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Zavaleta es sobre todo un escritor

Un recorrido por la obra y la personalidad intelectual de René Zavaleta Mercado a través de su ‘Obra completa’, proyecto editorial a punto de culminar con la publicación del tercer tomo.

Mauricio Souza Crespo, editor de la ‘Obra completa’ de Zavaleta Mercado. Foto: Pedro Laguna

Mauricio Souza Crespo, editor de la ‘Obra completa’ de Zavaleta Mercado. Foto: Pedro Laguna

La Razón (Edición Impresa) / Rubén Vargas / La Paz

11:19 / 25 de marzo de 2015

En breve aparecerá el tercer tomo de la Obra completa de René Zavaleta Mercado (1935-1984), uno de los proyectos editoriales más ambiciosos y complejos de los últimos tiempos. Con el tiempo, Zavaleta Mercado se ha constituido en un referente inevitable del pensamiento político y del análisis sociohistórico. Su influencia parece ser cada vez mayor.  Sobre ese proyecto editorial y sobre los perfiles intelectuales de Zavaleta que emergen del recorrido amplio por su obra, dialogamos con Mauricio Souza Crespo, editor de la Obra completa.

—Con la inminente aparición del tercer tomo culmina la publicación de la Obra completa de René Zavaleta Mercado editada por Plural. ¿Cuál es el contenido del tercer tomo?

—Con este tercer tomo, la Obra completa de René Zavaleta  Mercado publicada por Plural va a llegar a las 2.800 páginas. Este tercer tomo tiene 1.300 páginas en formato mayor, y por ese hecho hemos dividido el tercer tomo en dos volúmenes que reúnen todo lo que no son los libros o ensayos de cierto aliento publicados y reunidos anteriormente.

En el primer volumen del tercer tomo se reúne todo su trabajo de prensa, como periodista que cubría determinados temas para diversos medios como La Nación de Bolivia, La Mañana de Uruguay o El Día de México, pero además su trabajo como comentarista político, como opinador en otras palabras, especializado en algunos temas o zonas, como Uruguay, Argentina y Chile. Son países a los que  regresa una y otra vez, lo que permite establecer ciertas conexiones en su obra en general. Por ejemplo, Zavaleta escribe sobre Chile en 1960 y 1961, su interés continúa cuando sale exiliado a ese país en 1964 y termina escribiendo El poder dual, que es también, un libro sobre Chile. Hay una cierta continuidad en la obra de Zavaleta que se puede rastrear a través del periodismo.

Los textos están organizados por los medios en los que fueron publicados.  El volumen comienza con sus primeras colaboraciones, cuando era un adolescente en la revista Khana, en El Diario y en Última Hora. Continúa con sus trabajos, prácticamente de planta, en La Nación, en La Mañana, en El Día, en Excélsior, en Uno más Uno, en el semanario Marcha y en la revista Proceso. En cierto sentido, es también su historia laboral como periodista.

El periodismo fue un oficio que lo acompañó toda su vida. En alguna entrevista, Zavaleta reclama que pese a su dedicación al periodismo, nunca se lo reconoció como periodista. Posiblemente es el  periodista político más importante de la segunda mitad del siglo XX. Sus análisis son fabulosos, tiene el mismo nivel que su obra como ensayista.

El volumen dos del tercer tomo recopila de las entrevistas a Zavaleta, su poesía y una serie de materiales variados. Están, por ejemplo,  los llamados ‘inéditos’, que en algunos casos son primeras versiones de algunos trabajos y en otros son escritos realmente inéditos, a veces apuntes para conferencias, muy bien escritos y por ello se sostiene como textos, en otros casos apuntes para programas de cursos y también sus intervenciones parlamentarias. En 1962 fue diputado por Oruro y realizó varias interpelaciones a ministros del MNR junto a Augusto Céspedes. También se recogen documentos, manifiestos y algunas cartas.

—¿Qué es lo que queda pendiente de publicación?

—Lo que falta es la correspondencia de Zavaleta Mercado.  A la larga será un trabajo que demandará tiempo y el rastreo del material. La correspondencia requiere otro tipo de trabajo editorial y tomar otro tipo decisiones: qué se publica y qué no se publica, qué se considera privado y qué no.

— La Obra completa de Zavaleta Mercado es, sin duda, uno de los proyectos editoriales más ambiciosos de los últimos tiempos. ¿Cuál fue su experiencia como editor de este proyecto?

— Como hecho editorial ha sido una gran experiencia de cinco años de trabajo permanente con varios períodos de gran intensidad. Fue un proceso en el que ayudó mucha gente. El papel del editor fue sobre todo el de coordinador. En justicia, éste debería haber sido el trabajo de un equipo editorial de especialistas. Pero en este caso fue el trabajo de un editor que acudió a la generosidad de mucha gente, incluyendo la familia de Zavaleta Mercado que tiene un archivo más o menos organizado.

Cada tomo, además, que tiene su propia coherencia, supuso ciertos desafíos editoriales específicos. Por ejemplo, el primer tomo que abarca al Zavaleta nacionalista-revolucionario, que es el Zavaleta más combativo, y por lo tanto  el menos académico, es un escritor que siempre interviene con sus libros en determinadas coyunturas.  Esos textos requirieron cierto grado de edición porque algunas publicaciones originales no eran muy buenas.

