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Cómo acabar de una vez por todas con la cultura (remix)

Hacer ecología en red, feminismo de red y política en red son nuevas caras de la Cultura, asegura el autor de este artículo, quien llegará a Bolivia para participar del encuentro EntretejerBolivia-Cultura de Red.

La Razón / Bernardo Gutiérrez - periodista

00:00 / 21 de octubre de 2012

Cuando Woody Allen publicó su libro-dinamita Cómo acabar de una vez por todas con la cultura, allá por 1974, ya tenía una sospecha: la cultura es todo aquello que pasa mientras unos intentan definirla y los críticos la evalúan. Justo antes de morir, allá por 1985, el escritor Italo Calvino entrevió que la literatura estaba amenazada de muerte. Sus Seis propuestas para el próximo milenio (5+1 conferencias que dio en la Universidad de Harvard) anticipaban algunas realidades de nuestros tiempos. La primera propuesta, la levedad, parecía intuir el vértigo de internet, de las redes, del planeta hipervínculo: “La escritura es en el libro lo que el byte en la pantalla: no pesa, fluye sin dificultad y constantemente se transforma”. Calvino vio claramente la agonía de la cultura, el desgaste de las definiciones forjadas a los largo de milenios.

Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, algunos siguen confiando en las definiciones seculares de la cultura. La cultura como “cultivo del espíritu” (Ilustración), como una “función social” (funcionalismo), “como un reflejo de las relaciones sociales de producción” (Karl Marx), como “un conjunto de símbolos compartidos” (Claude Lévi-Straus), como una suma de costumbres colectivas (folklore), como “sinónimo de civilización” (Edward Tylor), como un derecho humano (ONU), por citar algunas. Definiciones top down (verticales e impuestas), definitivas, excluyentes.

Y peor que todo ello: la denominada industria cultural sigue anclada en su monovisión de la cultura como sinónimo de mercado. La cultura como un producto. La cultura como algo cuantificable. La cultura como consumo. La cultura como producto elaborado de una elitista clase creativa. La cultura como entretenimiento de las masas.

Y peor todavía: una buena parte de la industria cultural y de los gobiernos del mundo actúa como si internet no existiese. Como si nunca hubiera existido. Como si la única manera de producir, distribuir, gestionar y consumir cultura fuese aquella que nació en el siglo XX: mitificados autores individuales, productos físicos (plástico, papel…), transacciones monetarias…

Hace poco, publiqué un libro, #24H, con formato híbrido, licencia copyleft y una sala de remezclas para que los lectores lo despedacen. Quien mejor lo ha entendido no son los críticos literarios, sino una revista de videojuegos. Me dio bastante que pensar. La industria no ha entendido (casi) nada de mi propuesta. Las redes, sectores transversales de la cultura clásica, sí. ¿Los videojuegos son cultura? ¿#24H es literatura, arte multimedia, documentación-ficción? ¿Vivimos en la era poscultural? ¿Acabamos de una vez con la cultura (con su definición clásica)?

Tengo más preguntas que respuestas. Aun así, he decidido compartir algunos pensamientos. A continuación no intentaré definir lo que es la cultura en el nuevo milenio. Mientras intento definirla, la cultura seguro que se convierte en otra cosa. Me limitaré a comentar algunas prácticas y dinámicas que han nacido con la red. Prototipos e inercias que están modificando radicalmente la cultura. Me limitaré a trazar algunos caminos o perspectivas que ya están en el epicentro de la producción y consumo cultural.

He escrito la entrada en presente, y no en futuro (cuestión de optimismo). He dejado fuera un asunto caliente: financiación. Y no me pregunten por qué han salido 13 puntos (podrían ser muchos más). La mayoría de ellos están relacionados entre sí. Y son remezclables-mejorables.

