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El amor como cable a tierra

Mauro Bertero presenta ‘Primaveras impuntuales’, un libro de poemas sobre las emociones íntimas contenidas en la primer mirada

Árboles

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La Razón (Edición Impresa) / José Emperador

00:00 / 18 de abril de 2016

Muchos considerarían que los mundos de la política, de la diplomacia y de la empresa están muy alejados, si no son opuestos, al de la poesía. En cambio, Mauro Bertero lleva ya años compatibilizándolos, porque su pasión por lo cotidiano, por el amor y las emociones es de los pocos elementos irrenunciables de su vida. El jueves presentará Primaveras impuntuales, su sexto libro de poemas, publicado por Plural Editores, en el que sus meditaciones sobre las contradictorias sensaciones que provocan el amor y los recuerdos dan lugar a una obra con una apariencia tranquila tras la que se esconden intensas inquietudes y deseos.

— ¿Cómo encaja su faceta de poeta en sus demás actividades?

— Escribir poesía ha sido y sigue siendo mi cable a tierra. Una manera de mantenerme fiel a mí mismo y a lo que considero lo único verdaderamente mío. La búsqueda diaria de la palabra adecuada para construir el verso exacto la entiendo como una expresión constante de mi pasión por la vida, una forma de traducir mi permanente asombro por lo cotidiano, por lo esencial. Los números, la vida pública, la diplomacia son actividades que vinieron después de la poesía. Son menesteres que se pueden poner de lado o abandonar sin correr el riesgo de perder el rumbo ni la sintonía con el alma.

— ¿Este libro es más maduro que los anteriores?

— Este esfuerzo literario refleja un tiempo nuevo, una voz más propia, un canto más genuino. Luego de tantos años tratando de plasmar emociones en palabras me reconozco más seguro, pero aún me falta mucho para lograr el verso perfecto, aquel que pueda resumir el instante infinito de los amores contenidos en una primera mirada.

Primaveras impuntuales es el fruto de largas meditaciones respecto del amor, el desamor, la indiferencia, la distancia, las ausencias y la manera de recordar y buscar ser recordados. Estas son partes de un todo imperfecto, una totalidad reunida, un resumen de frágiles equilibrios y fuertes convicciones. Estos son poemas de los valles y las cimas, de las alegrías y las tristezas, de las sombras y del sol.

— ¿No le asusta poner tanta intimidad en manos del lector?

— La poesía que aspira a trascender debe dar testimonio de las pasiones vividas de manera sencilla y abierta, hablando de las mismas sin titubeos ni limitaciones, sin complejos ni vergüenzas. Más que susto, percibo que exponer intimidad me ha generado siempre nuevas energías creativas por el efecto que estas confesiones pueden provocar en el lector.

— ¿Sigue el amor siendo el tema principal de la poesía? ¿Cómo se relacionan el erotismo y el amor en su obra?

— Toda poesía ha sido, es y seguirá siendo un gesto/acto de amor. Escribir poesía es una invitación a compartir interminables viajes interiores, es un continuo y eterno retorno. Erotismo y amor suelen ser definidos como facetas de una misma emoción. Si el amor es promesa y esperanza, el erotismo es el dulce que acompaña la certeza de la entrega incondicional y absoluta, tan eterna e inconmensurable.

Se ha dicho que el amor verdadero es aquel que permanece. Cada relación de pareja es un mundo diferente y no me atrevería a caer en cómodas generalizaciones. En mi caso particular, la musa dueña de mis afanes poéticos y mis azucarados desvelos es la misma mujer por cuyas miradas de amor enloquezco todos los días y a la que tengo el privilegio de regalarle una rosa todos los lunes desde mayo de 1987.

— La naturaleza también está muy presente en sus poemas

— El mar, el bosque, el río son lugares comunes de encuentro metafórico con la sensibilidad de causas muy cercanas a mis vínculos patrios. La permanente presencia de esta mezcla de imágenes busca reafirmar convicciones, y confesar las muchas dudas y las pocas certezas, tan propias del carácter muchas veces contradictorio de la experiencia amorosa.

— ¿Tiene su obra algún afán trascendente? ¿Enfrenta sus miedos o da salida a sus convicciones?

— La trascendencia a la que aspiran estos versos es aquella vinculada a la posibilidad de dejar una huella, aunque mínima, en el lector. Una especie de cicatriz amable de antiguas heridas de amor con las que pueda identificarse y sentirse menos único en su soledad existencial. Respecto de afanes místicos, reconozco en estos versos la grata presencia de antiguos compañeros de viaje en este largo caminar de vuelta a casa.

— Usted parece apostar por el equilibrio, la belleza clásica... ¿Cree que este enfoque se pueda tildar de conservador, de conformista?

— La mención que me permito hacer de Charles Baudelaire en el libro no es accidental. Las aguas tranquilas que aparentan ser inocentes e inofensivas muchas veces son cauce de intensas emociones y cuna de feroces huracanes. No es tanto el volumen de la música lo que importa, lo que cambia el ánimo es la letra que no se olvida. En estos tiempos de tanta confusión, desesperanza y superficialidad no conozco nada más arriesgado y provocador que afirmar que sigo enamorado de la misma mujer, que insisto todos los días en buscar sus besos como si fuera la primera vez y que procuro siempre sorprenderla con la impuntualidad de mis primaveras.

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