete Seeger el día que su amigo cerró los ojos para siempre: “Nunca morirá mientras haya gente que cante sus canciones”. Y, a la vista de los resultados, Woody se salió con la suya, tal y como escribió con su mano temblorosa pero con corazón firme en Aún no estoy muerto.

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