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Dos astros que iluminan las letras y la vida

Cervantes y Shakespeare, referencias absolutas de la literatura en español y en inglés, fallecieron hace 400 años pero su estilo, sus reflexiones y sus personajes aún marcan la cultura universal

Cervantes y Shakespeare

Cervantes y Shakespeare

La Razón (Edición Impresa)

07:08 / 10 de febrero de 2016

Hamlet y Otelo para todos y para siempre

Shakespeare aportó 3.000 palabras y frases nuevas al inglés para sintetizar los sentimientos, las fortalezas y las debilidades humanas como el odio, la lealtad y la traición

James Thornton - Embajador británico en Bolivia

El 23 de abril se cumplirán 400 años de la muerte de William Shakespeare, quien había nacido en esa misma fecha 52 años antes. Muy joven aún se unió a la floreciente comunidad teatral en Londres, donde se destacó como escritor y actor. Sus obras fueron representadas ante la reina Elizabeth y su sucesor, el rey James, quien fue patrono de su compañía. Sus obras fueron tan exitosas y vendieron tanto que algunos editores trataron de hacer pasar otras como si fueran de Shakespeare, y muchas versiones de sus obras completas se publicaron después de su muerte.

La fascinación por Shakespeare llega hasta nuestros días, cuando 4,9 millones de personas viajan cada año a Stratford-upon-Avon para conocer la cabaña donde nació, la casa en la que su esposa pasó su infancia, y visitar su tumba. Hay muchos otros lugares en el Reino Unido que tienen una conexión fascinante con El Bardo, incluyendo la isla de Skye, Inverness, Windsor, Birmimgham y Londres, donde se encuentra el teatro Shakespeare’s Globe. El edificio es una fiel reproducción del teatro construido en 1599, en el que Shakespeare interpretó sus obras de más renombre y donde se ponen en escena sus obras con todo el ambiente y las características del teatro isabelino de su época.

Pero, ¿por qué Shakespeare sigue siendo relevante más de 4 siglos después? Hay muchas razones, pero la principal es su habilidad para resumir la variedad de emociones y experiencias del ser humano. Su obra habla sobre el amor y el odio, la venganza y los celos, la lealtad y la traición, la ambición y el poder, el destino y la tragedia. Shakespeare también escribió sobre temas que preocupaban en su época y todavía son objeto de preocupación en la nuestra: la brutalidad del conflicto y la guerra, la tiranía y el respeto al estado de derecho.

La resonancia sin tiempo de estos temas ha producido adaptaciones en diversos contextos geográficos, sociales, políticos e históricos, y también ha inspirado películas, música, ópera, literatura y animación. Por ejemplo, Romeo y Julieta fue transpuesta a la Nueva York de los años 50 en West Side Story. El Rey León llevó elementos de Hamlet hasta las planicies de África, mientras que la serie de televisión House of Cards fue influenciada por los protagonistas de Macbeth y Ricardo II.

Las obras de Shakespeare también han sido fuente de inspiración para otros maestros y muchos aspectos de sus escritos, desde su lenguaje hasta su estilo de interpretación, y continúan influenciando al teatro y la literatura alrededor del mundo. El Bardo influyó en el desarrollo del idioma inglés más que nadie (3.000 nuevas palabras y frases aparecieron impresas por primera vez en las obras de Shakespeare). El idioma de Shakespeare es ahora el idioma más hablado en el planeta y el preferido para los negocios, la diplomacia, la ciencia, la educación y la tecnología. Por supuesto que el país de Shakespeare es el mejor lugar para estudiar el idioma inglés, pero también uno de los mejores lugares para realizar estudios universitarios en general: cuatro de las seis mejores universidades del mundo son británicas, según el ranking mundial QS.

