Tendencias

El arte de la fuga

Poemas de Vadik Barrón

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 20 de julio de 2014

Con el libro ‘El arte de la fuga’, Vadik Barrón (1976) ganó en Premio Nacional de Poesía ‘Yolanda Bedregal’ 2013; estos textos forman parte de la obra galardonada

Las ventanas secretas

las ventanas secretas duermen en la sien, en la humedad que nos ronda después de un duchazo,en los espacios móviles entre los dedos de la mano.todo ojo merece llamarse la puerta del sol.las ventanas secretas, amigo mío,nos salvarán de este mundo farsante.conserva la música salvajeel latido improvisadoel amor bajo las pieles.hay que tener a mano una escafandraun teletransportadorun dispositivo de fugay arrepentirse a última hora.decidir: aquí me quedo,y abrazarnos bajo las frazadasy que el big bang truene si quiere.

Plaza

…una diablada a la derivaEdwin Guzmán¿Qué es eso que late, en la plaza vacía?Elvira Espejoeso pequeño que late en la plaza vacía, elvira,es el ojo muerto del sol.antes era redondo como un limóny ahora no es más que una anfetamina a medio tragar.eso pequeño que pulsacomo una música plegable que disemina insectos sobre la partituraes la tristeza de todos los ojosde todas las madres de todos los pueblos.esa oquedad palpableese melanoma en el airees el punto final que escribe pacientemente el fin del mundo:un infierno de millones de voces unísonas,una jocunda comparsa de almas perdidas.

Confesión y poema gato

poco y nada sé de la vida, de su álgebra y entuertos.me entretienen, fascinan, confundenlos sofismas de aire,la mujer del prójimo,los poemas gato.con poema gato quiero decir esas entidades de palabras con la cola alargadaque se escurren entre los muebles, dejan pelo por toda la casay reinan en los tejados. poemas que hacen público su celo,que son traicioneros y melosos a la vez,que son dignos y crueles,cancheros, autónomos y sexys.los poemas gato habitan los intersticios del bien y del mal,del ají y el azúcary dialogan con la oscuridaddesde dos estrellas radiantes que escanean los misterios.poco y nada sé de la vida, vivo en una casa que se enfrenta a un patio donde el otoño es perpetuo.en una ciudad cuyo único río la envuelve como una serpiente.en un continente incontinente, en un geriátrico a cielo abierto.qué se yo del mundo, de las agudas finanzas, de las ideologías oportunas.desde esta ventana ruego todos los días que aparezca un poema gato, uno solo.mientras, me hago viejo.  afuera caen las hojas —puede que sean pájaros—que presagian lluvia, puede que sea nieve.poco y nada sé de la vida, pero aquí me tienen con el corazón entre las manos p’aspas y los ojos bien abiertos al sol criminal de la esperanza.

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