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El arte de los Desafinados

Ningún movimiento musical fue tan revolucionario como la Bossa Nova surgida en el Brasil a fines de los años 50

Brasil. Vinicius de Moraes y Antonio Carlos Jobim, dos de los creadores de la Bossa Nova.

Brasil. Vinicius de Moraes y Antonio Carlos Jobim, dos de los creadores de la Bossa Nova.

La Razón / nicolás peña n apasionado por la música

00:00 / 15 de abril de 2012

Fue en el año 1958 hace más de 50 años. Brasil conquistaba por primera vez el título mundial de fútbol, Juscelino Kubitschek de Oliveira proyectaba Brasilia con las aristas y las curvas modernas de Óscar Niemeyer y João Gilberto tocaba la guitarra de una manera que nunca antes nadie lo había hecho, completamente diferente al del samba tradicional.

Hoy, João Gilberto es el único miembro vivo de lo que se conoce como la santísima trinidad de la Bossa Nova que formaba junto al poeta Vinicius de Moraes y al pianista y compositor Antonio Carlos Jobim. Fue en abril de ese año que el guitarrista entró al estudio para grabar  Cançao do amor demais un disco de 78 revoluciones  de la cantante Elizete Cardoso. El primer corte de ese álbum, Chega de Saudade, fue el manantial del género que se convirtió en poco tiempo en el mejor legado musical del Brasil al mundo entero, y como no podía ser de otra manera, tenía la característica que engrandece al arte, era una música de mezclas. Cançao do amor demais no era un disco estrictamente de Bossa Nova, pero sí fue el detonante de lo que vendría inmediatamente después, ya que el año siguiente João Gilberto volvería al estudio, esta vez para un álbum propio, el primero, grabando el que sería el disco Chega de Saudade donde el maestro ya no solamente tocaba la guitarra sino que cantaba… no, en realidad no cantaba, susurraba. La armonía de Jobim, la poesía de Vinicius y el dulce susurro de Gilberto que se empastaba con su nueva batida de la guitarra, eran los ingredientes perfectos para esa nueva música que se conocería como Bossa Nova. Esa nueva música que se vería plasmada en temas como Desafinado,  Brigas nunca mais y la propia Chega de saudade.

REVOLUCIÓN. Ningún otro movimiento fue tan revolucionario en la música como la Bossa Nova. Fue realmente la gran apertura para que la música popular brasileña pueda encaminarse por una senda moderna. Criticada por algunos, la Bossa Nova fue considerada como un movimiento elitista, pero dejaría sin fundamento ese punto de vista al traer las músicas de los grandes compositores populares del pasado, presentándolos de una manera nueva con una interpretación muy personal por parte de los músicos, una cadencia más acentuada y una estructura rítmica completamente renovada. Más allá de esto, la imaginación de sus creadores daba margen a una espontaneidad literaria, a una auténtica libertad de creación, que permitía a los creadores musicales “ser desafinados”.

Un tema fundamental en el surgimiento de este nuevo género musical, fue el huracán cultural que desembarcó una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, acarreando consigo una fuerte influencia de la cultura norteamericana sobre todo el mundo occidental. La música de George Gershwin, Cole Porter y Jerome Kern utilizada en los musicales de Broadway, el Bebop de Charlie Parker y Dizzy Gillespie con sus acordes disonantes y armonías modulantes, el Cool de Chet Baker y Stan Getz con su aire relajado y gélido, serían el complemento perfecto para las interpretaciones intimistas, instrumentación simple y lirismo coloquial de Tom, Vinicius y João que ya venían influenciados por el bolero mexicano.

Durante los primeros años de la Bossa, esa nueva aptitud, ese brote espontáneo, ese nuevo jeitinho cautivó a todos los músicos brasileños que con su toque personal y su propia individualidad fueron aportando a las composiciones e interpretaciones de esa nueva música, Carlos Lyra, Baden Powell, Luiz Bonfá, Laurindo Almeida y muchos más fueron parte del ejército que fortaleció y difundió esta revolución musical de finales de los años cincuenta. A pesar de ello, todavía tuvieron que pasar cinco años para que esta nueva forma de concebir e interpretar la música se diera a conocer al mundo entero gracias al apadrinamiento de esa magia llamada jazz que se constituiría en el mejor catalizador para que los músicos, de un lado y del otro, establezcan  las conexiones rítmicas, armónicas y melódicas necesarias para imprimir el carácter de universalidad indispensable cuando un invento es muy bueno. 

NACIMIENTO. En marzo de 1963 se inmortalizaba este encuentro de culturas con la grabación del disco Getz/Gilberto, donde el saxo tenor de Stan Getz y el tímido susurro de Joao Gilberto se combinaban perfectamente en todos los temas compuestos por Antonio Carlos Jobim, que además tocaba el piano.

Siendo un disco que iba a salir en el mercado norteamericano, el productor Creed Taylor pidió a Gilberto que cante el coro de la Garota de Ipanema  en inglés y no en portugués, pero João no sabía hablar inglés, para suerte de la música y de todos los que vibramos con ella, en el estudio de grabación se encontraba Astrud, la esposa de Gilberto, que sin pensarlo dos veces y sin imaginarse la trascendencia de aquel momento, se ofreció a cantar dejando una versión eternizada, con una voz entonada bajo el velo de una niña, mientras el saxofonista surfeaba plácidamente sobre ese ritmo ondulado que el mundo conocería como Bossa Nova y que hoy en día es un estilo absolutamente respetado y fuente de inspiración para músicos de todos los estilos.

Como en todo, la mezcla inteligente y sensible, la interculturalidad, el respeto al otro respetándose a uno mismo, sin complejos ni prejuicios, el aceptar lo foráneo con sabiduría y combinarlo con lo propio, son el mejor caldo de cultivo para el nacimiento de constelaciones artísticas que son un orgullo para la humanidad. El jazz, la cueca, el tango, la zamba, el samba, el kaluyo, el rock, son todos ejemplos de mezclas de culturas, lo único puro es el alma.

Ho-ba-la-lá

Dicen que habla con los gatos.Dicen que durante horas mira la luna.Dicen que con amigos y parientes, se comunica con notas escritas que pasa por debajo de la puerta.Dicen que puede hablar por teléfono durante horas y horas…Dicen que tiene más de 100 teléfonos móviles.Dicen que ama y odia tanto a las personas, que no consigue soportarlas.Dicen que toca más de 12 horas cada día.Dicen que puede tocar continuamente la misma canción + de mil veces.Dicen que su gran obsesión es la perfección, y que cuanto más cerca está de ella, él piensa que cada vez está más lejos…Dicen que practica una extraña religión oriental.Dicen que en la casa de su hermana en Diamantina, estuvo encerrado en el cuarto de baño durante meses buscando “la nueva música”, la Bossa Nova.Dicen que sólo escucha las mismas canciones y músicas antiguas.Dicen que posee un oído tan privilegiado, que puede escuchar aislada cada nota y dividirla en fragmentos.Dicen que puede inventar un acorde al violão que suena exactamente cómo el viento de la tarde o la lluvia del verano…Dicen que inventa palabras, como Ho-ba-la-lá.(Del libro: Ho-ba-la-lá; A Procura de João Gilberto por Marc Fischer)

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