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El amor según Sebastián

Sebastián Antezana, autor de ‘El amor según’, cuya segunda edición se publica en breve.

Sebastián Antezana, autor de ‘El amor según’, cuya segunda edición se publica en breve. Foto: Archivo - La Razón

La Razón / Adolfo Cáceres Romero

00:00 / 01 de abril de 2012

Después del impresionante retablo fotográfico con el que animó La toma del manuscrito (2008), novela galardonada con el Premio Nacional de 2008, Sebastián Antezana nos ofrece una extraña historia de amor; amor fracturado y rendido a la nostalgia por el ser ausente; amor, al fin, resuelto en el misterio de una desaparición. Amor que parte de una premisa: “¿Qué se ama cuando la persona se ha ido, cuando no nos queda un cuerpo en el que concentrarnos? —pregunta y respuesta del autor—  El amor juega todas sus cartas en esa partida, entre el cuerpo y su imagen, entre la carne y su fantasma”.

Y esas cartas no muestran la carne, pero sí su fantasma que transita por las cien páginas de esta inquietante fabulación; digo inquietante, porque se vale de señales, actitudes y sensaciones en el desarrollo de sus secuencias. No es que no haya acción, como alguna vez alguien dijo de Madame Bovary, de Flaubert, deslumbrado por su lenguaje. En El amor según, desde luego que hay acción, pero al modo de un crucigrama cuyo final planteado al comienzo es incierto; que resuelta del estilo circular que encontramos en uno de sus modelos; en este caso Juan Carlos Onetti, quien además dice: “Pienso que el lenguaje debe ser un instrumento que cada escritor utiliza y renueva según su creación lo exija”.

TIEMPO. La creación que nos expone Sebastián Antezana es de tiempo lento, psicológico, muy próximo a las evocaciones de Proust; entonces, también su estilo se hace nebuloso, laberíntico, al avanzar lentamente en el tiempo que se revuelve, se detiene, retrocede, para resucitar en la entrada con los episodios del pasado. Los verbos que utiliza en ciertos tramos son del modo infinitivo, haciendo de la acción algo impersonal, como lo podemos advertir en el siguiente pasaje: “Salir de la cama, enjugarse el sudor o las lágrimas, dar unos pasos por el pasillo gris, desnudo y macilento, acercarse quizás a una ventana, abrirla o cerrarla para tratar de respirar un aire distinto que nunca llega o dejar de sentir un calor insoportable”.

El capítulo con el que se abre el relato es motivador, impresionista, para exponer el germen con el que se desarrolla esta novela; se trata de un automatismo que resulta de una situación inspirada en lo que, en algún momento, Sebastián, el autor, se ve obligado a definir: “Se trata simplemente de una forma más real —nos dice—, menos plástica, de transformar a la persona en absolutamente otro”. Es importante advertir ese “otro”, neutro, en el que se resuelve la persona. Puede ser una falla de concordancia, pero, de acuerdo con lo planteado, pensamos que tiene una connotación pronominal más relevante.

Al terminar esta parte, uno se pregunta: ¿Qué relación tienen estas “Notas para una nueva serie”, con la trama de la novela? Desde luego que nos encontramos frente a un acápite que podría ser prescindible, pues la animación que luego viene con sus dos partes, se resuelve con la presencia de Zimmer, como protagonista central, y de Mariana, la esposa desaparecida; entonces, podríamos perdernos una relación que, si bien nos parece incierta, por explicativa e indirecta, es tangencial con un elemento vital en la obra, que ya estuvo presente en la anterior novela de Sebastián Antezana, o sea la fotografía, que aparentemente es una de sus pasiones. Precisamente las palabras con las que concluye nos indican el mecanismo de una toma instantánea: “Obturador totalmente abierto. Exposición larga. Fondos claros, casi blancos”. Ahora ya podemos seguir adelante. Mariana, la esposa desaparecida, es fotógrafa de oficio y periodista de profesión; trabaja como reportera gráfica. Tiene la manía de fotografiar muñecas. De algún modo Zimmer queda afectado al contemplar esas placas y su escenario. Luego, cuando se entera que también quería fotografiar autómatas, se da cuenta de que no la conocía tan bien como pensaba. Lo que le molesta es encontrar la evidencia de haber convivido con una extraña, a pesar de ocho o nueve años de haberla encontrado en su camino.

MADRE. Mariana practica la fotografía artística, con exposiciones más o menos exitosas. Madre frustrada, después de cumplir 30 años decide dedicarse enteramente a su trabajo. Conoció a Zimmer cuando tenía 37 años y él 32. De ahí que Mariana aparece: “un poco como la madre, como la hermana mayor”, pues Zimmer “era un tipo quebradizo y adolescente que parecía no querer seguir creciendo”. Esta relación nos explica, en cierta forma, el desarraigo de Mariana con su entorno familiar y su decisión de desaparecer. La primera parte de la novela precisamente especula con su desaparición, hasta concluir con la súbita presencia de Larsen, cuya voz escucha Zimmer en el teléfono, como: “un lamento débil y apagado que se pierde enseguida”. Larsen era el amante del que Mariana alguna vez le había hablado.

La segunda parte, con la presencia de Larsen y Alejandra, la periodista que fue a entrevistar a Zimmer, en su casa, es más reveladora. Larsen es el hombre que ha acariciado y gozado —como él— el cuerpo de Mariana. La reacción de Zimmer es ambivalente. Mariana le había dicho que lo que existió con Larsen: “no fue nada más que sexo, que no fue nada”; “nada” que lo llevó a la fría habitación de un hotel donde lloró y bebió por dos días seguidos; nada que indudablemente fracturó la relación de la pareja.

A medida que transcurre la novela, el lector ya sabe que Mariana desapareció por propia voluntad, a pesar de que Zimmer “siente que pese a meses de búsqueda aún no lo sabe, que ya será imposible saberlo”. Es una de las paradojas que nos plantea Sebastián en esta novedosa fabulación. Como toda novela corta, cuya estructura participa del cuento y la novela, la solución final de esta obra —aparentemente abierta— se halla más cerca a la del cuento; se cierra como un anillo, con un hecho circunstancial: la caída de una llave, en el trayecto que la impactará contra el suelo, Zimme logra confirmar “que algo acaba de cambiar para siempre”. Con ese cambio Sebastián nos dice qué es el amor para él. ¿Dolorosa experiencia, verdad? Pero así también es el amor.

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