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10 años en busca del filme perfecto

El ciclo La Mejor Película del Mundo nació por la falta de espacios para el cine alternativo y continuó usando el cine como un vínculo entre las personalidades y el público

sesión. Diego Gullco junto al grupo Efecto Mandarina y los asistentes a la proyección de ‘La leyenda del pianista en el océano’.

sesión. Diego Gullco junto al grupo Efecto Mandarina y los asistentes a la proyección de ‘La leyenda del pianista en el océano’.

La Razón (Edición Impresa) / Miguel Vargas

00:00 / 30 de noviembre de 2015

Una personalidad notable, un artista impecable, un invitado de lujo, presenta ‘esa’ película que le cambió la vida. O que le hizo entender el mundo de otra manera. O que le movió el piso. O que le encantó”. Con este párrafo, durante 10 años, el publicista y gestor cultural Diego Gullco ha invitado al público de La Paz para que tenga la oportunidad de redescubrir el cine que ha inspirado el trabajo y —por qué no— la vida de cineastas, músicos, actores, teatristas, comiqueros, escritores, coreógrafos, intelectuales, periodistas, artistas visuales, presentadores de Tv, activistas y un interminable etcétera de personalidades que han tomado la testera. El secreto: redescubrir, una y otra vez, el mejor cine del mundo.      

La Mejor Película del Mundo es un evento que se creó desde la hoy desaparecida revista mensual Afuera       —al menos en físico, pues su esencia permanece en las redes sociales—, de la que Gullco fue/es director.

“Por un lado tenía el contacto con el medio cinematográfico y cultural en general, por la revista. Por otra parte era una época muy mala para ser espectador: se habían cerrado casi todos los cines, no existían ni la Cinemateca ni los ‘multis’; no había piratería y no existían las películas por la web.

Llegaba poco cine y era malo con ganas. Y además ya se venían haciendo algunas cosas muy pobres en la producción nacional, aprovechando mal las facilidades de lo digital. Así que me pareció importante hacer algo para pasar películas ‘buenas’ y a la vez darle algunos criterios al público”.

Para ello se armó de un invitado de lujo, el cineasta Paolo Agazzi, y encontró un lugar para las proyecciones en la Alianza Francesa. “Por eso es emblemático, simbólico y otras esdrújulas más, que él sea el último en nuestros festejos del décimo aniversario”. Agazzi presentó ayer Rocco y sus hermanos, de Luchino Visconti.

Con ese puntapié inicial, el evento se convirtió en mensual, ocupando los primeros lunes de mes en las agendas cinéfilas. Luego de dos años en la Alianza Francesa, con un cierre de temporada que incluyó tres días seguidos con invitados especiales, se trasladó al Goethe Institut y unos dos años después encontró una casa estable en la Cinemateca Boliviana.

Fórmula. Una década de proyecciones no ha sido fácil de sobrellevar, más aún con los cambios en el espectro cinematográfico de la ciudad: la aparición de multisalas y el mayor acceso al cine mundial. ¿Cuál es la receta? “Hay una parte que es persistencia, tozudez y empecinamiento. Otra es resignación. Y en los últimos dos o tres años yo mismo cambié y me permití ver este evento de otra manera —gracias a las conversaciones con amigos que conocían el proyecto y algunas otras personas—, yo mismo empecé a entenderlo mejor, a valorar cuestiones que quizás no me percaté antes, a aclararme sus potencialidades y a darme cuenta de lo que me gustaba más”.

Es así que las proyecciones aumentaron: ahora hay una el primer lunes de cada mes y otra el último sábado. “Este año ya debemos haber superado los 2.500 espectadores. Y es que el público es muy diverso: hay muchos jóvenes de entre 20 y 30 años —y otros un poco más jóvenes—, y están los de 40 para arriba. Hay una serie de gente que es habitué, caserita, y que viene  muy seguido; y también hay una buena cantidad de gente nueva en cada función, dependiendo de la película y del invitado. Viene de toda la ciudad y de El Alto también”, dice Gullco.

Anécdotas, de todo color: al principio fue muy difícil tener acceso a una copia del filme sugerido por el invitado. “Al borde del papelón estuvimos con el artista visual Gastón Ugalde, debe haber sido por 2006. Él quería presentar Gritos y susurros de Ingmar Bergman, pero terminó siendo Pulp Fiction, de Quentin Tarantino. Y hace unos años nos pasó con la actriz Teresa dal Pero, que iba a presentar Pajaritos y pajarracos, de Pier Paolo Pasolini, pero tuvimos un problema técnico a último momento y al final presentó La ciénaga, de Lucrecia Martel. Por eso justamente es que nos queremos redimir con ella y la tendremos de invitada este primer lunes de diciembre, que es el 7”.

La cuenta exacta de invitados está perdida en la memoria; algunos han tenido la oportunidad de repetir la experiencia y otros han propuesto la cinta en conjunto. Se vieron filmes desde los más consagrados por Hollywood hasta los más alternativos, clase B y de culto. Desde historiadores hasta artistas digitales y urbanos; todos han tenido la oportunidad de recomendar su cinta favorita y, luego de la proyección continuar con un encuentro informal con el público, estrechando lazos y recibiendo regalos de las empresas auspiciadoras.

vivencias. El futbolista Carlos Fernando Pichicho Borja, la periodista Amalia Pando, la actriz Norma Merlo, el teatrista Iván Nogales… son algunas de las figuras que han conmovido a Gullco con su elección de película. “Y también me pasó con películas que de tan conocidas no las había visto nunca, como Zorba el griego o El violinista en el tejado”. Eso sí, el organizador aclara que no se puede hablar de invitados más “exitosos” que otros. “No se puede en una actividad como ésta, en la que alguna vez podemos tener un invitado muy consagrado, pero pocos espectadores; esto por factores que no tienen nada que ver con la calidad de esta personalidad. Recuerdo algunas presentaciones, como las de Jorge Sanjinés, Jimmy Vásquez o Jorge Ortiz, entre otros, que desbordaron la sala y en las que mucha gente se quedó afuera”, rememora.

Pasado el hito de los 10 años, muchos proyectos se asoman para este inquieto gestor que ha impulsado esta iniciativa a fuerza de pulmón, con  muy poco esfuerzo externo. “En el mediano plazo hay varias cuestiones en ciernes, como un libro con entrevistas extensas a varios de los invitados que tuvimos sobre temas de fondo, casi filosóficos y relacionados con la película que presentaron. También estamos trabajando un proyecto para Tv e intentaremos traer algunos invitados de otras partes del país”.

¿Y la mejor película del mundo  para Diego Gullco? “Obviando los aspectos más personales, porque me da vergüenza comentarlos ante el enorme público lector, Hiroshima mon Amour (Alain Resnais) es  una cinta que me impactó mucho cuando la vi, hace un montón, en mi adolescencia. Y después, aunque me quedó el recuerdo de lo que significó para mí, un poco me olvidé de ella, hasta que el año pasado, a raíz de la muerte de su director, surgieron bastantes noticias por la web y pedacitos de sus filmes. Ahí volví a ver un poquito de la película y con solo cuatro segundos fue suficiente para que me volviera todo de golpe, como un duro rebote de pelota: la historia, el lenguaje, cómo está narrada y la música, que es impresionante. Después me di cuenta que, además de todo, la cinta me influyó mucho en la forma de narración que tiene, entre repeticiones y situaciones truncadas”.

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