Shakespeare es una las más grandes exportaciones culturales británicas y, en realidad, se considera como la primera de muchas. A lo largo de los siglos le siguieron otros ejemplos del talento y la creatividad británicas que han inspirado y entretenido al mundo: desde Jane Austen hasta JK Rowling en la literatura; desde Edward Elgar hasta Adele en la música; desde Lawrence de Arabia hasta Harry Potter en el cine.

Shakespeare es para todo el mundo y para todos los tiempos. Su obra se estudia en la mitad de las escuelas del mundo y ha sido traducida a más de 100 idiomas. Hamlet tiene traducciones al esperanto, a interlingua (lengua artificial internacional) y al idioma klingon. Solamente Romeo y Julieta ha sido interpretada en al menos 24 países en 16 idiomas durante la última década. También es el autor más buscado en Google, y su cita más requerida es “Ser o no ser: esa es la cuestión”.

Recientemente el primer ministro David Cameron anunciaba el programa mundial Shakespeare Lives, que se llevará adelante hasta diciembre de este año celebrando las obras de Shakespeare y su influencia en la cultura, la educación y la sociedad. Liderado por la campaña GREAT Britain y el British Council, este programa constituye una oportunidad para que millones de personas de todo el mundo participen activamente en una colaboración digital única y experimenten directamente las obras de Shakespeare mediante producciones totalmente nuevas de sus obras, películas, exposiciones, lecturas públicas y recursos educativos en la web: www.shakespearelives.org.

Bolivia fue parte de la gira mundial del Shakespeare’s Globe en 2014, con una inolvidable interpretación de Hamlet en el Teatro Municipal. Esperamos que el programa Shakespeare Lives motive también a bolivianos y bolivianas celebrar el legado global e influencia perdurable de uno de los dramaturgos y poetas más grandes del mundo y una de las mayores exportaciones culturales británicas.

Don Quijote sigue cabalgando

Cervantes fue un hombre de mundo y creó a un loco simpático que, desde su altiplano, lucha por una nueva moral que honra los valores de la comunidad y es aplicable ahora y a todos

Ángel Vásquez Díaz de Tuesta - Embajador de España en Bolivia

Cervantes ha recibido un hermoso regalo de cumpleaños en su 400 aniversario. El pasado año, la estrella mu Arae pasó a denominarse también Cervantes. Y los cuatro planetas de su órbita recibieron los nombres de Quijote, Rocinante, Sancho y Dulcinea. Estos nombres fueron los más votados en el concurso NameExoWorlds, de la Unión Astronómica Internacional (IAU), que proponía renombrar 20 nuevos sistemas planetarios descubiertos en los últimos años. Se saldó así una deuda histórica con el astro de la literatura española y universal porque cuando se descubrieron las lunas de Urano se bautizaron con personajes de Shakespeare y nadie hizo nada con Cervantes. Que Cervantes y su obra se hayan convertido en rutilantes estrellas con las que nombrar un particular Paseo de la fama sideral dice mucho de la universalidad del novelista y de la proyección de su obra, a la que tal vez a partir de ahora quepa tildar también de cósmica.

Más allá de la anécdota, es común alabar la universalidad de Don Quijote y Sancho. En este sentido es justo recordar al gran filósofo español Miguel de Unamuno, quien presentaba a Don Quijote como un caballero de fe, cuyo espíritu trata no solo de inspirar la vida de Sancho sino también influenciar las ideas que gobiernan la vida de los hombres, como la libertad, el heroísmo, la fe o la razón. Sin duda, el universo simbólico creado por Cervantes implica en realidad un universo moral en el cual los personajes de su novela emergen como portadores de valores contradictorios, idealismo y realismo, presentes en todo ser humano, real o imaginario, histórico o actual.

