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A los 80 años del mural Guernica

Pablo Picasso creó en 1937 esta pintura que refleja el horror no solo de la Guerra Civil Española, sino de la que se gesta en el mundo.

Mural de cerámica El Guernica de Pablo Picasso. Foto: wordpress.com

Mural de cerámica El Guernica de Pablo Picasso. Foto: wordpress.com

La Razón (Edición Impresa) / José Luis Aguirre Alvis

00:06 / 10 de enero de 2018

La exposición Piedad y terror en Picasso. El camino a Guernica, realizada en el Museo Nacional Reina Sofía en Madrid, celebró en 2017 el 80 aniversario de la primera presentación del gran mural del pintor malagueño. La obra reconocida mundialmente como ícono del antibelicismo encuentra vínculo con la expresión de Hannah Arendt, quien en su libro Violencia diría que “la muerte quizás es el hecho más antipolítico que pueda existir”. Guernica, un mural en lienzo y con trazos blanco y negro para justamente transmitir con frialdad el horror vivido por la población civil de la Villa de Guernica en Vizcaya sometida a un brutal bombardeo aéreo ocurrido dentro de la cruenta Guerra Civil Española el 26 de abril de 1937.

El mural inspirado en este ataque retrata rostros con ojos desorbitados, tanto humanos como de animales, y sus expresiones de desolación sobrecogen a sus espectadores ya por ocho décadas. La desesperación y profundo terror ante la muerte escenificadas en el lienzo no son otras que la expresión de la violencia a raíz de la intolerancia política y el sinsentido de la guerra. La impresión misma que genera estar ante la pieza pictórica más importante de Pablo Ruiz Picasso se traduce en la de representar desde su descomunal tamaño un grito para que no se pueda olvidar un hecho radicalmente tan inhumano y que llevó a la prácticamente total eliminación de un poblado, como también para decir nunca más a la muerte y al terror extremo operados desde la incomprensible y extrema violencia que se puede activar entre humanos. Así, en 1950 Pablo Picasso diría sobre la fuerza expresiva de su mural “quiero subrayar la angustia de la carne”, para que justamente desde ella se alertara del destino que puede tener cualquier práctica del odio, ambición entre estados e intolerancia política.

A pesar de que Picasso siempre evitó hablar sobre Guernica, él estaba consciente de que la misma había adquirido un valor simbólico universal y que así trascendía su valor pictórico para alcanzar un carácter expresivo simbólico que exigió que la misma recorriera distintos destinos adquiriendo su doble valor, el artístico y el de la denuncia política. La historia de la obra parte a inicios de 1937 cuando Picasso recibió la comisión del Gobierno de la República de producir una pintura de gran escala destinada a destacar la presencia de España en la Exposición Internacional de Arte y Tecnología de París, prevista para mediados de ese año. El mural que había sido proyectado con bocetos y esquemas volcó radicalmente su temática al acaecer en medio de la labor de Picasso la tragedia de Guernica, la que lo sobrecogió al extremo por haber dejado ver al desnudo la vulnerabilidad y dolor de la población civil en medio de una guerra. Así, faltando mes y medio para la exposición y a partir de más de 50 esquemas y bocetos, pudo dibujar el rostro del terror y sufrimiento de la población de Guernica que se encontró atrapada en medio del fuego, operado tanto por la aviación del ejército nazi alemán como por el ejército fascista italiano. Así, la Villa de Guernica ardió en llamas el 26 de abril de 1937 siendo uno de los episodios más crueles de la Guerra Civil Española. Este hecho efectivamente costó la muerte a más de 3.000 personas en un área que era considerada militarmente como un bastión de la resistencia republicana española y que además como centro de la cultura vasca era vista como base de opositores a la facción nacionalista liderada por el general Francisco Franco. El dictador había recibido apoyo alemán e italiano para esta operación que le significaba dar un giro en el control de la España en guerra.  

El mural, una vez acontecido este episodio, fue concluido en junio de 1937 tomando un sitial destacado en la exposición internacional y desde entonces fue parte central de exhibiciones en Milán (1953), Sao Paulo (1953), incluyendo el más extenso recorrido a diferentes capitales europeas entre 1955 y 1956. Los registros de prensa de entonces indican que en octubre de 1955 la exposición de Picasso que tuvo lugar en París sobrepasó los 100.000 visitantes en su exhibición en el Museo de Artes Decorativas. Para la exhibición en 2017, conmemorando los 80 años de la Guernica, el Museo Nacional de la Reina Sofía en Madrid reportó una concurrencia entre abril y septiembre de por lo menos 550.000 visitantes.

El recorrido del mural antibelicista

Después de aparecer en el Pabellón de España de la Exposición Internacional de París, donde Picasso expuso por primera vez su mural, él tomó posesión de sus obras para hacer que circularan en carácter de préstamo en centros pictóricos internacionales bajo la condición de que le garantizaran su seguridad, además de que pudieran ser apreciadas de modo abierto por todos aquellos que valoraran su contenido. Desde aquel momento y hasta su muerte en abril de 1973, el artista fue responsable de facilitar las pinturas a museos e instituciones que las solicitaban, teniendo la libertad en muchos casos de rechazar los pedidos, más si éstos se referían a sitios donde se generaba un sentido contrario a los valores que representaban.

Es particularmente importante el que Picasso aceptara la invitación de Alfred H. Barr. Jr, el entonces director del Museo de Arte Moderno de Nueva York, para dejar en calidad de préstamo el Guernica, así como lo hizo con otras de sus obras dentro de la exhibición que se tituló Picasso: cincuenta años de su arte (1939), espacio de permanencia que se considera el más prolongado.

La pintura adquirió en distintas oportunidades el estatus de símbolo contra la guerra, tal como fue utilizada en reproducciones por el Partido Comunista Español en 1981 cuando el mundo obrero se manifestó en el referéndum contra la OTAN e igual situación se dio en las marchas populares contra la guerra en Iraq realizadas en Barcelona en febrero de 2003. Incluso a finales de los años 70 e inicios de los 80 del siglo XX la pintura dio origen a un movimiento de artistas y pintores que demandaban que Guernica debía ser y estar en España, hecho que finalmente se hizo efectivo en octubre de 1981, cuando la pintura retornó a Madrid. Con esto, según se dijo, se daba cumplimiento póstumo a la voluntad de Picasso de que Guernica debería retornar al Estado español cuando allí se instalara un gobierno democrático. Este deseo, y también con su valoración sobre la misma democracia y el carácter centralista del gobierno, fue expresado entonces por la comunidad vasca que considera desde entonces que la pintura debería ser instalada en la Villa de Guernica, cuyo bombardeo fue la trágica materia prima que inspiró la obra.

Guernica se convirtió hasta hoy en la alegoría mundial en contra de la violencia política, y cuenta la anécdota que durante la Segunda Guerra Mundial, estando viviendo Pablo Picasso en París, un oficial alemán se le acercó y, mostrándole una foto del mural, le preguntó: “¿Usted hizo esto?”. A lo cual Picasso respondió: “No, ustedes lo hicieron”.

  • José Luis Aguirre Alvis es Comunicador y Periodista

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