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El alquimista del Jazz

Chick Corea, pianista

La Razón / Nicolás Peña - periodista

00:00 / 01 de julio de 2012

Armando Anthony Corea, más conocido como Chick Corea, nació el jueves 12 de junio de 1941 en Chelsea, Massachussets. Su padre, Armando, trompetista y líder de una banda, fue su primer maestro. El reciente 5 de junio, en una entrevista publicada en el periódico Página/12, a raíz de su concierto en el Gran Rex de Buenos Aires, Corea manifestaba: “He tenido muchos maestros y por todos siento gratitud, pero el primero fue mi padre Armando. Él tocaba jazz en la trompeta y durante toda mi infancia lo escuchaba a él y a los discos de 78 rpm que ponía: de Dizzy y Bird, de Art Blakey, de Sarah Vaughan con la banda de Billy Eckstine, de Miles Davis a los 17 años tocando en el quinteto de Charlie Parker. Esos gigantes fueron mis héroes y maestros. Y después Monk, Bud Powell, Horace Silver, Sonny Rollins, Bill Evans, tantos otros”.

Con sólo 21 años, Chick tocaba en las bandas de Mongo Santamaría y Willie Bobo. Poco después lo hizo con el trompetista Blue Mitchel y el saxofonista Stan Getz. Su primera grabación como líder fue en 1966 con Tones For Joan's Bones, álbum con cierto toque de free jazz. Dos años después le siguió Now He Sings, Now He Sobs, en trío con Roy Haynes en batería y Miroslav Vitous en el bajo. Después de un tiempo breve acompañando a la cantante Sarah Vaughan, reemplazó a Herbie Hancock en la banda de Miles Davis y participó en la grabación del legendario álbum Bitches Brew.

En 1971, tras una corta experiencia en el jazz de vanguardia con el saxofonista Anthony Braxton, armó su banda a la que bautizó como Return to Forever, de inspiración latina, con fuerte anclaje en la música brasileña.

La Séptima Galaxia

A pesar de la solidez de su grupo y con dos discos en su haber, a principios de 1973 Corea se sentía atraído por el sonido de los sintetizadores, lo que lo llevó a cambiar el curso de la propuesta de su banda e introducir al baterista Lenny White y al guitarrista Bill Connors. El sonido del grupo se transformó y generó una paleta de colores con un fuerte sabor jazz-rock-funk de esos años. Lista la receta, estos alquimistas entraron al estudio para la grabación de Himno de la Séptima Galaxia, fundamental en el desarrollo de la fusión.

Pero, un cambio más se avecinaba para la consolidación definitiva: el ingreso de un joven guitarrista que había sorprendido gratamente a Corea. Al Di Meola, de 19 años, aportó la fuerza rockera que Chick estaba buscando y que quedó sellada en dos excelentes discos Where Have I Known You Before y No Mistery. En 1976, el grupo produjo su obra cumbre, Romantic Warrior.

A pesar de ello, asociar a Corea con el jazz-rock, más allá de que fue uno de sus creadores, es olvidarse de proyectos suyos tan diversos y geniales. Ya más relajado y después de la fiebre de los sintetizadores, Chick vuelve al instrumento que Miles lo había inducido a tocar, el piano eléctrico Fender Rhodes. El cristalino sonido de este instrumento fue ideal para la propuesta que Corea quería expresar en ese momento con el álbum Friends, en el cual retoma un sonido latino, mucho más suave y melódico. La flauta de Joe Farrell dibuja escenarios maravillosos, sostenidos en el pastoso sonido del contrabajista puertorriqueño Eddie Gomez, quien junto al toque de los tambores y platillos de Steve Gadd crean una red rítmica capaz de sostener en el aire las maravillosas improvisaciones del teclado y las cañas, en temas con aroma flamenco, latino, boppero, latin y todo cuanto la imaginación permita.

Dice Corea: “Nada en la vida es puro. Todo lo que hacemos es una mezcla. En el mundo somos más de seis mil millones de personas y hay una mezcla de lenguajes, de culturas, de música y diferentes cosas. Pero algo a lo que todos aspiramos como seres humanos es a tener placer en la vida todos juntos.

Esto se refleja en el jazz por ser una música con un proceso muy inclusivo. Es difícil decir lo que es el jazz o lo que no, pero para mí lo emocionante de la música es incluir más cosas y combinarlas, y no excluirlas”. Estos criterios reflejan perfectamente la música de Corea, sólo con piano, con sintetizadores o con ambos, en el jazz, en el rock, el blues, el flamenco, todo, todos son excelentes ingredientes para hacer música cuando no se tienen complejos.