En cambio, el segundo tomo es el Zavaleta clásico, el más reconocido por sus ensayos principales, como Las formaciones aparentes en Marx, del que hay varias versiones, o Las masas en noviembre y  Lo nacional popular en Bolivia. El principal desafío editorial fue completar  el aparato de citas de Lo nacional popular en Bolivia que, como se sabe, es un libro póstumo y no terminado.

El tercer tomo fue, en términos editoriales, de lejos el más complejo porque  supuso la recopilación de cientos de piezas dispersas. Cuando salga el libro, la crítica seguramente va a reparar no en lo que se logró recopilar, sino en lo que falta. En la nota editorial que va a acompañar el tomo se dice que es un tomo en construcción, que lo que aparece es lo mejor que hemos podido hacer con mucho trabajo y mucho esfuerzo y con la colaboración de mucha gente. En muchos casos supuso la determinación si algunos textos son de Zavaleta o no, porque mucho de su periodismo no era firmado. También publicaba bajo pseudónimo. En Marcha de Montevideo, por ejemplo, publicó una serie de textos sobre Chile firmados como Belisario Molina. Usó un pseudónimo porque en ese momento era el primer secretario de la Embajada de Bolivia en Chile y como tal no podía opinar con su nombre sobre la política interna y externa de Chile.

En este tomo hay un trabajo muy detallado para determinar, por ejemplo, si los inéditos son realmente inéditos y no partes de otros trabajos. Es un trabajo mucho más detallado. Significó también más edición porque las publicaciones en periódicos y revistas suelen tener mucho más errores, sobre todo en una escritura difícil como la de Zavaleta. Ni su vocabulario ni su sintaxis son las de un periodismo estándar. Zavaleta no tiene registros. No escribe fácil para los periódicos y difícil en sus ensayos. Es siempre la misma escritura exigente, compleja, que espera muchas cosas del lector.

Como experiencia de editor ha sido una experiencia inusual. Después de dedicarle tantos años, uno podría agotarse con la escritura, con el universo, con las recurrencias ideológicas, etc., del autor.  En este caso no ha sucedido eso. Zavaleta no me ha cansado en absoluto, sigo disfrutando la lectura y relectura de sus textos.

— Quizás eso ocurre porque Zavaleta es, ante todo, un escritor.

— Es un gran escritor. Pese a que hay ciertos acercamientos renovadores a la literatura boliviana,  me parece increíble que esos acercamientos renovadores no consideren a escritores como Zavaleta como tales. Para mí es el mayor prosista de ensayo de la segunda mitad del siglo XX.

Pero no es considerado como escritor, como tampoco es considerado escritor Gabriel René Moreno, que sigue siendo una provincia de historiadores pese a que es un gran escritor. No en vano era el ídolo de Zavaleta, que le copia muchas cosas, muchos giros y cierta forma de análisis. Como ocurre con los grandes escritores, se puede ser crítico con algunas posturas políticas de René Moreno, pero sus textos están siempre por encima de sus ideas. Sus mejores textos están muy por encima de su racismo, por ejemplo.

— ¿Qué perfil o perfiles intelectuales de René Zavaleta Mercado surgen a partir de la edición de su Obra completa?

— En general, un perfil que es inusual en nuestra cultura, que es el perfil de un intelectual que realmente se toma en serio a sí mismo. Parece fácil, pero que un intelectual se tome en serio a sí mismo no es frecuente.

Hay transformaciones en el transcurso de su vida y su obra, sin duda, pero ese tomarse en serio es una constante. Hay un momento, en un Zavaleta muy temprano, en que ya escribe como escribe. Y eso es trabajo, no es solo talento, que lo tiene por cierto casi precozmente. Pero la escritura demanda trabajo, muchas lecturas, y tomarse en serio la escritura, cosas que no son tan frecuentes como uno quisiera en la cultura boliviana.

En segundo lugar, sus transformaciones como analista y como ensayista no son tan marcadas si pensamos que los textos que escribe Zavaleta Mercado son de diferente naturaleza también por circunstancias históricas. Por ejemplo, Desarrollo de la conciencia nacional que es el gran libro de su etapa nacionalista, en que maneja categorías como nación y antinación, es a la vez una especie de defensa del proceso que acabó con el golpe de Barrientos a Paz Estenssoro el 4 de noviembre de 1964, un gobierno del que Zavaleta formó parte. A consecuencia del golpe, Zavaleta salió al exilio. Ese libro podría considerarse una intervención militante desde el exilio, según un procedimiento que Zavaleta siempre defiende,  que no hay periodismo, sino periodismo militante. En alguna parte se queja o se burla de lo que llama ‘la literalidad de los periodistas’ o sea su pretensión de objetividad. Él nunca escribe un periodismo que no sea combativo. Y su combatividad varía según la circunstancia.

El Zavaleta académico, el más distante y analítico,  es también resultado de una circunstancia de escritura. Es el Zavaleta inscrito en un universo académico. En esa producción académica hay momentos de análisis, de manejo de categorías y abstracciones que, sin embargo, a veces se quiebran por intervenciones más militantes, más combativas. Por ejemplo, en Las masas en noviembre, en medio de un análisis de gran densidad teórica y abstracta, de pronto quiebra esa prosa para decir: Bolivia es la patria de la injusticia social, es un país donde unos mueren como perros para que otros coman como cerdos. Esa variación de registro es la patentización  de una combatividad que nunca desaparece, que siempre está presente en su obra.

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