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Tres artistas para Pérez Velasco

Guarachi, Ibáñez y Crespo Gastelú, profesores de la Escuela de Bellas Artes, ilustraron los ensayos del polémico escritor

La Razón (Edición Impresa) / Freddy Zárate - abogado

00:00 / 04 de octubre de 2015

La Academia Nacional de Bellas Artes Hernando Siles Reyes se fundó a finales de los años veinte del siglo pasado. Años más tarde, su nombre cambió a Escuela Nacional de Bellas Artes, como se la conoce hasta hoy. Por sus claustros pasaron notables profesores como Cecilio Guzmán de Rojas, Jorge de la Reza, Alfredo Araujo Quesada, Genaro Ibáñez, Rebeca de la Barra, Hugo Almaraz, Fernando Guarachi o David Crespo Gastelú. Asimismo, la Escuela ha sido un semillero de artistas de realce internacional. Muchos autores estudiaron en sus aulas y talleres: Hugo Almaraz, Maruja Ledezma, Félix Rojas Ulloa, Marina Núñez del Prado, Dora Quesada, Julia Meneses, María Luisa Pacheco, Wálter Solón Romero o Mario Conde, entre otros.

Cecilio Guzmán de Rojas (1899-1950) declaró a su retorno de Europa a finales de los años veinte: “Cada una de las artes, la pintura, la música, la escultura, deben cumplir su misión peculiar. Cada arte tiene su forma propia de expresión. Así, dentro de un cuadro histórico, la belleza ha de ser atendida ante todo por un sentido estético de forma y color y solo después vendrá el sentimiento dramático a completar la obra con la documentación literaria”. Guzmán se inclinó en resaltar la importancia del arte y su valor testimonial sobre las inquietudes sociales, políticas y culturales de cada época.

Uno de los nombres que se fue desvaneciendo dentro de los círculos académicos y universitarios es el escritor Daniel Pérez Velasco. Su producción ensayística es difícil de localizar en la actualidad. Según el historiador Josep M. Barnadas (1941-2014) y el investigador Elías Blanco, nació en Loreto (Beni), 1901, y falleció en Santa Cruz de la Sierra en 1986. Aunque el escritor Juan Albarracín Millán afirma que nació en 1900.

Pérez Velasco logró unir el arte con su labor ensayística, como se puede apreciar en Las crónicas de la vida inquieta (1926) y Agua de torrente (1927). La portada de ambos textos fue encomendada a Fernando Guarachi, uno de los fundadores de la Academia Nacional de Bellas Artes, resultante de las inquietudes que —en el Círculo de Bellas Artes— estimulaban al grupo Gesta Bárbara, y de las exigencias de parte de los propios artistas por tener una institución especializada en su rubro.

Guarachi fue profesor de anatomía artística en la Academia. La escultora Marina Núñez del Prado lo recuerda en sus memorias por tener un “temperamento original y de muy buena preparación”. Hizo sus primeras armas en la Escuela de Artes de La Paz y continuó en Chile y Argentina. Cultivó el retrato, la caricatura, la pintura de descomposición y desnudos. También fue profesor de dibujo y subdirector del Colegio Nacional Ayacucho de La Paz. Fue un artista de renombre en la década de los 30 junto con sus hermanos, el caricaturista Ernesto Guarachi y el pintor acuarelista Emilio Guarachi.

El ensayo más conocido y polémico de Pérez Velasco fue La mentalidad chola en Bolivia. (Al través de un siglo de vida democrática). Tuvo tres ediciones consecutivas en 1928, 1929 y 1930. La primera de ellas fue ilustrada por el artista Genaro Ibáñez (1903-1983). Ibáñez comenzó como autodidacta y más tarde marchó a estudiar a Buenos Aires y a Madrid. Se destacó en la xilografía, en la pintura de volúmenes, el desdibujo y la vibración cromática. También ejerció el profesorado, y asumió la Dirección de la Academia de Bellas Artes. Sus exposiciones en el exterior recibieron varias premiaciones.

La tercera edición de La mentalidad chola en Bolivia fue encargada al ilustrador y caricaturista David Crespo Gastelú (1901-1947), otro autodidacta que empezó su carrera en 1925. Sus excepcionales condiciones lo llevaron de profesor a la Academia de Bellas Artes. Años más tarde recibió una beca en la Argentina, y se perfeccionó en pintura mural. Fue uno de los representantes del indigenismo plástico. Sus trabajos se expusieron en Bolivia y en el exterior, y recibió valiosos comentarios halagadores por su labor artística en Argentina, Perú y Chile. Colaboró en varias revistas y periódicos de la época hasta que la muerte le sorprendió tempranamente en la cúspide de su labor artística.

Así, el ensayista Pérez Velasco dejó importantes testimonios escritos de la década de los años treinta, pero a la vez nos legó —en las portadas de sus libros— trabajos de gran valía de artistas contemporáneos a él. Paradójicamente el propio Pérez Velasco, como Guarachi, Ibáñez y Crespo Gastelú han quedado ahora en un olvido casi total. Estos ilustres nombres se suman así a la lista larga de nuestras plácidas omisiones en el campo cultural.

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