1.  De la cultura digital a la cultura de red. El término cultura digital, usado insistentemente para definir la creación cultural que tiene que ver con internet o medios digitales, queda algo obsoleto. La palabra cibercultura, utilizada para definir la cultura que crece y habita en el ciberespacio virtual, también. Con internet móvil y la computación ubicua, la barrera del off y on se diluye. El cibridismo que propone Martha Gabriel              —off+on, siempre conectados en todas partes— trastoca para siempre la frontera de lo analógico y lo digital. Las nuevas dinámicas de las redes  —Peer-to-peer, colaboración, prosumidores, remezcla, co-creación— sustituyen a la misma definición de cultura. Por eso, la cultura de red es más amplia que la definición de cultura digital e incluso que la propia cultura. Hacer ecología en red, feminismo de red, ciudad en red, política en red, por ejemplo, son nuevas caras de la cultura de red. Sustituyen a la definición. Son cultura.2. El fin de los objetos acabados. La cultura deja de ser un producto acabado (un cuadro, un libro, una canción). La cultura abandona su estado alfa (definitivo) y se balancea en un permanente estado beta, utilizado en las comunidades de programadores de software libre para definir algo inacabado. El reuso de la obra no es sólo inevitable, sino deseable. Los prototipos se convierten en modelos.3. La remezcla como esencia. Las licencias abiertas (Creative Commons, copyleft…), el auge del procomún y la popularización de las herramientas tecnológicas de bajo coste incentivan la remezcla. Las obras se desmembran en collages, en nuevas mutaciones. El fork —un desvío en un trabajo colectivo en jerga ha-cker— pasa a ser una virtud. Las obras se quiebran para componer puzzles de piezas inconexas, unidas por nuevos hilos. Ninguna lógica  —ni la de los críticos ni la del mercados— consigue imponer el nuevo pegamento de las remezclas.4. La cultura como proceso colectivo. El ‘proceso’ sustituye cualquier objetivo de la cultura. El proceso de creación-elaboración de una obra cultural, en la mayoría de los casos, es algo compartido. La película El cosmonauta (que lleva años en un proceso de co-financiación y co-creación), el documental de Stéphane Grueso 15M.cc sobre el movimiento 15M (cuelga las entrevistas íntegras en internet, dialoga con usuarios) o la gestión de la biblioteca colaborativa Bookcamping.cc son prueba de ello. En muchas ocasiones, algunas personas acompañan el proceso colectivo y no ven el resultado final. En otras, conocen apenas las remezclas y vidas posteriores de la obra. La obra es un continuum de contornos flexibles. La cultura pasa a ser un diálogo, una conversación. Cada autor elige qué parte de su obra es un proceso colectivo y qué parte, una inspiración-rincón individual. El Do It Your Self (DIY) se convierte en el Do It With Others (DIWO).5. La autoría como algo diluido. Cualquier faceta en el arte, como afirma Joan Fontcuberta en su Manifiesto posfotográfico, “es camaleónicamente autoral”. El autor es un eslabón más en una imprevisible cadena de curadores, usuarios, gestores, comentaristas y remezcladores. El autor es una parte de una identidad colectiva mayor. Paradoja: su identidad individual puede estar compuesta de retazos de diferentes identidades colectivas.6. El fin de los objetos físicos. La música no es más sinónimo de CD. La literatura no es sinónimo de libro de papel. El cine no es sinónimo de pantalla grande. El cloudcomputing (computación en la nube) y el streaming dinamitan los objetos físicos. La cultura pasa de la estantería a la nube. Nuestros hijos nunca entenderán la conexión entre estos dos objetos.7. La era del upload. Cada minuto se suben 24 horas de contenido a YouTube. Los usuarios, ahora, son prosumidores. Consumidores activos, productores de contenido, polinizadores de contenido. La cultura deja de ser algo unidireccional. Pero la descarga (download) de un contenido no es tan revolucionaria. La explosión de la red reside en el upload: en la posibilidad de que cualquier persona pueda subir contenidos a internet. Contenidos distribuidos, compartidos, remezclados, conectados entre sí a través de redes y etiquetas. Contenido, por cierto, que ya ni tiene que descargarse.8. Memecultura. El concepto de meme de Richard Dawkins —“una idea, comportamiento o estilo que se expande de una persona a otra dentro de una cultura”—  muta en la era de la red. El meme adopta ropajes de virus contagioso. Además, suele surgir en procesos bottom-up (de abajo arriba) imprevisibles. A diferencia de la cultura de masas que presidió el siglo XX, vertical y dirigida por los grandes agentes económicos, la memecultura se rige por las lógicas distribuidas y horizontales de las multitudes conectadas. La expansión de la imagen del Ecce Homo, la viralidad de su construcción social, son una prueba viva de la memecultura.