En la década de los 80, Corea se reinventa con su nueva banda, la Elektric Band, junto a John Patittucci en el bajo y Dave Weckl en la batería. Su primer álbum de 1985 incluía a los guitarristas Scott Henderson y Carlos Ríos. A partir del segundo, Light Years, se consolida la banda con la inclusión de Frank Gambale en guitarra y Eric Marienthal en saxo. La cúspide se produce con Eye of the beholder.

El enfoque musical de Corea es inclusivo, abarca todos los géneros y estilos de su interés, dúos de piano, tríos al más puro estilo de Bill Evans, grabaciones con orquesta, dúos de piano y vibráfono son algunos ejemplos de la versatilidad de este maestro.

En 2004, volvió a reunir a la Elektric Band, después de diez años, para llevarnos a un viaje galáctico inspirado por una novela de ciencia ficción To the Stars, de L. Ronald Hubbard. “Conforme la masa se acerca al infinito, el tiempo se aproxima a cero”, describe Corea. Y en la novela, conforme la velocidad de la nave espacial se acerca a la velocidad de la luz, se aproxima también al tiempo cero, de forma que cuando la tripulación regresa a casa tras sólo unos meses, han pasado décadas y generaciones en la Tierra. La composición de Corea lleva al oyente al corazón y las mentes de la tripulación: el misterioso Capitán Jocelyn, su ardiente consorte la Señora Luck, y el nostálgico y rebelde Alan Corday, un ingeniero que fue secuestrado en la Tierra para servir a bordo de la nave espacial por razones no reveladas en su totalidad hasta el estupendo clímax de la novela. 

A Corea siempre le gustó hacer retratos musicales, poesía musical, poner música a una historia y retratar personajes. En su discografía tenemos al Sombrerero Loco, al Leprechaun, al Agente Secreto, al Caballero Romántico. En 2006 presentó La Aventura Suprema, basada en escenas de la fantasía

Las 1.001 nochesde Hubbard, en la que el protagonista es transportado por un científico renegado a otro plano, donde supera la oposición de genios, demonios y un tirano usurpador, para rescatar a la hermosa reina Tedmur de la encantada Ciudad de Bronce. Corea incluye este álbum entre sus mejores grabaciones, porque abarca muchas de las líneas musicales que ha explorado en su  carrera.

Ese trabajo le ofreció la oportunidad de grabar por primera vez en décadas con el baterista Steve Gadd y el flautista Hubert Laws, con quienes tocó en algunas de sus memorables grabaciones de los años 70. Se les sumaron músicos de bandas más recientes, entre ellos el guitarrista Frank Gambale, y el saxofonista Tim Garland, además de músicos de la banda del guitarrista Paco de Lucía como el gran bajista catalán Carlés Benevent, el flautista Jorge Pardo y el percusionista Rubem Dantas.

En 2008 nos volvió a embrujar y a esperanzar a los sedientos de jazz, al convocar a sus viejos amigos y antaño jóvenes discípulos Stanley Clarke, Lenny White y Al Di Meola, la mejor formación del Retorno a lo Perpetuo. Su pasión por la variedad y por lo incluyente no se detiene nunca: “Por más rica que sea una comida, ¿quién quiere comer lo mismo todos los días?”. La palabra clave es la curiosidad. Y también, placer. Corea lo menciona cada vez que puede.

Curioso e informado

A veces se sienta ante el equipo o la computadora por simple gusto. Otras, “para ver qué están haciendo mis amigos, para ver en qué andan los músicos jóvenes que nunca pude escuchar en vivo. Y vuelvo una y otra vez a mis grabaciones favoritas de Miles Davis y John Coltrane. Y a algunos compositores clásicos que admiro. Y a grandes pianistas como Art Tatum y Glenn Gould. Y a veces, especialmente durante una gira, saco toda la música de mi alrededor y trato de escuchar lo que me rodea. Por ejemplo, en las habitaciones de hotel, jamás prendo la televisión ni escucho la radio. Y sí, a veces, escucho mis propias grabaciones para tratar de encontrar nuevos caminos en lo que hago. No soy demasiado crítico conmigo mismo, pero sé qué es lo que me gusta y lo que no de mi manera de tocar y, por lo tanto, trato de corregir lo que no me gusta y de llevarlo hacia lo que sé que quiero hacer”.

El 6 de junio, a los 72 años, hizo vibrar a un gran Gran Rex repleto de público de todas las edades que debieron dividir sus oídos, sus ojos y su cerebro en tres partes para no perderse ni un solo detalle de la magia que creaban Chick en los teclados, Stanley en el contrabajo y Lenny en la batería.

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