Tendencias

El arte de la correspondencia

Dos escritores deciden, a la vieja usanza, escribirse para reflexionar sobre diversos temas

Coetzee. Premio Nobel de Literatura 2003. Foto: Mondadori

Coetzee. Premio Nobel de Literatura 2003. Foto: Mondadori

La Razón / Rubén Vargas - periodista

00:00 / 03 de febrero de 2013

Dos escritores que tiene en común la lengua inglesa, pero cuyas obras no presentan, por lo menos a primera vista, rasgos en común, decidieron revivir el viejo arte de la correspondencia. Arte ciertamente diferente al simple hecho de escribir cartas con fines comunicativos. El norteamericano Paul Auster (1947) y John Maxwell Coetzee (1940), sudafricano por nacimiento y australiano por adopción, se propusieron usar las cartas —como lo hacían los pensadores y escritores de la Ilustración— como un espacio para volcar y compartir reflexiones. El resultado de esa aventura se llama Aquí y ahora, libro coeditado en castellano por Alfaguara (el sello que publica a Auster) y Mondadori (la editorial de Coetzee).

La relación epistolar, se cuenta en el libro, fue una idea que le propuso Coetzee a Auster en 2008. Ambos habían trabado relación —todavía no amistad— años antes, en 2005, cuando Auster preparaba una edición de las obras de Samuel Beckett con motivo del centenario de su nacimiento para la inglesa Grove Press y le pidió a Coetzee un  prólogo para acompañar esos volúmenes. La elección era por demás adecuada: en el santoral privado del escritor Coetzee, Beckett es una figura de alto culto.   

Los dos escritores se pusieron un límite para su ejercicio de correspondencia —dos años— y una regla: que los temas fueran variados, pero de interés común. Empezaron escribiéndose sobre la amistad (ver Tendencias del 27 de enero), pero pronto derivaron a otros temas, incluidos los deportes.

Al cabo de los dos años, la correspondencia se había convertido en un puente para la amistad al que los escritores no estaban decididos a abandonar.  En ese trance, escribió Auster: “La idea de parar me llena de tristeza ya que he disfrutado mucho de esto, y después de estos dos años te considero un amigo, y la última cosa que querría sería perder el contacto”. Coetzee respondió: “Claro que somos verdaderos amigos, hermanos de sangre incluso, si prefieres. Podríamos celebrar una de esas ceremonias de hermanamiento la próxima vez que nos veamos”.

Lo único que se puede esperar de  la ceremonia de hermanamiento propuesta por Coetzee en que incluya un abundante derramamiento de sangre de la punta de sus dedos.

Las cartas, afortunadamente, evitan en lo posible los asuntos personales y familiares. Ambos escritores, a su turno, ya ensayaron libros autobiográficos. Coetzee publicó su famosa trilogía Infancia (1998), Juventud (2002) y Verano (2009). Y lo hizo con su poderosa capacidad de invención novelesca y esa aguda prosa suya —parecida a un bisturí— que no hace concesiones, menos aun tratándose de sí mismo. Por su lado, Auster insistió en ese género desde

A salto de mata (1998) y El cuaderno rojo (1994) hasta el reciente Diario de invierno (2012). Este último, sin embargo, —aparte de algunas reflexiones interesantes— deja al lector la sensación de la puesta en escena de un ego sobrevalorado.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia