Tendencias

La artista del empuje telúrico, en la memoria

Marina Núñez del Prado: ‘El Illimani es el más acabado milagro de arquitectura y escultura’

La Razón (Edición Impresa) / Freddy Zárate - Abogado

00:00 / 02 de agosto de 2015

El libro Eternidad en los Andes (editorial Lord Cochrane, Santiago, 1973), las memorias de la escultora Marina Núñez del Prado, es hoy un volumen difícil de encontrar. En él, la artista comienza relatándonos su condición existencial: “Nací bajo el signo de Libra en el barrio de Caja del Agua de la ciudad de La Paz […]. Heredé de mis antepasados una marcada inclinación por las bellas artes. Mi bisabuelo, el famoso arquitecto José Núñez del Prado, egresado de la Escuela de Ingeniería, fue mi inspiración”. El talento artístico de la escultora empezó a moldearse en la recién fundada Academia de Bellas Artes de La Paz (1927). Años más tarde ejerció allí la docencia en las materias Escultura y Anatomía Artística (1930-1938).

El contexto sociocultural que le tocó vivir a Núñez del Prado estuvo marcado por los vientos del indigenismo, que comenzaban a soplar con fuerza en América Latina. Esta resonancia fue fomentada por un movimiento europeo que “descubría” el arte “primitivo” en todo el mundo. Sobre todo fue México el impulsor de un tipo de arte que aspiraba a reflejar su pasado autóctono.

A raíz de esta moda, Núñez del Prado reflejó con fuerza lo telúrico de las montañas y motivos indígenas. En sus memorias reiterativamente indica las impresiones que le produjeron los paisajes y los pobladores de los Andes: “Las montañas parecen gigantes paralizados por el poder de Dios […]. Las montañas bolivianas parecen que nos están hablando día y noche con la elocuencia de sus volúmenes […]. El Illimani es el más acabado milagro de arquitectura y de escultura […]. Mis maestros son los genios tutelares del milenario Tiwanaku”. Posteriormente, la escultora evolucionó de un arte indigenista hacia una estilización formal rayada en la abstracción.

Núñez del Prado fue una de las personalidades bolivianas de mayor proyección internacional en su campo. Recibió varias distinciones en el extranjero por su precursora labor artística en Bolivia. Más de 20 de sus obras figuran en museos de Europa, Estados Unidos y América Latina.

INCENTIVOS. Y esto, aunque las esferas de poder por lo general no tienden a incentivar, ni promover labores culturales. Es ilustrativa la anécdota que relata en sus memorias, su entrevista con el Ministro de Hacienda para solicitar ayuda económica para exponer en Buenos Aires en los años 30: “La antesala estaba concurrida por personas que pretendían lo mismo que yo. Para ver al ministro se entraba por turno y de dos en dos; me tocó entrar con un joven. Ya frente al ministro, el joven, haciendo como si yo no existiera, atropelladamente e interrumpiendo mis primeras palabras expuso al ministro la necesidad de obtener 10.000 dólares para el viaje de un equipo de fútbol. Muy jovialmente fue aceptada y le concedieron el dinero solicitado. Yo pensé: —Si conceden tamaña suma para el fútbol, me será a mí más fácil conseguir la décima parte de esa suma, con fines artísticos—. Expuse al ministro mis planes de exposiciones y le pedí me concediera 1.000 dólares en divisas. ¡Qué equivocada que estaba! —El señor ministro me dijo: Señorita, esas exposiciones de arte son suyas y muy personales, nada reportan a Bolivia, y por lo tanto no podemos conceder lo que usted pide. —Pregunté al señor ministro si estimaba el arte menos que el fútbol, en respuesta me dijo: —Hay que estimular a los muchachos. —Y mi respuesta fue: Señor ministro, lamento no haber nacido futbolista”.

MITOS. A lo largo de su vida, Núñez del Prado realizó más de 160 exposiciones individuales y participó en diferentes Bienales de Arte. En la década de los 70 se fue a vivir a Lima, con su marido, el escritor peruano Jorge Falcón. Hasta el día de su muerte estrechó la hermandad, a través del arte, entre Bolivia y Perú. Hoy la casa donde vivió en Lima es una fundación cultural donde se exhiben sus obras.

Gran parte del trabajo de Núñez del Prado está inspirado en los Andes: “Los mitos, el empuje telúrico, fuerzas ocultas y misteriosas, sedimentos culturales prehistóricos, presencias cósmicas invisibles son elementos de la naturaleza en que vivo y mi obra escultórica quiere ser el resultado y el reflejo de todos ellos”. En la actualidad la escultora ha perdido relevancia, pero sus esculturas en piedra resisten los avatares del tiempo, la indiferencia y la memoria corta. En vida no presintió el olvido y expresó: “Como toda obra de arte en que se pone emoción, verdad y sinceridad, la mía ha de perdurar porque la siento y la creo como el mensaje de un alma para las actuales y posteriores generaciones”.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
14 15 16 17 18 19 20
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia