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Una biblioteca ‘loguea’ a sus investigadores

Las nuevas voces que la tecnología trae nos motivan a abrir el cofre de palabras que atesora el idioma español…

Abecedario

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La Razón / Óscar Ordóñez A. - periodista

00:00 / 16 de diciembre de 2012

La ciber página del Catálogo Bibliográfico de la Biblioteca Central de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), de La Paz, advierte a investigadores, docentes y estudiantes: “Para poder acceder como usuario debe estar logueado”.

Por lo escrito, se deduce que para consultar algún libro, hay que formar parte del grupo de lectores de esta biblioteca. Pero el problema mayor radica en que ahora, para comunicarnos un simple aviso, recurrimos al idioma inglés, pero de mala manera.

La oración podría haber dicho “Inscríbase en nuestra comunidad académica de investigadores”. Luego, se debe indicar los enlaces de identificación y de inscripción.

No existe la palabra “logueado”. Tal vez, la UMSA se refiere a logged, verbo inglés que en español significa: “inscrito”, “anotado”, “registrado”, “identificado”. La voz de origen es login (autoidentificarse) y se la lee cuando obtenemos un correo electrónico en páginas como Yahoo, Hotmail y Gmail, entre otros. Las bibliotecas, clubes, instituciones públicas o privadas ofrecen también estos servicios.

 “Logueado” forma parte de un ejército de palabras despeinadas que irrumpen en el español con el fin de que nos entendamos. Pero ocurre todo lo contrario: se abre el abanico de las imprecisiones. El Diccionario de Informática en Línea Alegsa explica que más apropiado que “loguearse” es “iniciar sesión”. Lo contrario, logout (cerrar sesión).

Según el portal electrónico “Mis Respuestas”, login viene de las voces log (bitácora, registro) e in (adentro). Es decir, “registrarse”. “El término apunta a la credencial o al nombre del usuario”. Por ello, en inglés se dice login. Pero varios hispanohablantes (ya por comodidad o por falta de conocimiento) optan por “loguearse” en lugar de inscribirse o de registrarse.HACKEADO. Pero “logueado” no es el único mal ejemplo que encontramos en el camino: ocurre también con “hackeado”, que viene de hacker (pirata).

“Informamos a nuestros seguidores que hemos sido hackeados, seguiremos informándoles a través de esta vía. Muchas gracias”, dijo la Red Erbol en su cuenta Twitter, el martes 30 de octubre.

Vemos, una vez más, cómo la mala influencia del inglés sobre el español anula mejores posibilidades de expresarnos. ¿Sucumbimos ante la seducción de las tecnologías?, ¿o habrá llegado la hora de abrir el cofre de palabras del idioma español y elegir las que necesitamos?La oración podría decir “Nos atacaron piratas informáticos. Pero seguiremos informándoles, a través de esta vía. Muchas gracias”.

 “Tageado” es otra palabra que quiere ingresar al español a como dé lugar. La voz de origen en inglés es tagged y se la emplea en las redes sociales cuando alguien ha sido “etiquetado”, “nombrado”, “señalado”, “mencionado”, “aludido”, “incluido” en una fotografía o en un comentario.Lo mismo ocurre con las palabras “faveado” (acción de convertir en favorito a un tuiteo en Twitter) o “blutupeado” (viene de bluetooth, sistema de comunicación inalámbrica entre teléfonos móviles y computadoras portátiles).

Asistimos a una tendencia lingüística (en Internet) que se inclina por fusionar palabras de dos idiomas con el fin —creemos— de comunicarnos mejor. Pero lo que ocurre es que, como si se tratara de cifras, factorizamos las palabras y eliminamos la comunicación.INGLÉS. La terminación española “ado”, que funciona como sufijo, para estas voces que comienzan en inglés, le da un carácter interesante de concret-ado, realiz-ado, termin-ado, acab-ado.

El origen de esta tendencia, como el curso de un río que no se puede detener, parece haber llegado con la palabra “escáner”. Al incluirla al diccionario, la Real Academia Española (RAE) abrió tal vez una rendija de su portón para que estas voces fusionadas empujen con fuerza esa puerta y quieran formar parte de su libro gordo y sabio.

Escáner, que deriva del inglés, scann (“examinar”, “escudriñar”, “explorar”), es un dispositivo que explora el cuerpo humano (en la medicina) examina si las personas portan armas (en los aeropuertos) y reproduce imágenes o documentos (en las oficinas y hogares).

De “escáner” nació “escanear” (aceptado por la RAE) y desemboca en el participio “escaneado”: calidad de “explorado”, “examinado”, “digitalizado”. ¿Nos da pie ello para decir también “photoshopeado”, “emepetreado” y “pedefeado”, por ejemplo?

Con la primera voz damos a entender que hemos “retocado”, “modificado” “ajustado” o “arreglado” cierta fotografía con Photoshop, el editor de imágenes más popular del mundo.

“Emepetreado” se refiere a la conversión de algún audio o música al formato MPEG III (Moving Picture Experts Group), más conocido como MP3. En cambio, “pedefeado” (PDF, Portable Document Format) define la digitalización de fotos o textos a un archivo de características casi intocables, formato utilizado de preferencia por las imprentas.

Sobre la base de ese razonamiento, creemos correcto cuando decimos “logueado”, “hackeado”, “tageado”, “photoshopeado”, “emepetreado”, “pedefeado”, “faveado” y “blutupeado”, entre otros.

Pero la manera en cómo actúa el genio del idioma español nos demuestra que la fuerza de la creación de nuevas palabras reside en él mismo. No necesita de otras lenguas para nombrar hechos o cosas, en apariencia, nuevos; a no ser que estemos ante un vacío de expresión incapaz de ser nombrado por nuestro idioma.

Lo contrario se llama mala influencia, moda fácil o poca reflexión sobre los atributos que nuestro idioma atesora en su gran cofre de palabras.Al margen de las fortalezas o debilidades de los genios de todas las lenguas, hay un ser (la tecnología), en apariencia más poderoso, que habla un solo idioma: el inglés. Su presencia —en los siglos XIX y XX— ha sido favorecida por la política, la economía, la industria, las telecomunicaciones, la publicidad, la educación, la música popular, el cine y el periodismo, entre otros.CONDENA. Pero no por ello vamos a condenar a esta lengua como la única responsable de que muchos hispanohablantes, en particular, la consideren superior al español. Esa inferioridad se debe también a nuestro poco o nulo amor a la lectura y al hecho de que los medios de difusión se inclinan, con frecuencia, por voces más de moda que correctas. Por desgracia, la gente asume como válido todo lo que escriben o dicen los medios. Ése, el verdadero peligro.

Ningún idioma viaja a la velocidad de la luz. La lengua española tiene a la paciencia y al tiempo como eficaces herramientas de trabajo. Con ellas crea nuevas palabras. Por ello, no necesitamos “loguearnos” en la comunidad apresurada de personas que pronuncian o escriben palabras despeinadas para comprendernos.

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