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Elvira Espejo, del tejido y la pintura, al canto y la museografía

La artista habla sobre su nuevo disco y su visión sobre el trabajo en el Musef.

Elvira Espejo realizando su trabajo en el Musef.

Elvira Espejo realizando su trabajo en el Musef. Foto: Miguel Carrasco

La Razón (Edición Impresa) / Naira de la Zerda

00:01 / 05 de diciembre de 2018

La educación, cuando no es sólida y no recupera el conocimiento del pueblo que instruye, depreda. Esa fue la respuesta, clara y reveladora, que la artista e investigadora Elvira Espejo recibió de su abuela, Gregoria Mamani, cuando ambas debatían sobre la desaparición de cantos rituales de su comunidad, el ayllu Qaqachaka, al sur de Oruro.  

Es así como comenzó el trabajo que culmina con la presentación del disco Sami Kirki —canto a los alientos sagrados— el 8 de diciembre a las 19.30, en Utópica Cultural (Av. García Lanza 1000, entre la 9 y 10 de Achumani).

“Este disco es parte de una investigación que ha tomado mucho tiempo. Son cantos que en realidad solo escuché en fragmentos, una forma de agradecimiento a los grandes guardianes —cerros, nubes, estrellas, sol —que colaboran para tener una buena producción”, explica Espejo.

Después de terminar el bachillerato en Challapata y especializarse en Pintura en la Academia Nacional de Bellas Artes Hernando Siles, de La Paz, Elvira volvió a su comunidad y descubrió que las entonaciones que se hacían en grandes tropas de mujeres y hombres, en lugares sagrados, habían casi desaparecido.  

Empujada por la necesidad de preservar este conocimiento, comenzó a recopilar trozos de los cantos del ayllu orureño. “Preguntando, fuimos reconstruyendo las piezas. Se hizo evidente la tergiversación que hizo la Iglesia, pero también mucho de lo que había permanecido. Encontramos cantos en tupuraya, que no es plenamente quechua, sino anterior al imperio incaico. Entonces, estábamos trabajando con varios pisos de civilización, no solo uno”, detalla la investigadora.

La letra de las entonaciones estaba en aymara y se las tradujo al castellano para que los que no lo hablan pudieran entender de qué se trataban. Para la parte musical, Espejo confió en el músico Álvaro Montenegro, con quien grabó dos discos: uno con piezas qaqachakas sobre la crianza de camélidos y otro sobre la construcción de las casas.

Sami Kirki tiene 13 temas, interpretados por Espejo junto a los estudiantes del colegio Kurmi Wasi y el conjunto Comunidad Sagrada Coca, quienes se especializan en música autóctona. “Me parece muy importante que estos cantos —donde la poesía y la música trascienden— sean recuperados para que los jóvenes tengan acceso a ellos. Me gustaría mucho que los colegios puedan interpretarlos, como ahora, que  trabajamos con los profesores de aymara y música del colegio Kurmi Wasi”, expresa la artista.

Además de su trabajo individual, la investigadora es la directora del Museo Nacional de Etnografía y Folklore (Musef) desde 2013. Allí lidera un equipo de profesionales que han desarrollado planteamientos museográficos innovadores en el ámbito mundial.  

En 2013, el museo tenía en su poder una colección importante de 32.000 bienes culturales y 180.000 bienes documentales. Sin embargo, no contaban con ningún catálogo que ordenara sus compilaciones. En estos cinco años presentaron 17 volúmenes —de cerca de 500 páginas cada uno— sobre textil, cerámica, arte plumario, metalurgia, madera, cestería, piedras, retablos, máscaras y gorros, entre otros.  

Además de describir los objetos, los catálogos ilustran sus cadenas operatorias, donde se describen las materias primas y técnicas con las que se produjeron.     

“La experiencia te hace grande. Trabajé en diferentes museos europeos —como el British Museum en Reino Unido— y latinoamericanos, así que puedo cuestionar y ver lo errores que se cometen allá y aquí. A partir de eso generamos respuestas, nuevas tendencias que contribuyen a la museografía mundial, desde Bolivia y América Latina”, afirma la especialista indígena.

Gracias a toda su trayectoria, Elvira Espejo recibió, el 10 de noviembre,  el premio Gran Tropera 2018 en el Festival Internacional de Cine Arica Nativa, en Chile. “Es una lucha, pero estoy orgullosa de que este trabajo esté conmoviendo a nuestros pueblos”.     

Además de los catálogos, hay tres proyectos para acercar el museo a la población. Se lanzó dos líneas didácticas denominadas Musef te cuenta y Musef en viñetas y también está el Museo Portátil, que cuenta con exposiciones itinerantes que se llevan a diferentes comunidades.

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