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‘No se baila así nomás’

Presentación del libro de Eveline Sigl y David Mendoza Salazar sobre la danza popular en Bolivia

‘No se baila así nomás’

‘No se baila así nomás’

La Razón / Fernando Cajías de la Vega - Historiador

00:00 / 22 de abril de 2012

Conocí a Eveline Sigl y a David Mendoza en las calles de Oruro y de La Paz, cuando estas calles están invadidas por las danzas folklóricas, con su cámara en acción o ayudando en la organización, disfrutando y analizando; los dos muy conocidos en el ámbito folklórico como grandes investigadores y gestores del patrimonio inmaterial.

Es importante recordar que la danza en Bolivia es tan antigua como las primeras culturas que habitaron nuestro territorio, pero su posicionamiento como la mayor fortaleza de la identidad boliviana y de las identidades que componen nuestro país es relativamente reciente.

MASIVA. En la segunda mitad del siglo XX, y especialmente en las décadas de los 70 y 80, es cuando se produce la masificación de la danza y, por consiguiente, su aceptación e interpretación por miles de personas de todas las clases sociales y de todas las naciones. Paralelamente surgieron las investigaciones y publicaciones, aunque no en la misma progresión geométrica. Baste recordar trabajos pioneros de Antonio Paredes Candia y Julia Elena Fortún, el papel de la Reunión Anual de Etnología con cientos de ponencias sobre el tema, la colección de libros del Instituto de Estudios Bolivianos de la UMSA sobre la fiesta, las publicaciones en Oruro, sobre el Carnaval, etc. Todos estos aportes son valiosos, pero, sin duda, en esta jornada histórica, testimoniamos la entrega del libro más completo que se haya escrito sobre la danza en el altiplano boliviano, no sólo por la cantidad de páginas, sino por el aporte analítico.

El título anuncia lo esencial del contenido: No se baila así nomás; en nuestro país se baila, como en todas partes por el gusto de bailar, pero la danza está profundamente vinculada con la religión, con la etnicidad, con el poder económico y político, con el prestigio social, con el género.

En el capítulo primero, los autores explican la metodología antropológica-etnográfica que han utilizado, metodología que permite ver la danza de una manera integral, actividad humana y social que reúne, como afirman: “componentes físicos, culturales, sociales, emocionales, económicos, estéticos, políticos y comunicacionales, los que a su vez establecen enlaces múltiples con sus sociedades de procedencia. Además, se trata de expresiones performativas conectadas a una amplia gama de actividades que se extienden desde el ritual, juego, entretenimiento popular y las artes escénicas hasta las acciones cotidianas; desde la encarnación de roles sociales, profesionales, de género, clase y etnicidad, hasta la curación del ajayu, la sexualidad, el comercio y la tecnología”.

Además de contar con un sólido marco teórico, su metodología principal está en el trabajo de campo y en sus propias experiencias y en las de los 1.450 entrevistados. El espacio   geográfico escogido es el altiplano boliviano en su área rural y urbana, especialmente los departamentos de La Paz y Oruro.

La obra está dividida en seis partes. Cada una de ellas encierra una rica información y una profunda interpretación y, como los autores afirman, una toma de posición. Por tratarse de una obra exhaustiva, cada tema está ilustrado con decenas de ejemplos y de opiniones por lo que es imposible resumirlo en pocas palabras. Por ello, a manera de provocar su lectura, me permito apuntar algunos temas fundamentales.

IDENTIDAD. De “indígenas, cholos mestizos y criollos”. Un importante aporte sobre el debate de los conceptos de identidad, cómo esas catego-rías existen y se expresan a través de la danza, la misma que es un punto de intersección de la clase, el género, la etnicidad, el poder y la identidad. Utilizan como ejemplo de esta intersección la representación de la “chola” en la morenada:  la auténtica, la que se representa a sí misma, la del presente, que a la vez tiene el poder y la riqueza;  la “chola antigua” que no es verdadera, que representa otras épocas, una chola de élite que aparece en las morenadas y en la cueca, a la que otros autores llaman la “chola transformer”, o “virchola” (chola virtual); las chinas morenas, cholas estilizadas de pollera corta; lo verdadero y lo ficticio, la alcurnia real y la nostálgica, el coqueteo explícito y el disimulado.

— Esto tiene que ver con otro gran tema: “la feminización de la fiesta”. De un pasado en el que la mujer no participaba a un predominio de la mujer en la fiesta como chola, como india, como intérprete de un instrumento musical, como organizadora o asumiendo roles masculinos como la macha caporal, el diablo, el Lucifer, el moreno, el guerrero pujllay.

— El “machismo” en danzas como la morenada y el caporal: la lucha por el poder y el prestigio, la danza como espacio de ascenso social, “el caporal como símbolo de hombría”, “atractivo”, “rudo”, “atlético”, “cabrío”. A la pregunta que frecuentemente se hace: ¿las caporalas son producto del machismo o sus cualidades son decisión propia? Los autores se inclinan más por la primera posición, pero reconocen que la danza enfatiza la feminidad, más aún de las machas caporalas “poderosas y sexys” “fuertes y sutiles”. Nuevos personajes femeninos como las diablesas y las china diablas, a lo que se puede añadir la aparición de las “virtudes” en contraste a los pecados capitales. Recuerdo a una de las bellas muchachas que representaba a la “templanza” y que por su pollera corta me dejo destemplado.

— “El rol de los travestis, transformes”, muy importantes en la historia de la morenada, ahora presentes en la mayoría de los bailes La fiesta y la danza un espacio para su visibilidad, para su posicionamiento; una trinchera para su aceptación.

— “Bailar de uno o bailar de otro”. Compleja manera de asumir identidad. Criollos bailando de norpotosinos, altiplánicos bailando de tobas, aymaras bailando de chunchus, mestizos pintándose la cara para bailar de negros, afrobolivianos bailando de afrobolivianos.

SENSUALIDAD. “Sensualidad, sexualidad y erotismo”. El erotismo rural vinculado a la danza y la reproducción de la vida; los juegos, los robos de prendas y luego de sus dueñas. Las insinuaciones sexuales de los bailarines. En la ciudad, los chutas choleros, el pepino sin calzón, los y las kullawas, con su corazón en el pecho; la fiesta como escenario para un coqueteo protegido.

— “La danza y la religión” tanto en el campo como en la ciudad. Los bailes rituales del campo que hacen danzar a las flores y a las papas; la convivencia del catolicismo y la cosmovisión andina, el santo patrono que envía recursos y regalos, el baile y la devoción religiosa.

— “El folklore y la política”. La danza y la fiesta como lugares de encuentros de distintas clases y etnias, pero también como escenarios de lucha por el poder.

No se baila así nomás… es un libro que provoca, que cuestiona, pero, sobre todo, que enseña. Una obra de rigurosidad científica en la que cada frase tiene su respaldo en una fuente. Una publicación que está dirigida a toda la gente.

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