9. Hibridación formal, transversalidad, mestizaje. Históricamente, las diferentes artes vivían en compartimentos separados. La literatura dialogaba tímidamente con el cine o la música. La pintura, con la escultura. Pero en la era de la red, la taxonomía rígida (clasificación temática) da paso a la folksonomía (clasificación a través de etiquetas sociales). Los compartimentos de las artes se mezclan. Sus muros, sus fronteras, se desmoronan. La cultura aterriza en la multidisciplinariedad, en lo interdisciplinar, en lo transversal, en lo polifónico. Las obras-procesos, además, pueden estar construidas de formatos diferentes (imagen+texto+audio+vídeo+… ). La narración híbrida de géneros, formatos, lenguajes, cotiza al alza. Lo multimedia —más de dos medios— es el estado natural de la cultura.10. Cultura ubicua, orgánica, e-emotiva. La expansión de internet móvil (celulares 3G, Wi-Fi…), el cloudcomputing (nuestros datos y archivos en la nube) y la realidad aumentada cuestionan los espacios clásicos de la cultura: museos, teatros, cines, salas de concierto… La cultura es, siempre que se quiera, un post it para colocar en cualquier lugar. Exposiciones post it, conciertos post it. La cultura es un nuevo paisaje orgánico y ubicuo de los territorios. Además, gracias a la nanotecnología y a una nueva ciborg (tecnología relacionándose en nuestros cuerpos) la cultura camina hacia la e-emotividad. Cada día habrá más aplicaciones culturales adaptadas a nuestra sensibilidad, como la aplicación songza (selecciona canciones acordes con nuestro estado de ánimo).11. Glocalidad en tiempo real. Las herramientas de streaming y la comunicación en tiempo real a través de algunas redes sociales difuminan el espacio físico. La cultura se ve inmersa en la nueva era de lo glocal (local+global). Los territorios y sus habitantes se conectan al margen de su proximidad física en un nuevo espacio de flujos (teoría de Manuel Castells). El planeta funciona con la lógica de una red distribuida peer-to-peer en la que cada nodo puede comunicarse en tiempo real con cualquier nodo. Los eventos culturales, transmitidos en tiempo real, dialogan con personas, colectivos, objetos y eventos de cualquier lugar del planeta.12. UpCycling, el residuo hecho arte. El UpCycling es un término que convierte un residuo en un nuevo material usable bajo las lógicas de las sostenibilidad. Lo que es residuo para la cultura oficial o la industria puede transformarse en una nueva obra de arte. El caso del Ecce Homo —una restauración considerada de mala calidad— es una versión colectiva de los objet trouvé de Marcel Duchamp. El residuo se transforma en un ícono, se remezcla, adopta valor. Transformar una plaza de parking en un espacio temporal, habitable y de convivencia, como hace ParkingDay, también es UpCycling. Es cultura.13. La cultura fragmentada, no lineal. La temporalidad clásica de Occidente, el tiempo lineal del Cristianismo y la Ilustración, pierde fuerza. Con el link y las líneas de tiempo de redes como Twitter —donde puede aparecer siempre algo del pasado—, el presente es un tiempo de flujos circulares. “El pasado es siempre presente —como escriben en el proyecto 10Opencult.cc— la cultura del link ya teje una red de conocimiento que desborda la linealidad y crea un eterno presente. Un fondo que permite un sinfín de recombinaciones y reutilizaciones”.

Artículo publicado en el blog Código Abierto, de 20Minutos.es. El texto tiene licencia CreativeCommons.

Cultura de Red llega a Bolivia

Cochabamba será la sede del encuentro ‘Entretejer Bolivia-Cultura de Red’

Gestores y representantes de diversas organizaciones y redes artísticas y culturales del país se reunirán durante tres días en el “Encuentro Internacional: Entretejer Bolivia – Cultura de Red”. El evento, en el que participarán expertos de Venezuela, Brasil, Argentina, Perú y España, se desarrollará del 7 al 9 de noviembre en el mARTadero (Cochabamba).

Cultura de Red propone consolidar un espacio de articulación, difusión, reflexión y formación entre los interesados en promover procesos de red y colaboración cultural en América Latina. Hasta la fecha, Cultura de Red ha impulsado dos encuentros iberoamericanos en Quito y Brasilia.

El encuentro “Entretejer Bolivia–Cultura de Red” busca estimular y fortalecer el trabajo de red en Bolivia, para conectar proyectos y organizaciones a escala local, nacional e internacional. Durante los tres días del encuentro se delinearán propuestas para promover un proceso de acercamiento y articulación de proyectos y acciones que favorezcan el actuar conjunto y la transferencia de experiencias. Los eventos del encuentro, una iniciativa de telArtes y la fundación Hivos de Holanda, serán difundidos de forma abierta en internet por streaming.

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