Don Quijote es un filósofo que cabalga en un paisaje abstracto, el de La Mancha castellana, del que evocamos aquí sus similitudes con la amplia y misteriosa meseta del altiplano andino. En su peregrinar a lomos de su caballo Rocinante, Don Quijote nos conduce a las universales disquisiciones humanas sobre el bien y el mal, alimenta nuestra conciencia moral y nutre nuestro espíritu de mil y una vivencias que dejan huella. Con razón dice el escritor Rubén Carrasco, de la Academia Boliviana de la Lengua, que “el que lee el Quijote ya no es el mismo. Se transforma, ve el mundo y las cosas de otra manera, aprende verdades esenciales, aprende profundamente a ser hombre.”

El quijotismo es esa manera cervantina de ser hombre. Su autor, Cervantes, era hombre de mundo. Combatiente en la batalla de Lepanto contra los turcos, prisionero en Argel, cautivo, comerciante, recaudador de impuestos, conocía de la vida y de sus desventuras. Cervantes sabía de la condición humana, estaba familiarizado con sus afanes y sus triunfos, con sus fracasos y sus éxitos, con sus decepciones y sus ilusiones. A partir de ahí supo inventar el anti-héroe, un loco simpático que nos interpela hoy como ayer, que despierta nuestra solidaridad de manera inmediata y cuyas andanzas simbolizan esa humana ambición-frustración por recuperar el paraíso perdido, la virginidad original del género humano.

El Quijote vive hoy con una vitalidad inusitada. Nuestro mundo actual, turbado por crisis e incertidumbres, tiene ante sí la tarea tan humana de construir una nueva moral que dé respuesta a sus dudas y guíe sus pasos. Los desfavorecidos de la Tierra tienen, siguen teniendo, en Don Quijote a su héroe, pleno de dignidad. Y en Cervantes al adalid que supo forjar en su célebre novela al personaje hacia el que hombres de toda época y condición pueden girar su mirada para abarcar esa insondable realidad que es la vida.

Cervantes y Quijote, dos caras de la misma moneda. Hoy ya nadie piensa en aquellas viejas disputas de hace un siglo entre cervantistas y quijotistas. Los primeros se referían a Cervantes como el creador moderno y crítico, mientras que los segundos evocaban al caballero hidalgo como ejemplo espiritual, superior incluso a su creador. Visiones a veces manipuladoras de ambos, interesadas otras veces, atractivas intelectualmente siempre y, en definitiva, demostraciones palpables de la vitalidad que tanto el uno como el otro poseen pese al tiempo transcurrido, un tiempo sin edad que no los envejece.

Aquí y ahora, estamos en Bolivia. Don Quijote también estuvo aquí, gracias a Juan Francisco Bedregal y su hermoso Don Quijote en la ciudad de La Paz. De su quijotesca aventura paceña también se extraen reflexiones sobre cuestiones que nos inquietan: la traición, la ambición, el conformismo y, claro que sí, también el humor y la risa. Nada como sacar a pasear a Don Quijote por el mundo, sea en la meseta castellana, como hizo Azorín en La Ruta de Don Quijote, o como Bedregal en su célebre cuento, para extraer del héroe cervantino, que no aspiraba a serlo, todas las enseñanzas que el hombre contemporáneo necesita.

Sería una gran noticia que en la Bolivia de hoy, 400 años después de publicarse Don Quijote, alguien se atreviera a acompañar al viejo hidalgo, “de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”, a recorrer las anchas estepas del altiplano, las espesas selvas del oriente, o las blancas cumbres de la cordillera, encontrarse con los mil y un rostros de Bolivia, y así hacerles hablar, mirarnos a los ojos, y decirnos quienes son, qué quieren, qué sienten…

Sí, Don Quijote debe volver a Bolivia de la mano de algún boliviano clarividente para desentrañar el misterio de esta tierra milenaria y poder expresar de quijotesca manera el suma qamaña al que todos aspiramos, incluido el bueno de Don Quijote. ¿Quién mejor que él para honrar los valores de la comunidad, desechando todo beneficio personal, y para recordarnos que el eclipse de los valores del ser humano nos aboca de manera irremisible a una tristeza sin consuelo?

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